MARTES, 28 DE MARZO DE 2006
Estabilidad y crecimiento

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No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“La estabilidad macroeconómica alcanzada eliminó el velo que escondía todas las enormes ineficiencias estructurales que aquejan a la economía mexicana y que son las verdaderas trabas que impiden que se crezca a una mayor tasa.”


Desde que a principios de la década de los setenta el gobierno abandonó la prudencia en el manejo de las finanzas públicas y por las siguientes tres décadas, la economía mexicana se desenvolvió en un escenario macroeconómico inestable. En esos treinta años, la inflación acumulada fue de casi un millón por ciento y ello explica, en gran parte, porqué el crecimiento del PIB por habitante durante los últimos 20 años ha sido prácticamente nulo. La inflación se constituye, sin duda, como la peor distorsión que el gobierno puede introducir en la economía: distorsiona la asignación de recursos en la economía, deprime el salario real, desincentiva el ahorro financiero, encarece la inversión, inhibe el crecimiento económico, genera crisis recurrentes en la balanza de pagos y en el tipo de cambio y, de suma importancia, genera pobreza e inequidad. Los costos en lo que ha incurrido la economía mexicana, o más bien, los costos en los que hemos incurrido los mexicanos por la inflación que hemos sufrido han sido inconmensurables y después de que varios intentos de estabilización fracasaron por diversos motivos y por fin hemos llegado al fin a una situación de estabilidad de precios, como lo refleja la inflación menor al 4% lograda el año pasado y una tasa esperada de este año ligeramente inferior, hay quienes están dispuestos a encender de nuevo la hoguera inflacionaria acusando al Banco de México de ser el culpable, por instrumentar una política de estabilización, de que la economía mexicana no esté creciendo. Quienes esto afirman claramente no perciben que la economía no crece por la enorme cantidad de problemas estructurales que existen, como tampoco se dan cuenta que la mejor contribución que el Banco de México puede hacer al desarrollo económico es dotar a la economía de uno de los bienes públicos más preciados: la estabilidad de precios.

 

Cuando la economía se desenvuelve en un escenario de estabilidad macroeconómica, uno en donde la tasa de inflación es baja (menor al 4%) y estable, permite que los precios reflejen la escasez relativa de los factores de la producción e induce, por consecuencia, que estos se asignen hacia aquellos usos en donde se cubra su costo de oportunidad es decir, hacia aquellas ramas de actividad económica en donde su uso sea el más rentable. Si además de la estabilidad de precios se cuenta con un marco institucional en el cual los mercados, tanto de bienes como de factores de la producción, son competitivos (lo que no tenemos en México) la asignación de recursos que se genera tiende a maximizar tanto el bienestar de los propietarios de esos recursos como el de la sociedad en su conjunto.

 

La estabilidad de precios permite, por otra parte, que los ahorradores tengan una mayor certidumbre sobre cual será la tasa real de interés que obtendrán sobre su ahorro, lo que se traduce en una mayor disposición a sacrificar consumo en el presente y canalizar esos recursos hacia el sistema financiero es decir, la estabilidad de precios se constituye como un elemento esencial para inducir una mayor ahorro y una mayor penetración del sistema financiero en la economía. Mayores recursos que puedan ser canalizados mediante el crédito a financiar la inversión, a menores tasas de interés, permite una mayor acumulación de capital en proyectos de alta rentabilidad privada y social, lo que repercute en una mayor tasa de crecimiento económico.

 

Finalmente, aunque solo por falta de espacio, la estabilidad de precios es un elemento esencial del estado de derecho ya que la inflación es en realidad un mecanismo mediante el cual el gobierno nos expropia, realmente nos roba, parte de nuestra riqueza, siendo este robo relativamente más grande para aquellos que menos pueden protegerse de la inflación es decir, los más pobres. Tener estabilidad de precios como una condición necesaria, más no suficiente, para el crecimiento económico se constituye en consecuencia, como la base indispensable para abatir la pobreza y la inequidad.

 

La estabilidad macroeconómica alcanzada eliminó el velo que escondía todas las enormes ineficiencias estructurales que aquejan a la economía mexicana y que son las verdaderas trabas que impiden que se crezca a una mayor tasa. Proponer que el Banco de México instrumente una política monetaria expansiva en lugar de resolver estos problemas institucionales es, por decir lo menos, notoriamente irresponsable.


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