Pesos y contrapesos
Jun 3, 2013
Arturo Damm

Reforma fiscal y progreso económico (XXII)

Me queda claro que, ¡ni por asomo!, el gobierno llevará a cabo una revisión amplia y profunda de en qué, cuánto y cómo gasta, mucho menos con el fin de dejar de gastar en lo que nada tiene que ver con sus legítimas funciones.

En esta serie de Pesos y Contrapesos, dedicados al tema de la reforma fiscal, y de su relación con el progreso económico, he centrado la atención en la parte tributaria de la misma, que se resume en estas tres preguntas: ¿qué impuesto cobrar?, ¿a qué tasa cobrarlo?, ¿a quién cobrárselo? Las respuestas que di son: el Impuesto Único a las Ventas (IUV), al 9.6 por ciento, a todos, debiendo recordar que, como lo demostraron los números, con ese impuesto el gobierno hubiera recaudado, en 2012, lo mismo que recaudó con los quince impuestos distintos que cobró, y cuya lista no voy a reproducir una vez más.

Pero, y estoy hay que tenerlo muy presente, una reforma fiscal correcta, antes que tributaria, y preguntarse ¿qué impuestos cobrar, a qué tasa cobrarlos, y a quién cobrárselos?, debe ser presupuestaria y preguntarse ¿en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno?, siendo que la respuesta general en México es: en cosas que no debe, razón por la cual gasta de más, y en muchos casos gasta de mala manera, todo lo cual plantea el siguiente reto: que el gobierno deje de hacer mucho de lo que hace (por ejemplo: subsidiar desde las artes hasta el deporte) y que nada tiene que ver con sus legítimas funciones que son: 1) garantizar la seguridad contra la delincuencia; 2) impartir justicia; 3) proveer los bienes y servicios públicos, que realmente sean públicos, y que realmente deban proveerse (por ejemplo: el alumbrado público o el alcantarillado); 4) ordenar la convivencia en los espacios públicos (por ejemplo: colocar semáforos o parquímetros), teniendo claro que el gobierno debe ser eso, gobierno, y no ángel de la guarda, con la intención de preservarnos de todos los males, y tampoco hada madrina, con el propósito de concedernos todos los bienes.

Me queda claro que, ¡ni por asomo!, el gobierno llevará a cabo una revisión amplia y profunda de en qué, cuánto y cómo gasta, mucho menos con el fin de dejar de gastar en lo que nada tiene ver con sus legítimas funciones. Al contrario: todo indica que esta administración quiere sumarle más tareas al gobierno, por lo que, lo más probable, es que terminemos este sexenio con más gobierno del que ya teníamos en noviembre 2012, al final del sexenio de Calderón.

Si lo anterior me queda claro, ¿cuál es entonces mi intención en los siguientes artículos? No convencer el gobierno de que deje de gastar en lo que no debe (aunque sería lo correcto y, para empezar, liberaría recursos para la iniciativa privada, la única creadora de riqueza), sino de mostrarle al lector cuánto nos cuesta a los contribuyentes, ¡y vaya que nos cuesta!, un gobierno que, además de gobierno, actúa como ángel de la guarda y hada madrina, con todas las consecuencias redistributivas –quitarle a unos para darle otros– que ello trae consigo, mayor redistribución que, todo así lo indica, será el objetivo principal de la reforma fiscal que presentará el Ejecutivo Federal: ¡Que pague más quien más tenga!

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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