Pesos y contrapesos
Feb 6, 2013
Arturo Damm

Banxico, ¿Doble mandato? ¡De ninguna manera!

¿Cuál es la lógica (ilógica) que hay detrás de la intención de imponerle, por ley, el doble mandato al Banco de México?

Últimamente se ha venido comentando la posibilidad de imponerle al Banco de México, por ley, un doble mandato, que consistiría, primer mandato, en preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional y, segundo, en incentivar el crecimiento de la producción de bienes y servicios y, con ella, de la generación del ingreso y, como posible consecuencia, de la creación de empleos (y escribo como posible consecuencia porque no hay una relación directamente proporcional entre crecimiento de la producción y creación de empleos), con lo cual tendríamos, de cuatro, cuatro: más producción de mercancías, más generación de ingreso, más creación de empleos, y todo ello con estabilidad de precios, todo lo cual integra la situación económica ideal, que podría lograrse con la condición de que al Banco de México se le imponga, por ley, el mentado doble mandato: preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional, primer mandato, e incentivar el crecimiento de la actividad económica, segundo.

Dicho lo anterior, la pregunta inevitable es: ¿qué se espera, ¡dados los beneficios que se obtendrían: más crecimiento, más ingreso, más empleo y estabilidad de precios!, para imponerle al banco central, por ley, el doble mandato? ¿Quiénes son los insensatos responsables de, ¡al no imponerle al Banco de México el doble mandato!, retrasar, de manera tan absurda, el progreso económico de los mexicanos? ¿Cómo es posible que el mentado doble mandato no sea exigido por la mayoría de los mexicanos, mayoría que, integrada de manera importante por gente pobre, sería la principal beneficiaria de sus bondades: más crecimiento, más ingreso, más empleo y estabilidad de precio o, dicho de otra manera, más ingreso con mayor poder de compra?

Hoy, según se establece en el artículo 28 de la Constitución, el Banco de México es un banco central con mandato único: preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional, mandato que, si somos capaces de predecir las consecuencias generales y de largo plazo del doble mandato, debe de ser el único, por más que todos los keynesianos (y en Keynes se encuentra la justificación teórica del doble mandato) afirmen que el mandato de los bancos centrales debe ser doble: preservar el poder adquisitivo del dinero e incentivar el crecimiento de la actividad económica o, ¡mucho mejor desde la óptica keynesiana (por aquello de que el precio que se ha de pagar por un mayor crecimiento son mayores precios)!, incentivar el crecimiento de la actividad económica y preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional, lo cual, al final de cuentas, tal y como lo explico más adelante, resulta imposible.

¿Cuál es la lógica (ilógica) que hay detrás de la intención de imponerle, por ley, el doble mandato al Banco de México? ¿De qué manera, con ese doble mandato, se pretende lograr (si es que realmente se logra) más crecimiento en la producción de bienes y servicios, más generación de ingreso, y más creación de empleo? Los pasos, que según los mentados keynesianos (y por keynesiano hay que entender todo aquel que apoya el doble mandato para los bancos centrales) seguirían son los siguientes (1 ): 1) mayor impresión (de la normal) de dinero por parte del banco central; 2) mayor gasto del gobierno, financiado con esa mayor impresión de dinero proveniente (¿de dónde más?) del banco central; 3) mayor demanda por bienes y servicios, consecuencia del mayor gasto gubernamental, financiado con la mayor impresión de dinero, proveniente del banco central; 4) mayor producción de bienes y servicios, consecuencia de la mayor demanda por los mismos, efecto del mayor gasto gubernamental, financiado con mayor impresión de dinero, proveniente del banco central, con lo cual se logra el objetivo buscado: más producción, que siempre supone más ingreso y probablemente más empleos, sin pasar por alto que en ningún momento se dio el alza de precios, por lo que, al final de cuentas, sí se consiguieron los dos objetivos del doble mandato: preservar el poder adquisitivo del dinero e incentivar el crecimiento de la producción. Siendo tales los resultados del doble mandato, ¿por qué afirmo que de ninguna manera, y por ninguna razón, debe de imponérsele al Banco de México? Porque esos resultados son una posibilidad (por demás remota), entre otras.

Vamos por partes. Si el banco central imprime más de dinero del que debe, y lo hace para dárselo al gobierno con la intención de que éste gaste más de lo que venía gastando, ¿habrá necesariamente, y suponiendo todo lo demás constante, un aumento en la demanda por bienes y servicios? Sí, como que dos más dos son cuatro. Si hay un aumento en la demanda por bienes y servicios, ¿habrá necesariamente un aumento en la producción de esos bienes y servicios? No, ya que ello dependerá de la reacción de los empresarios ante ese aumento en la demanda por mercancías, reacción que puede ser de dos tipos: 1) invertir más para poder producir más y hacer frente al aumento en la demanda por bienes y servicios o, 2) aprovechar el aumento en la demanda por bienes y servicios para incrementar el precio de las mercancías que ofrecen. ¿De qué manera reaccionarán los empresarios ante el aumento en la demanda por bienes y servicios? Imposible saberlo a priori: tal vez unos reaccionen invirtiendo más para producir más, tal vez otros aprovechen el aumento en la demanda para incrementar precios. ¿Quiénes reaccionarán cómo? Sólo Dios sabe.

De lo dicho en el párrafo anterior se puede concluir que solamente si los empresarios reaccionan de la primera manera –invirtiendo más para producir más– se logra el fin del doble mandato: más producción (con sus efectos colaterales: más ingreso y posiblemente más empleo) con estabilidad de precios, momento de tener presente que los procesos de inversión (que van desde la construcción de instalaciones, pasando por la fabricación de maquinaria y equipo, hasta llegar a la capacitación de trabajadores) lleva tiempo, lo cual quiere decir que, aun en el caso de que la reacción de los empresarios al aumento en la demanda por bienes y servicios sea la del aumento en la producción de mercancías, entre lo primero –aumento en la demanda– y lo segundo –incremento en la producción–  habrá un lapso de tiempo a lo largo del cual la cantidad demandada será mayor que la cantidad ofrecida, con la consecuencia inevitable: aumento en los precios, que será mayor en la medida en la que más largo sea ese lapso de tiempo entre el aumento en la demanda y el incremento en la oferta.

Quienes, ¡keynesianos trasnochados!, insisten en imponerle al Banco de México el doble mandato de preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional e incrementar el crecimiento de la producción, lo que proponen es volver a las políticas económicas que se siguieron en los tiempos de Echeverría y López Portillo, y que dieron como resultado, en el sexenio de De la Madrid, el estancamiento con inflación, es decir, la pérdida en el poder adquisitivo de la moneda nacional combinada con el atascamiento en la producción de bienes y servicios, y a los datos me remito. ¿Crecimiento promedio anual de la producción de mercancías de 1983 a 1988? 0.4 por ciento. ¿Inflación promedio anual para el período? 87 por ciento. Éste es el escenario por el que abogan los que insisten en imponerle al Banco de México el doble mandato. ¿Hay que hacerles caso? ¡De ninguna manera!


(1 ) Esta no es la única aplicación de la receta keynesiana: excesiva impresión de dinero con el fin de incentivar la producción, pero es la clásica, sin olvidar que cualquier otra aplicación tendrá la misma consecuencia: inflación.


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