MIÉRCOLES, 9 DE ENERO DE 2013
Subsidio a las gasolinas

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“Los subsidios a los precios de las mercancías generan despilfarro, lo cual resulta antieconómico, situación antieconómica que debe ser razón más que suficiente para eliminarlos.”


Una y otra vez he escrito en este espacio que el problema económico de fondo es el de la escasez, es decir, el hecho de que no todo alcanza parta todos, y menos en las cantidades que cada uno quisiera, y la prueba es que todos tenemos, unos en mayor medida, otros en menor, pero al final de cuentas todos, alguna necesidad, gusto, deseo o capricho insatisfecho, de entrada porque el tiempo, que es recurso de los recursos, aquel sin el cual todos los demás salen sobrando, no alcanza para todo.

La escasez nos impone el reto de economizar, es decir, de hacer el mejor uso posible de los recursos escasos a nuestra disposición o, dicho de otra manera, de no gastar más de lo estrictamente necesario, para lo cual se requiere, a manera de condición necesaria, que los consumidores paguemos el precio real de aquello que consumimos, entendiendo por precio real aquel que se fija libremente en el mercado, y que debe ser suficiente para, por lo menos, cubrir los costos de producción de las mercancías, precio real que desaparece cuando el gobierno subsidia el precio de las mercancía, subsidio que tiene como consecuencia que el consumidor no paga el precio real de las mismas, lo cual genera un consumo excesivo, más allá del estrictamente necesario.

Los subsidios a los precios de las mercancías generan despilfarro, lo cual, si el problema económico de fondo es el de la escasez, resulta antieconómico, situación antieconómica que debe ser razón más que suficiente para eliminarlos, sobre todo cuando se aplican a los precios de bienes y servicios de primera necesidad que, precisamente por serlo, deben consumirse de la manera más económica posible, sin despilfarros, para lo cual se requiere que los consumidores paguen el precio real de los mismos, todo lo cual nos lleva a entender por qué el gobierno está eliminando el subsidio a los precios de las gasolinas, cuyo consumo debe ser el más económico posible, con el menor despilfarro posible, para lo cual los consumidores del combustible deben pagar el precio real del mismo.

Además del despilfarro que generan los subsidios a los precios de las mercancías, hay que tener en cuenta que, lo que los consumidores dejan de desembolsar por pagar un precio subsidiado, los contribuyentes pagan de más, porque el dinero para cubrir el subsidio a los precios sale de los impuestos cobrados por el gobierno, que salen del bolsillo de los contribuyentes, de tal manera que lo que los consumidores pagan de menos lo contribuyentes pagan de más: si se eliminara el subsidio los impuestos podrían reducirse, y lo más importante, ¡hay que insistir en este punto!, se daría un consumo más económico, se generaría menos despilfarro.

Por todo lo anterior, al margen de populismo y demagogia, y en contra de la economía ficción, ¡que siempre es más ficción que economía!, hay que estar a favor de la decisión de la Secretaría de Hacienda de continuar la eliminación gradual del subsidio al precio de las gasolinas.

• Cultura económica • Subsidios • Política fiscal

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