LUNES, 22 DE OCTUBRE DE 2012
Claves para la reforma fiscal

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“¿Qué probabilidades hay de que se lleve a cabo una reforma fiscal que comience por preguntarse en qué gasta el gobierno, cuánto gasta el gobierno, y cómo gasta el gobierno?”


La intención de Peña Nieto es a favor de una reforma fiscal, que deberá ser la reforma fiscal, entendiendo por tal aquella que le ponga fin al engendro, tanto tributario como presupuestario, que padecemos en el país, y que dé como resultado un sistema fiscal que financie correctamente (aquí entra la parte tributaria) las legítimas tareas del gobierno (aquí entra la parte presupuestaria), lo cual quiere decir que la reforma fiscal debe partir de las respuestas a estas dos preguntas: 1) ¿qué debe hacer el gobierno?, 2) ¿cómo deben financiarse sus tareas?

La reforma fiscal, antes que tributaria, y antes que preguntarse qué impuestos cobrar, a qué tasas cobrarlos, y a quién cobrárselos, debe ser presupuestaria y preguntarse en qué gasta el gobierno, cuánto gasta el gobierno, y cómo gasta el gobierno, tres preguntas que se resumen en una sola: ¿qué debe hacer el gobierno?, es decir, ¿cuáles son las legítimas tareas del gobierno?, aquellas que justifican el cobro de impuestos. Al final de cuentas, o más bien por principio de ellas, la reforma fiscal supone la reforma del gobierno, y esta es la razón por la cual las reformas fiscales del pasado han dado como resultado cambios accidentales que han mantenido la esencia del sistema fiscal mexicano, tanto por el lado presupuestario como por el tributario, y afirmo que esta la causa de tales efectos porque los gobernantes no estuvieron dispuestos en el pasado, como probablemente tampoco lo estarán en el futuro, a plantearse, ¡y a responder!, la pregunta clave: ¿cuáles son las legítimas tareas del gobierno?, siendo la palabra clave legítimas, siendo a esas tareas, y nada más que a esas, a las que debe limitarse.

Lo primero que hay que tener claro, y es precisamente en este punto donde falta claridad, es que el cobro de impuestos supone que el recaudador obliga al contribuyente a entregarle parte del producto de su trabajo, cobro de impuestos que, así definido –¿y de qué otra manera puede definirse?– es un robo, legal, pero robo al final de cuentas, y la definición que de robo da el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española, no deja lugar a dudas: “Tomar para sí con violencia o fuerza lo ajeno” y eso, tomar para sí con violencia lo ajeno, es lo que hace el recaudador, quien recauda impuestos, es decir, lo impuesto, aquello ante lo cual no hay opción[1]. Si cobrar impuestos supone robar, entonces hay que encontrar la justificación de tal cobro. ¿Existe?

La única justificación posible para el cobro e impuestos es que los mismos se usen para financiar las legítimas tareas del gobierno, que no son, ni satisfacer necesidades (socialismo), ni defender intereses (mercantilismo), sino garantizar derechos (liberalismo), ¡que realmente lo sean!, debiendo insistir en este último punto porque hoy, al amparo del socialismo y del mercantilismo, se confunden necesidades e intereses con derechos, lo cual ha llevado a que el gobierno cobre impuestos para satisfacer necesidades (socialismo) y subsidiar empresas (mercantilismo), quitándole a unos para darle a otros, y a que imponga restricciones a la competencia en los mercados (mercantilismo), lo cual tiene como consecuencia, vía un mayor precio de las mercancías que se ofrecen, una redistribución del ingreso, desde los consumidores, hacia los productores nacionales.

La legítima tarea del gobierno, aquella que justifica el cobro de impuestos, es garantizar derechos –a la vida, la libertad y la propiedad–, lo cual supone prohibir actos delictivos –no matarás, no esclavizarás y no robarás–, garantizar la seguridad contra la delincuencia y, de fallar tal prohibición y tal garantía, impartir justicia en sus dos vertientes: castigar al delincuente y resarcir a la víctima, garantía de seguridad contra la delincuencia e impartición de justicia que debe ser pareja para todos, de tal manera que su realización no supone redistribución del ingreso: el gobierno no les quita a unos para darles a otros, ya que les quita lo mismo a todos para darles a todos lo mismo: seguridad contra la delincuencia e impartición de justicia.

Lo que justifica el cobro de impuestos es que el gobierno les quite a todos lo mismo para darles lo mismo a todos. ¿De qué manera debe el gobierno quitarles a todos lo mismo? Cobrando el impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción de ningún tipo), no expoliatorio (que no se use para redistribuir, es decir, para quitarles a unos y darles a otros), al consumo (no al ingreso, tampoco al patrimonio). ¿Cuál es la única manera de que el gobierno les dé a todos lo mismo? Limitándose a garantizar la seguridad contra la delincuencia y, de fallar en la tarea, impartiendo justicia, seguridad y justicia que deben ser las mismas para todos.

Se justifica el robo legal que supone el cobro de impuestos siempre y cuando el gobierno les quite a todos lo mismo para darles lo mismo a todos, es decir, siempre y cuando el gobierno no les quite más a unos con el fin de darles más a otros, afirmación que parte de reconocer que el único mal contra el cual debe combatir el gobierno es la delincuencia, y que el único bien que debe proveer es la justicia, siendo que la lucha contra todos los otros los males, y a favor de todos los demás bienes, es responsabilidad de cada quien, tal y como corresponde a una sociedad de hombres verdaderamente libres, no esclavos (a la hora que se les quita) ni mantenidos (a la hora que se les da) del gobierno, gobierno que hoy, además de gobierno, y como tal garantizar la seguridad contra la delincuencia e impartir justicia, pretende ser desde ángel de la guarda, y como tal preservarnos de todos los males, inclusive de aquellos que podamos hacernos a nosotros mismos, hasta hada madrina, y como tal concedernos todos los bienes, en muchos casos desde la cuna hasta la tumba. ¿Exagero? Revisen el Presupuesto de Egresos de la Federación, y van a ver qué fácilmente encuentran al gobierno ángel de la guarda y al gobierno hada madrina, gobiernos que satisfacen necesidades y defienden intereses, todo lo cual supone quitarles más a unos para darles más a otros, siendo que la legítima tarea del gobierno es garantizar la seguridad contra la delincuencia y, de fallar, impartir justicia, para lo cual debe, por la vía del impuesto único, homogéneo, universal, no expoliatorio, al consumo, quitarles a todos lo mismo para darles lo mismo a todos, lo cual solamente es posible si se trata de garantizar la seguridad contra la delincuencia y de impartir justicia.

¿Qué probabilidades hay de que se lleve a cabo una reforma fiscal que comience por preguntarse 1) en qué gasta el gobierno, 2) cuánto gasta el gobierno, y 3) cómo gasta el gobierno –siendo que las respuestas: 1) en lo que no debe, razón por la cual 2) gasta mucho más de lo que debe, sin olvidar que 3) en muchos casos gasta de mala manera– para, respuestas en la mano, y corregidos los excesos y defectos del gasto gubernamental, entonces preguntar qué impuestos cobrar, a qué tasas cobrarlos y a quiénes cobrárselos, debiendo ser la respuesta a estas preguntas el impuesto único, homogéneo, universal, no expoliatorio, al consumo? Ninguna, por lo que la conclusión es la siguiente: reforma o no, la esencia del sistema fiscal mexicano seguirá siendo la misma.


[1] Lo que siempre he dicho: yo no pago impuestos, a mí me los cobran.
• Reforma fiscal

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