MIÉRCOLES, 26 DE DICIEMBRE DE 2012
Armas mortales

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El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“¿Puede y debe hacer algo el gobierno de Enrique Peña Nieto para apoyar el mayor control gubernamental al comercio de armas en EU?”


En días pasados ocurrió la enésima matanza de inocentes en Estados Unidos por un demente armado con armas semiautomáticas de grueso calibre y gran capacidad de fuego. Esta tragedia ocurrida en Newtown, Connecticut, fue especialmente siniestra pues victimó a 27 personas de las cuales 20 eran niños de kínder.

El país entero está de luto y las banderas en todo su ámbito geográfico se colocaron a media asta en señal de duelo mientras que las voces que normalmente condenan la libre venta de armas de fuego se alzaron rugiendo ¡basta!, como lo han hecho en las innumerables carnicerías anteriores a ésta.

Hoy, sin embargo, percibo una reacción de rechazo que va mucho más allá de los habituales enemigos declarados de las armas y que se extiende a ámbitos políticos y financieros sin precedente, por lo que ahora sí se podrán hacer cambios significativos en la venta de armas de fuego en EU.

La reacción más insólita proviene del acérrimo defensor de la libertad sin cortapisas de que los habitantes de EU tengan acceso irrestricto a las armas de fuego que deseen, la Asociación Nacional del Rifle (NRA), quizá la más efectiva agencia de cabildeo en el país y a la que los políticos temen más que a ninguna otra.

La NRA ha declarado que está “preparada para hacer una contribución substantiva para ayudar a garantizar que (este tipo de masacres) nunca vuelvan a ocurrir.” En el pasado, después de cada atrocidad consumada con armas de fuego, su declaración habitual solía ser que se trataba de hechos aislados y que prohibir o siquiera regular la venta de armas de fuego no contribuiría en nada a impedir su repetición.

Piadosa e invariablemente agregaba, “ahora no es el momento para debatir la política o discutir las medidas (que habría que tomar). Es tiempo de duelo entre las familias y en las comunidades afectadas.” Por supuesto que los tiempos aludidos para tomar acciones nunca llegaron.

Como se puede apreciar, no hay ningún grado de especificidad en la declaración de la NRA, que convocó a una conferencia de prensa y que habrá que analizar con detenimiento. Pero en los mentideros políticos de Washington se sabe que la NRA está maniobrando en la sombra para minimizar la amenaza de que ahora sí se adopten medidas de control efectivas.

La NRA es de una gran efectividad política porque se concentra sólo en un tema, la libertad irrestricta para adquirir y portar armas de fuego en EU, y en la mayor parte de los distritos electorales cuenta con hasta 10 por ciento de los votantes listos a apoyar al candidato que favorezca esa posición, lo que en muchos casos es suficiente para inclinar la elección en su favor.

¿Cómo se puede explicar de otra forma que Barack Obama, que prometió hace cuatro años que restauraría la prohibición a la venta de armas de asalto que estuvo vigente hasta 2004, no sólo ignoró el tema sino que en su primer año como Presidente derogó más limitaciones sobre armas que George W. Bush en ocho años en la presidencia?

¿Puede y debe hacer algo el gobierno de Enrique Peña Nieto para apoyar el mayor control gubernamental al comercio de armas en EU? Sí, pero tiene que hacerlo con singular talento y sigilo pues declaraciones públicas sobre el tema o la convocatoria para negociar un convenio bilateral, son contraproducentes en extremo en ese país.

Como me comentó un ilustre lector experto en nuestra relación con EU, respecto a mi columna de la semana pasada sobre el papel que podría jugar México para apoyar su reforma migratoria de fondo –que no un tratado bilateral, ojo-, nuestro apoyo en la eventual reforma al tráfico de armas de fuego también se basa en usar la capacidad de México de influir en segmentos de la población en distritos electorales clave.

Percibo una excelente oportunidad de avanzar en una reforma que limite las mayores omisiones en la legislación vigente: prohibir que particulares tengan armas de asalto; verificar la identidad y antecedentes de los compradores de armas y registrarlos; regular las “ferias de armas” y el desproporcionado número de armerías cerca de la frontera con México; y, finalmente, que los dueños de las armas sean responsables de los crímenes que se cometen con ellas como sucede hoy con los autos.

Nada de esto es la panacea que vaya a eliminar en definitiva las matanzas en EU o en México pero ciertamente puede ayudar.

• México - Estados Unidos • Armas

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