VIERNES, 13 DE JULIO DE 2012
El precio del huevo

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“Más allá del momento coyuntural que se está viviendo en materia del precio del huevo, ésta, la coyuntura, debe ser la ocasión para, de una buena vez por todas, y pensando en el bienestar de los consumidores, ¡y no en las ganancias de los productores nacionales de huevo!, eliminar cualquier lastre u obstáculo que el gobierno, de manera por demás arbitraria, imponga a la importación del producto y a la participación de extranjeros en la producción de huevos en el país.”


Nunca falta algún producto básico que, de pronto, sube de precio, aumento ante el cual, ni tardas ni perezosas, las autoridades reaccionan, tratando de evitar la especulación (ojo: cualquier acción humana, por su propia naturaleza, es especulativa) e intentando castigar a quien especule, es decir, a quien aumente de manera injustificada el mentado precio (momento de preguntar cuál es el parámetro para saber si un aumento de precio se justifica o no, no siendo correcto afirmar que si no hay desabasto el aumento es injustificado), todo ello, ¡y esto es lo grave!, con plena justificación de la Constitución, en cuyo artículo 28, párrafo tercero, leemos que “las leyes fijarán bases para que se señalen precios máximos a los artículos, materias o productos que se consideren necesarios para (…) el consumo popular…”, productos entre los que se cuenta el huevo, párrafo constitucional que, por más que parezca políticamente correcto, dese el punto de vista de la economía es una idiotez, que muestra la ignorancia que, en la materia, aqueja a quienes lo redactaron, mismos que no tienen la más remota idea de lo que es un precio, de las tareas que desempeñan, y de lo que se requiere para que las desempeñe de la mejor manera posible. Si lo supieran no hubieran propuesto el control de precios que propusieron, y que puede ser la justificación constitucional para que la Profeco actué en contra de los especuladores, castigando el alza “injustificada” del precio del huevo, lo cual supone un cierto control de precios, ¿o no?

Más allá del momento coyuntural que se está viviendo en materia del precio del huevo, ésta, la coyuntura, debe ser la ocasión para, de una buena vez por todas, y pensando en el bienestar de los consumidores, ¡y no en las ganancias de los productores nacionales de huevo!, eliminar cualquier lastre u obstáculo que el gobierno, de manera por demás arbitraria, imponga a la importación del producto (tal y como es el caso, por ejemplo, de las cuotas de importación), y a la participación de extranjeros en la producción de huevos en el país, con el fin de que se haga realidad el verdadero libre comercio y la verdadera libre empresa, y no el mercantilismo que, desafortunadamente, se sigue practicando en muchos sectores de la actividad económica y en muchos mercados de la economía, ¡siempre en contra del bienestar de los consumidores!

Cito a Doña Clotilde Hinojosa, economista sensata: “Kimberly Clark bajó en México los altos precios de sus productos cuando por todos lados aparecieron productos de papel importados. ¿Jugó rudo la Secretaría de Comercio con Kimberly Clark? No mucho más rudo de lo que ellos habían jugado con los consumidores”. Con el huevo, ¿no podría pasar lo mismo?

¿Debe el gobierno, por medio de la Profeco, imponer el control de precios (por favor: ¡no vayan a decir que no lo es!)? No. Entonces, los consumidores, ¿qué vamos a hacer? Sustituir los huevos rancheros del desayuno por un plato de cereal con leche y rebanadas de plátano.

•  • Globalización / Comercio internacional • Especulación • Control de precios

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