Pesos y contrapesos
Dic 21, 2012
Arturo Damm

Salario mínimo: Vergüenza y desatino

El salario mínimo en México es una vergüenza y un desatino. Por eso hay que eliminarlo.

El salario mínimo en México, dado su minúsculo poder de compra, es una vergüenza, y el salario mínimo en general, dada la arbitrariedad que le es propia, es un desatino, desatino y vergüenza que son razones más que suficientes para, de una buena vez por todas, eliminarlo, algo que en este país parece poco posible.

El salario mínimo en México es una vergüenza ya que su poder adquisitivo es literalmente mínimo. ¿Cuánto se puede comprar con 60.50 pesos diarios, que es el salario mínimo general en el país en este 2012? ¿Cuánto se podrá comprar con 63.07 pesos al día, que será el salario mínimo general en todo México durante 2013? ¿Para qué alcanzará ese aumento en el salario mínimo general, que será de 2.57 pesos, lo que equivale al 4.2 por ciento? ¿Cuánto, y de qué, se puede comprar con 2.57 pesos¡

Desde este punto de vista –el de su poder de compra– el salario mínimo es una vergüenza, ya que de entrada no cumple, ni remotamente, con lo que, según el artículo 123 de la Constitución, debería de cumplir: “ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. ¿Con 60.50 pesos diarios? ¡Sí, cómo no! El salario mínimo en México resulta literalmente mínimo, pero no es lo que según la teoría del salario mínimo debería de ser: una cantidad de dinero con el suficiente poder de compra para que quien lo recibe pueda, por lo menos, satisfacer correctamente sus necesidades básicas, algo que con 63.07 pesos diarios, y dados los precios actuales, resulta imposible. Desde este punto de vista el salario mínimo, en México, es una vergüenza.

Pero más allá de lo que sucede en México con el salario mínimo, y tal y como lo saben los economistas sensatos, el mismo concepto de salario mínimo, al fijarlo la autoridad por arriba del salario real, aquel que es el resultado de la productividad del trabajador, es un desatino que genera desempleo, de tal manera que beneficia a los trabajadores que sí consiguen trabajo pero perjudica a aquellos que no lo logran. El salario mínimo no es otra cosa más que manipulación de precios –en este caso del precio del trabajo– misma que, de entrada, impide que los precios hagan sus tareas, comenzando por la más importante: racionar el mercado, es decir, corrigiendo cualquier situación de escasez (el precio aumenta) o de sobre oferta (el precio baja).

La ventaja que tenemos en México es que al no ser el salario mínimo eso, un verdadero salario mínimo, no genera el desempleo que sí generan los verdaderos salarios mínimos, lo cual no quiere decir que en México no haya desempleo, sino que el mismo no se debe al salario mínimo, definido como aquel que los empleadores deben pagar por ley a su trabajadores, y que es superior al que permite pagar la productividad, y el aumento en la productividad, del trabajador.



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