Pesos y contrapesos
Jul 11, 2012
Arturo Damm

Brasil, México y la competencia

¿Por qué a ningún político se le ha ocurrido armar su campaña electoral, o ya en el poder estructurar su gobierno, en torno directamente al bienestar de los consumidores, hablando abiertamente de ello, y actuando decididamente a favor de ello?

En entrevista con el diario brasileño Folha, Peña Nieto dijo que México y Brasil, los dos países más importantes de la región (¿lo grandote determina lo importante?) no deben competir por el liderazgo en América Latina sino intervenir, de manera integrada, para solucionar las crisis de la región, todo lo cual está muy bien si la ausencia de competencia se da, nada más, en lo que toca a la intervención integrada de ambos gobiernos, cooperando más que compitiendo, para aportar soluciones a los problemas regionales, ¡y nada más! En todos los otros campos, comenzando por el económico, debe darse la mayor competencia posible, como condición necesaria para elevar el bienestar de la gente, comenzando por su condición de consumidores, para lo cual se requiere de la trilogía de la competitividad –menores precios, mayor calidad y mejor servicio– que se logra por medio de la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, para lo cual resulta indispensable que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores) que quiera participar, ya sea produciendo en el país, ya sea importando hacia el país, lo pueda hacer con la doble libertad que debe darse en estos casos: la libertad de lastres y obstáculo impuestos arbitrariamente por el gobierno, y la libertad de privilegios y dispensas otorgados, ¡todavía más arbitrariamente!, por el gobierno, doble libertad que, en cualquiera de sus dos dimensiones, deja mucho que desear.

Los gobiernos deberían (y lo escribo así, en condicional, porque por lo general no lo hacen) de practicar aquellas políticas económicas que tengan como fin elevar el nivel de bienestar de los consumidores, y esas políticas son las que están a favor de la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, políticas que consisten, no en que el gobierno haga mucho, sino en que no haga más de lo ya dicho en el párrafo anterior: permitir que todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar, en cualquier sector de la actividad económica, o en cualquier mercado de la economía, lo pueda hacer, sin tener que enfrentar obstáculos y lastres impuestos abusivamente por el gobierno, sin beneficiarse con dispensas y privilegios otorgados discriminatoriamente por el gobierno.

¿Por qué a ningún político se le ha ocurrido armar su campaña electoral, o ya en el poder estructurar su gobierno, en torno directamente al bienestar de los consumidores, hablando abiertamente de ello, y actuando decididamente a favor de ello, todo lo cual supone estar, no a favor del mercantilismo (proteger los intereses pecuniarios de los productores nacionales), tampoco a favor del socialismo (satisfacer las necesidades de los pobres), sino del liberalismo, sobre todo en su faceta económica, que es economía de mercado, basada en la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía? ¿Por qué?



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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