MIÉRCOLES, 10 DE OCTUBRE DE 2012
La reforma, las reformas

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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“El mercado laboral está compuesto por los trabajadores y por los empleadores. El marco legal debe garantizar los derechos de ambas partes, no defender los intereses de una sola de ellas, lo cual resulta injusto y también ineficaz.”


No bastará con una reforma –por ejemplo: la laboral– para poner la casa en orden y conseguir un mayor progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente. No bastará con una reforma, por más bien hecha que esté. O hay reformas o ninguna reforma, por sí sola, será suficiente. Las reformas deben complementarse.

¿Qué supondría, por ejemplo, llevar a buen término la reforma laboral? Contar con un marco legal que permita el mejor funcionamiento posible del mercado laboral, mercado laboral que, no hay que pasarlo por alto, no está compuesto únicamente por quienes buscan trabajo –los trabajadores– sino también por quienes crean los puestos de trabajo –los empleadores–, marco legal que debe garantizar los derechos de ambas partes, no defender los intereses de una sola de ellas, lo cual resulta injusto y también ineficaz: acaban por no crearse todos los empleos que, de otra manera, con otros reglas del juego, se hubieran creado.

Supongamos que, por obra y gracia de la reforma laboral, llegamos a contar en México con el marco legal que permite el mejor funcionamiento posible del mercado laboral. El resto, es decir: la creación de más y mejores empleos, ¿se dará por añadidura? Un marco legal adecuado, ¿es condición suficiente para conseguir el fin de crear más (para todos los que los busquen) y mejores (más productivos y mejor pagados) empleos? No, y ello por una razón muy sencilla: para crear más empleos se requiere invertir más (de la misma manera que para crear mejores empleos se requiere invertir mejor), y para que se invierta más se necesita aumentar la competitividad del país (de la misma manera que para que se invierta mejor se necesita aumentar la competitividad de las empresas), definida como la capacidad de la nación para atraer, retener y multiplicar inversiones. Atraer: que los capitalistas decidan invertir en México. Retener: que los capitales ya invertidos en México se queden invertidos en México. Multiplicar: que las ganancias generadas por los capitales invertidos en México se reinviertan en México. Reto triple.

¿Y que se necesita para elevar la competitividad de México, con el fin de que se invierta más y por ello se creen más empleos? Desde menos y más bajos impuestos hasta más energéticos y más baratos, lo cual supone desde la reforma fiscal hasta la energética, dos de las reformas que forman parte de La Reforma que ha de poner la casa en orden, reformas que no solamente deben darse, sino darse en el sentido correcto, con la amplitud necesaria, y con la profundidad suficiente, de tal manera que las mismas den como resultado, no solamente modificaciones accidentales, sino cambios sustanciales, para lo cual lo ideal sería –¿es mucho pedir? – empezar de cero, y hacerlo por el capítulo económico de la Constitución que, desde el punto de vista de la teoría económica, está plagado de errores, sin olvidar las contradicciones que, desde el punto de vista de la lógica, lo aquejan.

• Reformas estructurales

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