Pesos y contrapesos
Ene 28, 2013
Arturo Damm

Cruzada contra el Hambre: El verdadero reto

Al final de cuentas la manera correcta de acabar con el hambre pasa por las inversiones que son la clave del progreso económico.

Comienzo por lo obvio. 1) La condición original (no escribo natural a propósito) del ser humano en este planeta es de pobreza: nuestros antepasados tenían necesidades que satisfacer, recursos naturales a su disposición, y su creatividad para hacer el mejor uso posible de esos recursos. 2) Poco a poco, al inicio de manera lenta, después de manera cada vez más rápida, el ser humano se las ingenió para satisfacer de mejor manera sus necesidades, comenzando por las básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida, tal y como es el caso de las tres necesidades más básicas de todas, citadas por grado de urgencia: respirar, beber y alimentarse. 3) Por el lado de los satisfactores, la mejor satisfacción posible de las necesidades supone, primero, contar con más satisfactores (dimensión cuantitativa) y, segundo, disponer de mejores satisfactores (dimensión cualitativa). 4) Por el lado de los consumidores (y consumir quiere decir disponer efectivamente de los satisfactores necesarios para satisfacer las necesidades), la mejor satisfacción posible de las necesidades supone el ingreso indispensable para poder, a cambio del mismo, obtener los satisfactores, lo cual quiere decir que primero trabajar y luego comer, por lo que, si se ha de comer más, se tendrá que trabajar, o más (con la misma productividad trabajar más tiempo), o mejor (con mayor productividad trabajar el mismo tiempo), o más y mejor (con mayor productividad trabajar más tiempo). 5) La pobreza debe definirse, no en función de sus efectos –carecer de los satisfactores indispensables para, por lo menos, satisfacer las necesidades básicas–, sino de sus causas –la incapacidad para, por medio de un trabajo productivo, generar el ingreso suficiente para obtener los satisfactores necesarios–. 6) Así definida la pobreza, queda claro que su solución, sobre todo si por tal entendemos la eliminación de su causa y no solamente el alivio de sus efectos, no depende de la satisfacción de las necesidades por medio de la redistribución del ingreso, sino de la actualización del capital humano que, potencialmente, tiene la gente pobre: no hay que regalar pescado, hay que enseñar a pescar. 7) La causa del hambre no se encuentra por el lado de la oferta sino de la demanda: no es que no haya alimentos suficientes, lo que no hay es suficiente capacidad de compra de parte de los pobres, tal y como lo muestra un mendigo pidiendo limosna a la salida de un mercado: no es que no se ofrezcan alimentos, es que él no tiene poder de compra, que se adquiere gracias al trabajo productivo, que es la solución real al problema de la pobreza, comenzando por la alimentaria. 8) Afortunadamente, a estas alturas del partido, está demostrada la capacidad del ser humano para el trabajo productivo: nunca como hoy ha habido tal cantidad de satisfactores a disposición de los consumidores y, lo más importante, nunca como hoy ha habido satisfactores de tal calidad a disposición del consumidor. 9) Ante esta realidad –la cantidad y calidad de los satisfactores disponibles, comenzando por los alimentos–, y ante el hecho de que la solución real al problema de pobreza no es la satisfacción de las necesidades de los pobres por medio de la redistribución (regalar pescado), sino la actualización del capital humano de los pobres (enseñar a pescar), queda claro que el reto para eliminar la pobreza, comenzando por la alimentaria, es esto último: el desarrollo, en los pobres, de capital humano, siendo capital todo aquello que nos ayuda a producir más y mejor, desde conocimientos, pasando por habilidades, hasta llegar a instalaciones, maquinaria y equipo. 10) Cualquier programa gubernamental que tenga como fin combatir la pobreza, comenzando por la alimentaria, debe tener como objetivo, no la satisfacción de las necesidades por medio de la redistribución del ingreso (regalar pescado), sino la actualización del capital humano que, de manera potencial, tienen los pobres (enseñar a pescar), manera correcta de atacar el problema de la pobreza que, dicho sea de paso, es el que respeta la dignidad de la persona, misma que demanda que cada quien viva gracias a su trabajo, condición de la independencia personal.

Todo lo anterior viene a cuento porque el Gobierno Federal ha puesto en marcha la Cruzada Nacional contra el Hambre que tiene cinco grandes objetivos: 1) acabar con el hambre; 2) acabar con la desnutrición infantil; 3) aumentar la producción de alimentos; 4) evitar la pérdida de cosechas; 5) impulsar la participación ciudadana, todo lo cual resulta políticamente correcto, aunque desde el punto de vista de económico no todo lo sea, y pongo un ejemplo. Para combatir el hambre conviene que la oferta de alimentos sea la mayor posible, y que los alimentos se ofrezcan al menor precio posible, para lo cual resulta indispensable liberar, total y definitivamente, la importación de los mismos, de tal manera que el tercer objetivo debe ser, no aumentar la producción de alimentos, sino incrementar la oferta de los mimos. Desde el punto de vista económico esto es lo correcto.

Al margen del controvertido tema de la importación de alimentos, y con relación a la mentada cruzada, hay que apuntar que Peña Nieto dijo que la misma no es una campaña asistencialista, sino una iniciativa integral de inclusión y bienestar social, basada en la producción de alimentos y en el acceso a los mismos, lo cual, si aceptamos, uno, que la causa del hambre no se encuentra por el lado de la oferta, ¡mucho menos si se permite su importación!, sino por el lado de la demanda y, dos, que la solución real al problema de la pobreza no es la satisfacción de las necesidades por medio de la redistribución del ingreso, sino la actualización del potencial capital humano de los pobres, entonces el acceso a los alimentos debe entenderse como la compra de alimentos, consecuencia de la generación de ingreso suficiente, efecto de el trabajo productivo.

Me queda claro que el desarrollo del capital humano de los pobres (enseñarles a pescar) demanda, de entrada, una buena alimentación (regalarles pescado), que será consecuencia de la redistribución del ingreso. Pero ese regalarles pescado debe ser visto, no como el fin de la cruzada, sino como el medio para conseguir el fin correcto: el desarrollo del capital humano de los pobres, condición necesaria para que, independientemente, a partir de su trabajo productivo, puedan satisfacer sus necesidades. Y afirmo que el desarrollo del capital humano de los pobres (enseñarles a pescar), es condición necesaria, más no suficiente, para el desarrollo de un trabajo productivo, porque de nada sirve saber pescar (capital humano) si no se cuenta con la caña para poder hacerlo (capital físico), lo cual nos lleva al tema de la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, sin la cual el capital humano resulta inútil, como inútil resulta el mejor pescador sin su caña de pescar, o el mejor cirujano sin su bisturí, o el mejor carpintero sin su martillo.

¿Cómo se debe calificar –por qué se calificará, ¿o no?– los resultados de la Cruzada Nacional contra el Hambre? ¿En función del pescado regalado o en términos de la formación de pescadores? En función de lo segundo, formación de pescadores que supone, no solamente enseñar a pescar, sino también proporcionar la caña para poder hacerlo. ¿Qué quiere decir lo anterior? Que al final de cuentas la manera correcta de acabar con el hambre pasa por las inversiones que, definidas como todo gasto destinado a producir más y mejor, son la clave –ojo: la clave– del progreso económico.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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