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Jun 14, 2012
Eneas A. Biglione

Argentina: Jorge Lanata al desnudo y frente a un gobierno sin límites

El gobierno ilimitado mordió la mano de uno de los incondicionales que durante tantos años le dio de comer y lo idealizó. Sin quererlo, Jorge Lanata le ha dado una importante lección a una sociedad civil que parece estarse despertando lentamente.

Teniendo en cuenta el promedio de 20 puntos de rating que supera cada fin de semana, el rol que el periodista Jorge Lanata juega en el intrincado ámbito político en el que se encuentra sumergido nuestro país, resulta de enorme atractivo a buena parte de los televidentes.

Es imposible dejar de destacar que pocos individuos han tenido el valor de enfrentarse al actual gobierno de la manera que lo hace el referido periodista en su exitoso programa de televisión Periodismo para todos (y todas) en canal trece. En dicha producción, conducida con una actitud transgresora y un evidente desparpajo, Lanata hace análisis político con un estilo único, alternando periodismo de investigación con comentarios provocativos y hasta momentos divertidos de la mano de las parodias de Fátima Flores.

Escuchando atentamente su carta abierta a la Sra. Presidente del pasado domingo 3 de junio, me surgió el siguiente interrogante: el enorme problema de falta de límites al poder en el que se encuentra sumido nuestro país ¿no lo concibió Lanata junto a otros periodistas y pensadores de su mismo signo ideológico?

Lanata acusa al gobierno de “reescribir la historia como quierey poner personas y sacarlas de la foto a su antojo” y en el pico de máxima emotividad de su monólogo, apela a la victimización y dice que la titular del poder ejecutivo “no respeta ni su identidad, ni su origen, ni sus derechos humanos”. Una curiosa selección de palabras, sobre todo en boca de quien dice ser el orgulloso fundador de Página 12.

Desde las columnas de dicho periódico, hace un cuarto de siglo que “ellos” vienen dotando al gobierno argentino de mayor poder en todas las esferas posibles. Exigen que el gobierno nos solucione los problemas en el ámbito de la educación, de la salud, de la alimentación, de la vivienda, de los derechos humanos y de la galopante inseguridad. Exigen que el gobierno nos procure una moneda estable, que proteja la industria nacional, que se encargue de publicar las estadísticas macroeconómicas oficiales, que controle las fronteras, que administre las empresas públicas, que acabe con la corrupción, que cuide el medio ambiente y que nos procure medios de transporte seguros y económicos. Le exigen que encuentre soluciones a los problemas de desempleo y a la recesión económica de turno. Le exigen que ajuste las cuentas del pasado, que nos de un bonito presente y que hasta nos garantice un futuro venturoso. La lista podría continuar, pero en suma, puede decirse que ponen al gobierno argentino a intentar planificar de manera centralizada en absolutamente todos y cada uno de los ámbitos que se les puede ocurrir. Y así es como llegamos a la situación en la que nos encontramos hoy los argentinos.

Para poner al gobierno al frente de semejante tarea monumental, hubo primero que dotarlo de dos armas fundamentales: mucho poder y muchos recursos económicos. Situación que podría resultar razonable siempre y cuando hubiera forma de garantizar a quienes pagamos los impuestos que los gobernantes de turno fueran personas virtuosas y no se dejaran tentar con tanto poder y dinero al alcance de la mano. Pero más allá de la utopía socialista, los gobernantes son tan sólo seres humanos y a partir del momento en que ellos y sus cómplices ya no son las personas puras, virtuosas y bien intencionadas que sería deseable que fueran, el gobierno sin límites y su socialismo se convirtieron en un grave problema para el país. Un gobierno lo suficientemente poderoso para darnos todo lo que se nos antoje es lo suficientemente poderoso para quitarnos todo lo que tenemos.

¿Por qué el gobierno hace lo que hace con Lanata? Porque puede.

Lanata es ahora víctima de lo que pasa cuando el gobierno goza del poder absoluto. Es víctima de lo que ocurre cuando el Leviatán ha alcanzado la cúspide de su madurez y acapara el poder ejecutivo, el legislativo, el judicial y ha logrado comprar prácticamente todos los medios de prensa. Cuando los gobernantes gozan de la suma del poder público, están listos para arrasar con todo, para “ir por todo”, llevándose por delante a quien haga falta; en este caso a un periodista independiente con el que supuestamente comparten muchas ideas.

Para evitar situaciones como la descripta, quienes promovemos los beneficios de la libertad recomendamos que existan límites claros al poder gubernamental a través de un sólido estado de derecho; y que el poder delegado temporalmente en nuestros gobernantes esté adecuadamente dividido en poderes independientes tal cual lo demanda nuestra Constitución Nacional. Repudiamos además la existencia de privilegios para funcionarios públicos y demandamos el respeto de los derechos y las libertades de nuestros conciudadanos; y por encima de todas las cosas: hacemos hincapié en la importancia de que los gobernantes roten en el poder y no se mantengan en el mismo de manera indefinida.

El pasado domingo 6 de junio los argentinos fuimos testigos de como esa creación perversa que es el modelo reinante en Argentina, se rebeló contra uno de los más importantes simpatizantes de un gobierno poderoso y opulento. El gobierno ilimitado mordió la mano de uno de los incondicionales que durante tantos años le dio de comer y lo idealizó. Sin quererlo, Jorge Lanata le ha dado una importante lección a una sociedad civil que parece estarse despertando lentamente según evidencian los tres cacerolazos multitudinarios que tuvieron lugar esta semana.

* Eneas A. Biglione es Director Ejecutivo de la Fundación HACER en Washington DC.

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