LUNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2012
La tentación mercantilista

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“El mercantilismo, al exacerbar el problema de la escasez, resulta antieconómico, y una Secretaría de Economía que lo permita no pasa de ser Secretaría de Antieconomía.”


El problema económico de fondo, aquel que origina todos los demás, es la escasez, es decir, el hecho de que no todo alcanza para todos, y menos en las cantidades que cada uno quisiera. ¿No? A las pruebas me remito. ¿Quién de mis lectores no tiene alguna necesidad, deseo, gusto o capricho insatisfecho? Preguntado de otra manera, ¿cuántos de mis lectores están total y definitivamente satisfechos? Respuesta a las dos preguntas: ninguno, prueba de que no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, hecho que encuentra su causa en la escasez, que es el problema económico de fondo. (Dicho sea de paso: ¡cuántos descalabros nos hubiéramos evitado si los hacedores de políticas gubernamentales, en general, y de políticas económicas, en particular, hubieran tenido presente esta realidad! ¿Cuántos?).

Si el problema económico de fondo es la escasez, ¿qué se requiere para irlo sobrellevando –nunca se resolverá: nunca viviremos en un mundo de abundancia absoluta– de la mejor manera posible? Antes que otra cosa, que los precios de las mercancías que se les ofrecen a los consumidores sean los más bajos posibles, lo cual aumenta el poder adquisitivo de los ingresos, permitiendo consumir más, reduciéndose la escasez. ¿Qué se requiere para que los precios sean los más bajos posibles? Que en todos los mercados se dé la mayor competencia posible, para lo cual se requiere que el gobierno permita la participación de cualquier oferente, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia no la nacionalidad de los competidores), que pueda participar, sin ninguna limitación a esa participación. ¿Qué se requiere para que los precios sean los más bajos posibles? Libre comercio, es decir, verdadero libre comercio.

¿Qué se opone al libre comercio? El mercantilismo, definido como aquel arreglo por el cual el gobierno limita, en el mejor de los casos, o elimina, en el peor, la competencia a la que podrían estar sujetos los productores nacionales, lo cual les permite cobrar un precio mayor del que podrían cobrar si estuvieran sujetos a la mayor competencia posible, precio mayor que, al actuar a favor de la escasez, reduce el bienestar de los consumidores. Si por economía entendemos todo aquello que favorece la reducción de precios, necesaria para ir sobrellevando el problema de la escasez, entonces el mercantilismo es antieconómico y, como tal, debería de eliminarse, eliminación a la que se oponen los intereses pecuniarios de todos los productores que de él se benefician, siempre a costa del bienestar de los consumidores.

Dicho lo anterior veamos el siguiente caso. Hace algunas semanas la Secretaría de Economía informó lo siguiente. 1) Que “a partir de 2008, como parte de la política de fomento a la competitividad de la industria alimentaria nacional y para evitar presiones adicionales en los precios de los alimentos de consumo básico, se redujeron los aranceles a la importación de diversos bienes alimentarios e insumos para la producción de alimentos”, lo cual apuntaba en la dirección correcta: menores aranceles igual a más competencia, igual a menores precios, igual a menor escasez[1], igual a mayor bienestar de los consumidores. 2) Que “en 2010 debido a un convenio entre la Industria Aceitera con el Gobierno Federal[2], los aranceles aplicables a los aceites y grasas vegetales comestibles dejaron de formar parte de esta política”, lo cual apuntaba en la dirección equivocada: mayores aranceles igual a menos competencia, igual a mayores precios, igual a menor bienestar de los consumidores. 3) Que ese “convenio estaba relacionado con compromisos de las distintas partes firmantes que en términos generales consistieron en que el Gobierno Federal aumentó los aranceles a la importación de aceites y grasas vegetales comestibles, mientras que la industria se comprometió, en un primer periodo de 15 meses, a fomentar la producción, sustituir importaciones de semillas oleaginosas y evitar el incremento de los precios de los aceites de forma que afectaran a los consumidores mexicanos”, lo cual no pasó de ser, por decir lo menos, una ingenuidad de la autoridad: ¿no aumento de precios con la imposición de aranceles, que lo que hacen es, ¡precisamente!, elevar los precios? 4) Que “después de los 15 meses acordados se realizó una evaluación de los compromisos y se encontró que mientras que el Gobierno Federal cumplió sus compromisos, los correspondientes a la industria nacional sobre fomentar el desarrollo del sector y sustituir importaciones de semillas oleaginosas en los términos acordados, y no afectar a los consumidores con aumentos excesivos (ojo con lo de excesivos)[3] en sus precios, no fueron cumplidos”, muestra de la ya mentada ingenuidad de las autoridades. 5) Por ello, “para evitar que las familias mexicanas, en especial, las que menos tienen, vean afectada su economía, la Secretaría de Economía decidió reducir los aranceles a la importación de aceites y grasas comestibles en favor de los consumidores mexicanos”, lo cual apunta en la dirección correcta: menores aranceles igual a más competencia, igual a menores precios, igual a menor escasez, igual a mayor bienestar de los consumidores, bienestar de los consumidores que debe ser el objetivo de cualquier política económica, sobre todo de la comercial, para lo cual hay que avanzar desde el mercantilismo, que todavía tenemos, hacia el verdadero libre comercio, que sigue pendiente, tal y como lo muestran los 27 mil 259 millones de pesos que recaudará este año el gobierno por concepto de impuestos a la importación de mercancías, mismos que son contrarios al verdadero libre comercio, el mismo que, pese a todo lo que se ha hecho en términos de apertura comercial y tratados de libres comercio, sigue pendiente. No confundamos un comercio más libre, que sí lo tenemos, con el verdadero libre comercio, que sigue pendiente.

En su comunicado la Secretaría de Economía reconoce que aranceles más bajos benefician al consumidor, en especial a las familias que menos tienen, momento de preguntarle, uno, por qué limitarse a bajar el arancel a la importación de aceites y grasas comestibles y no eliminarlo: si la baja del arancel ayuda, ¿su eliminación no ayudará más? Dos, por qué no reducir todos los aranceles: si la reducción del arancel a la importación de aceites y grasas comestibles ayuda a los consumidores de tales productos, ¿por qué no ayudar a los consumidores de todas las otras mercancías importadas gravadas con aranceles? Tres, si la baja de aranceles ayuda, ¿por qué no aumentar esa ayuda lo más posible eliminando todos los aranceles? Las respuestas a estas preguntas se resumen en una: por los intereses creados entre aquellos productores nacionales que, gracias al mercantilismo, se benefician de la protección que todo arancel trae consigo, protección que defenderán como gatos boca arriba, momento de preguntar si la Secretaría de Economía, cuya tarea es impulsar e implementar “las políticas públicas que detonen la competitividad y las inversiones productivas” debe actuar a favor de tales intereses. No, claro que no, y si su misión es poner en práctica las políticas gubernamentales a favor de la competitividad, misma que, definida como la capacidad para hacerlo mejor que los demás, es el resultado de la competencia, entonces a más competencia mayor competitividad, más competencia que demanda la eliminación del mercantilismo, uno de cuyos elementos más conspicuos son los aranceles.
El mercantilismo, al exacerbar el problema de la escasez, resulta antieconómico, y una Secretaría de Economía que lo permita, ¡no digamos ya que lo practique!, no pasa de ser Secretaría de Antieconomía.


[1] En el sentido de que a igual ingreso con menores precios se compra más.

[2] ¡Mercantilismo puro y duro!

[3] Paréntesis mío.

• Mercantilismo / Proteccionismo

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