MIÉRCOLES, 6 DE MARZO DE 2013
IVA generalizado, ¿sí o no?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en ésta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“La reforma fiscal debe considerar, como el menor de los males, no más impuestos: ni la introducción de nuevos impuestos, ni el alza en la tasa de los que ya se cobran, y, como el mayor de los bienes, el impuesto único.”


Parece ser que, en el marco de la muy probable reforma fiscal, la madre de todas las batallas será la de la generalización del IVA, de tal manera que todos los bienes y servicios, incluidos alimentos y medicinas, sean gravados con el mentado impuesto. Muestra de esa posibilidad es la eliminación del candado que los priístas habían impuesto al asunto, candado que hacía del tema del IVA en alimentos y medicinas algo tabú entre los del partido tricolor. Hoy ya no lo es, no hay estatuto alguno que le prohíba a los priístas considerar tal cuestión, y no puedo dejar de preguntar ¿por qué será? Porque seguramente la propuesta de reforma fiscal que presentará el Ejecutivo incluirá el gravar con el IVA alimentos y medicinas, propuesta ante la cual debemos preguntar, uno, ¿a qué tasa?, y, dos, ¿a cambio de qué? ¿A una tasa del 16 por ciento, como la actual, y a cambio de nada, es decir, de dejar igual todos los otros impuestos? Si va a ser así –a la misma tasa y a cambio de nada– entonces hay que ser muy claros y decir no, un rotundo no, que todos los contribuyentes deberemos apoyar en defensa de nuestros ingresos y patrimonio.

La reforma fiscal debe considerar, como el menor de los males, no más impuestos: ni la introducción de nuevos impuestos, ni el alza en la tasa de los que ya se cobran, y, como el mayor de los bienes, el impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción de ningún tipo), al consumo (no al ingreso, tampoco al patrimonio), cuyas posibilidades recaudatorias no son despreciables, y a los números me remito.

El año pasado el consumo en México (compras de las familias, más inversiones de las empresas, más exportaciones) sumó, según los datos del INEGI, 18.7 millones de millones de pesos, de tal manera que un impuesto del 10 por ciento al consumo (ojo: al consumo, no al valor agregado), de todo y de todos, hubiera generado una recaudación de 1.9 millones de millones de pesos. ¿Cuánto recaudó, ¡gracias al cobro de 16 impuestos distintos!, el Gobierno Federal el año pasado? Según los datos de la Secretaría de Hacienda 1.3 millones de millones de pesos, de tal manera que, si en vez de los 16 impuestos que cobró, hubiera cobrado uno solo del 10 por ciento al consumo de todos, y de todo, hubiera recaudado 46 por ciento más de lo que recaudó, lo cual nos da una idea del engredo tributario que padecemos (¿exagero al escribir que padecemos?).

Si, en el marco de la reforma fiscal, se propone el impuesto único, homogéneo, universal, al consumo, a una tasa del 10 por ciento, y si se propone a cambio eliminar todos los otros impuestos, eliminación sin la cual dicho impuesto no sería único, ¡bienvenido dicho impuesto! Los números hablan por sí solos. Quienes deben entenderlos, ¿los entenderán? Y si los entienden, ¿tendrán la voluntad para hacer lo correcto?

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