MARTES, 4 DE OCTUBRE DE 2005
Mediocridad (II)

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“México requiere una revolución que obligue a la gente a abandonar su complacencia con la mediocridad, una revolución en la cual todos tengan que competir y demostrar su valía”


Siguiendo con mi comentario de la semana pasada y elaborando sobre el que hizo en estas mismas páginas Roberto Salinas, destaca el nuevo reporte del Foro Económico Mundial sobre la competitividad, en el cual resalta que México sigue perdiendo frente al resto del mundo al haber caído del lugar 48 al 55. Cada año que pasa nuestras empresas son menos competitivas por dos razones: mientras una parte significativa de países avanza para hacer sus economías más eficientes, con un mejor entramado institucional, con mejores regulaciones, con mejor infraestructura, con mejores prácticas de gobernabilidad corporativa, etcétera, aquí estamos paralizados con políticos como Bartlett y el Sr. López “defendiendo” a capa y espada su muy sui generis concepto de soberanía nacional basada en la propiedad gubernamental del sector energético; a otros políticos que como el Sr. López (again) y sus compinches como Bejarano y Ebrad promueven la ilegalidad para obtener rentas y poder político; a mediocres dueños de empresas defendiendo sus rentas monopólicas u oligopólicas y oponiéndose a cualquier medida que implique para ellos tener que enfrentar mayor competencia mientras piden que el gobierno les otorgue cada vez mayores subsidios; a burócratas defendiendo sus cotos de poder que les permiten mediante la administración de una regulación notoriamente ineficiente apropiarse de parte de las utilidades de las empresas utilizando el chantaje y el soborno; a sindicatos que se niegan a perder las insultantes prebendas de las cuales gozan; al rector de la Universidad del Distrito Federal creada por el Sr. López (one more time), con la mejor defensa y promoción de la mediocridad que uno pudiese imaginarse, argumentando que lo “justo” es que el ingreso a estudios universitarios debe ser por sorteo y no depender del promedio de los estudios previos y/o de exámenes de admisión de los aspirantes; etcétera. Un país donde reina la mediocridad; un país en donde una efectiva cultura de rendición de cuentas reina por su ausencia.

 

Como nuestro entorno institucional es mediocre, con gente mediocre defendiendo el statu quo y aprovechándose de éste para generar rentas para sí mismos a costa del bienestar de la población, no es para sorprenderse que nuestras empresas sean cada vez menos competitivas, no es para sorprenderse que sigamos perdiendo atractivo para los inversionistas extranjeros que prefieren llevar su capital a otras latitudes, no es para sorprenderse que nuestra participación en las importaciones totales de nuestros socios del TLCAN siga cayendo, no es para sorprenderse, finalmente, que el desempeño de nuestra economía sea notoriamente mediocre, con un PIB por habitante apenas creciendo, con una distribución de la riqueza y del ingreso cada vez más inequitativo, con una población que percibe como prácticamente imposible aumentar su nivel de bienestar presente y con la perspectiva, igualmente percibida como imposible, que el bienestar de sus descendientes sea mayor que el suyo a la misma edad, una población que por lo mismo se deja deslumbrar por promesas populistas de rápidas ganancias en el bienestar como las que continuamente desembucha sin ton ni son el Sr. López (once again), cómplice por confesión propia de la corrupción de Bejarano.

 

México está urgido de una revolución, no una armada que solo llevaría a reemplazar a unos individuos mediocres que defienden un esquema institucional que les permite apropiarse de rentas por otro grupo de individuos igualmente mediocres que establecerían otro arreglo institucional que también les permitiría apropiarse de rentas, sino una revolución que instituya un arreglo institucional en donde reine la libertad individual, uno en donde los políticos rindan en todo momento cuentas por sus actos, uno en donde los empresarios enfrenten una feroz competencia que los obligue a ser eficientes o morir en el camino, uno en donde los trabajadores obtengan un ingreso que efectivamente refleje su productividad, uno en donde la legislación y regulación sea eficiente y transparente y los burócratas no puedan actuar de manera discrecional chantajeando al sector privado. México requiere una revolución que obligue a la gente a abandonar su complacencia con la mediocridad, una revolución en la cual todos tengan que competir y demostrar su valía. O hacemos esta revolución o México seguirá sumido en la mediocridad, viendo cómo el resto del mundo nos sigue dejando atrás.


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