LUNES, 11 DE FEBRERO DE 2013
Y la culpa es..., ¿del capitalismo?

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“No confundamos los sistemas económicos actuales, que mezclan algo del liberalismo con mucho de keynesianismo, mercantilismo y socialismo, con el verdadero capitalismo basado en la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal.”


La versión más popular es que la recesión del 2009, y sus secuelas, fue (la recesión) y han sido (las secuelas), las consecuencias inevitables del capitalismo, en general y, en concreto, del capitalismo desregulado, por lo que, ¡conclusión lógica!, si no hemos de volver a padecer tales males en el futuro hay que, en el peor de los casos, regular al capitalismo o, en el mejor, sustituirlo por algo más, por más que no se tenga muy claro qué debe ser ese algo más, falta de claridad que tiene su origen en el siguiente razonamiento: con la caída del Muro de Berlín (1989) y la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1991) desapareció la economía centralmente planificada, de inspiración marxista, que demostró una y otra vez su incapacidad para elevar el nivel de vida de la gente, lo cual significó el triunfo del liberalismo democrático, cuya dimensión económica es el capitalismo, siendo ésta la tesis más socorrida, basada (hay que ver hasta qué grado en cada caso) en la tesis que, en su libro de 1992, El fin de la historia y el último hombre, planteó Francis Fukuyama, quien se inspiró en Hegel y Kójeve para afirmar que, con el triunfo del liberalismo democrático sobre el comunismo totalitario, la historia de la humanidad, al menos en clave hegeliana, había llegado a su fin, por una razón muy sencilla: ya no habrá una antítesis que se le oponga a la tesis triunfante (que entonces, en buena clave hegeliana, debe ser la síntesis), que no es otra más que el liberalismo democrático, cuya dimensión económica es el capitalismo, el mismo al cual se culpa de los muchos, y en algunos casos graves, problemas económicos que enfrentan varios países.

Quienes mantienen la mentada tesis no encuentran la salida: el comunismo totalitario no funcionó, y el capitalismo, que ellos suponen desregulado, y por lo tanto salvaje, tampoco, entonces, ¿qué queda? Pues muy sencillo: si el comunismo totalitario ya mostró, en los hechos, que no funciona, y si los problemas actuales se los endosan al capitalismo, que ellos consideran desregulado, la solución bien podría encontrarse en la regulación del capitalismo, lo cual daría como resultado un capitalismo más regulado, por lo que, estrictamente hablando, ya no sería, como de hecho nunca lo ha sido, capitalismo, es decir, verdadero capitalismo, y no tanto en el sentido literal del término, sino en el institucional. Me explico.

Al capitalismo se le puede entender de dos maneras, una literal y la otra institucional. En el sentido literal del término el capitalismo es aquel sistema económico basado en el capital, siendo capital todo aquello, desde conocimientos teóricos y habilidades prácticas (capital humano), hasta instalaciones, maquinaria y equipo (capital físico), que le ayuda al ser humano a producir más y mejor y, por lo tanto, a mitigar el problema económico de fondo, que es la escasez. En este sentido la historia de la humanidad es, en muy buena medida, la historia de la evolución del capital, desde sus manifestaciones más primitivas (por ejemplo: el arado tirado por seres humanos) hasta las más avanzadas (por ejemplo: el tractor movido por un motor). Y si en este sentido la historia de la humanidad es la historia de la evolución del capital, entonces también es la historia del capitalismo, al menos en el sentido literal del término (en este sentido, el literal, la soviética fue una economía capitalista: se usaba capital).

Al capitalismo se le debe entender, además de en el sentido literal del término, en su sentido institucional, recordando que las instituciones son las reglas del juego, mismas que deben facilitar la creación y el uso del capital, es decir, de todo aquello, desde conocimientos teóricos y habilidades prácticas hasta instalaciones, maquinaria y equipo, que le permite al ser humano, produciendo más y mejor, atenuar la escasez. En este sentido la historia de la humanidad no ha sido, al menos no en términos generales, la historia del capitalismo, cuyo marco institucional debe reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente la libertad individual, la propiedad privada, y la responsabilidad personal, que son los tres elementos que facilitan la creación y el uso del capital, lo cual supone, desde la libertad individual para poder inventar mejores maneras de producir más y mejor, y para poder llevarlas a la práctica (todo lo cual se sintetiza en el laissez faire: dejar hacer), hasta la propiedad privada para poder usar del capital que se ha inventado, y para poder poseer el fruto que de ese capital se obtenga (todo lo cual se sintetiza en el laissez avoir: dejar poseer), sin olvidar la responsabilidad personal, no solo ante el éxito, sino sobre todo ante el fracaso, ante las pérdidas y ante la quiebra (en este sentido, el institucional, la soviética nunca fue una economía capitalista, y ello explica por qué no fueron capaces de sacarle el mayor jugo posible al capital con el que contaban: usaban capital, pero con las reglas del juego equivocadas).

El capital, entendido como todo aquello que le ayuda al ser humano a producir más y mejor es, por definición, algo bueno, pero que no basta, por sí solo, para mitigar la escasez, es decir, para producir más y mejor. Para conseguir esto último se requiere del capitalismo en el sentido institucional del término, es decir, se requieren ciertas reglas del juego, que son las que le permiten al ser humano, uno, mejorar el capital (contar con la posibilidad de producir más y mejor) y, dos, sacarle el mayor provecho posible (hacer realidad esa posibilidad), y esas reglas del juego son las que, ¡va de nuevo!, reconocen plenamente, definen puntualmente, y garantizan jurídicamente, la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, algo que, más que la regla, es la excepción, y a la prueba me remito.

Según el Índice de Libertad Económica 2012, del Fraser Institute, la calificación promedio a nivel mundial (144 naciones) en la materia, en escala del 0 al 10, es de 6.8 (México: 6.7). Según el Índice Internacional de Derechos de Propiedad 2012, de la Property Rights Alliance, la calificación promedio a nivel mundial (130 países) en la materia, nuevamente en escala del 0 al 10, es de 4.8 (México: 5.0). Se puede argumentar que ni el promedio mundial, ni mucho menos la calificación de México, prueban lo dicho: que en el sentido institucional del término el capitalismo, basado en la libertad individual y en la propiedad privada, más que la regla ha sido la excepción, y se puede preguntar, por ejemplo, ¿cómo andan los Estadios Unidos, considerado el país capitalista por excelencia, en tales materias? En materia de libertad económica calificación 7.7 sobre 10, y en materia de derechos de propiedad calificación 7.5 sobre 10, calificaciones que dejan mucho que desear, y que hablan de una economía capitalista en el sentido literal del término, pero no en el institucional.

Si el capitalismo, institucionalmente hablando, es el sistema económico basado en la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, y considerando las calificaciones promedio en el mundo en materia de libertad económica y derechos de propiedad, ¿podemos decir que el capitalismo es lo que opera? Y si la repuesta es que no, entonces ¿es lógico echarle la culpa de los males que nos aquejan?

No confundamos los sistemas económicos actuales, que mezclan algo del liberalismo con mucho de keynesianismo, mercantilismo y socialismo, con el verdadero capitalismo basado en la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, verdadero capitalismo que sigue siendo la asignatura pendiente.

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