MARTES, 5 DE FEBRERO DE 2013
Avance del sexenio Peña Nieto

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Dos buenas señales que se dieron en enero, consolidaron la confianza que las finanzas públicas se mantendrán equilibradas.”


A continuación resumo mi presentación en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la ciudad de Washington hace un par de semanas –la liga para acceder al video de esa reunión es http://csis.org/multimedia/video-mexico-pan-pri-preview-next-sexenio.

Se me había encargado hablar de la economía mexicana desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las reformas necesarias y posibles con Enrique Peña Nieto, temas perfectamente complementarios pues el mediocre desempeño económico de México desde entonces se debe en buena medida a la incapacidad de tres gobiernos sucesivos de hacer las reformas indispensables.

Algunos ingenuos pensaron que la sola aprobación del TLCAN sería suficiente para hacer de México un país avanzado sin reparar que era un paso inicial, de una enorme importancia por supuesto, pero que tendría que acompañarse de un denso paquete de otros cambios radicales necesarios para elevar la competitividad nacional.

Primero, fue la incompetencia de Ernesto Zedillo que logró quebrar al país en sólo 19 días, seguidos de tres años en los que no envió las reformas a un Congreso dominado por el PRI sólo para hacerlo cuando el control de la Cámara de Diputados se había perdido, y allí falló sistemáticamente en construir las alianzas necesarias.

Después, la llegada al poder alentada por Zedillo del inepto Vicente Fox, quien pensaba que ser Presidente de México era como ser la Reina de Inglaterra y que su única función era cortar listones inaugurales y hacer reiteradamente el mismo discurso promocional del país. Cada vez que se percibía la oportunidad de construir alianzas, Fox se atoraba con su lengua e insultaba a sus potenciales asociados.

Por último Felipe Calderón tampoco logró establecer las alianzas necesarias para pasar reformas de gran calado, con excepción de la alusiva a las pensiones de los burócratas, salvo en los últimos tres meses de su mandato, ya con el nuevo Congreso en funciones y en productiva coordinación con el Presidente Electo y los priistas.

Los cambios que ya han sido aprobados, con la alianza de legisladores del PAN y del PRI, no son triviales: una reforma laboral que hace al sistema de contratación de personal más flexible y elimina la posibilidad de recurrir a interminables maniobras legales y juicios espurios y costosos, al tiempo que empieza a modernizar las reglas de operación y transparencia de los sindicatos.

Una nueva ley de contabilidad gubernamental que plantea corregir la opacidad que actualmente tienen el gasto y el endeudamiento públicos, sobre todo a niveles estatales y municipales, y que impone ahora una mejor rendición de cuentas.

La reforma educativa aprobada propone crear un servicio civil de carrera en el magisterio que privilegie la calidad de los maestros, imponiéndoles calificaciones académicas elevadas y exámenes rigurosos.

La modificación de la estructura organizativa del sector público, regresando la responsabilidad de seguridad nacional a Gobernación, al tiempo que se cambian las funciones/estructuras de las secretarías de la Reforma Agraria y de la Función Pública, ésta última indispensable para superar la parálisis que sufre el gobierno.

Por último, el presupuesto y la ley de ingresos fueron aprobados en tiempo récord con el compromiso de un déficit fiscal de cero -viniendo de 2.4 por ciento del PIB en 2012-, sin subir impuestos y con un mayor gasto en nuevos programas sociales que había prometido Peña Nieto en su campaña, que representa 0.5 por ciento del PIB.

La meta de déficit cero se consiguió excluyendo del presupuesto de gasto 2 por ciento del PIB de las inversiones de Pémex en este año y con ingresos provenientes de no reducir en un punto porcentual el ISR, como estaba previsto, y ajustando la tasa de crecimiento para 2013 a 3.5 por ciento y el precio del barril de petróleo a 85 dólares.

Dos buenas señales que se dieron en enero, consolidaron la confianza que las finanzas públicas se mantendrán equilibradas: primero, la negativa de la secretaría de Hacienda de rescatar a estados y municipios quebrados o en vías de estarlo; y que el ajuste al precio de la gasolina fuera el mayor en un año, lo que ayudará a disminuir ese fatal subsidio que cuesta al erario más de 150 mil millones de pesos.

¿Qué tanto debieran preocuparnos las implicaciones fiscales de los 95 compromisos del Pacto por México que ultimó Peña Nieto con las principales fuerzas políticas? Es muy pronto para tener una idea precisa pero serán necesarias una reforma fiscal a fondo que acomode el mayor gasto y permita una reforma energética también radical.

Y allí es donde el consenso se terminará…  

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