Pesos y contrapesos
Jun 10, 2013
Arturo Damm

¿Adelgazamiento = menos impuestos?

Supongamos que se logra reducir el gasto corriente, ¿cuáles podrían ser los resultados?

Nos hemos enterado que el Gobierno Federal tiene la intención de adelgazar, es decir, de terminar con plazas y programas inútiles, con el fin, de entrada, de reducir el gasto corriente, que para el 2013 sumará 2,344,336 millones de pesos, que equivalen al 76.6 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación, que este año sumará los 3,060,756 millones de pesos, gasto corriente que se compone de las erogaciones para servicios personales, con 963,689 millones de pesos; pensiones, con 441,169 millones; y “otros”, con 67,158 millones de pesos, gasto corriente que consiste en las erogación realizadas por el gobierno destinadas al pago de sueldos y salarios, pensiones y prestaciones, de la burocracia, y al pago por los bienes y servicios necesarios para el desempeño de las tareas propias del gobierno, gasto corriente al que, sobre todo comparándolo con el gasto en inversión, se le ve con malos ojos, por considerar que el primero es consumidor de riqueza mientras que el segundo es creador de la misma. Por ello la intención del Gobierno Federal de reducir el gasto corriente, reducción que, si todo sale bien, se tendrá que ver reflejada en el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2014.

Vamos a suponer que se logra reducir el gasto corriente, ¿cuáles podrían ser los resultados? Fundamentalmente dos. En primer lugar, un aumento equivalente en el gasto de inversión del gobierno: menos gasto corriente igual a mayor gasto en inversión. En segundo término, una reducción en los impuestos, y por lo tanto un aumento en el ingreso disponible de los contribuyentes, ingreso disponible que es el que queda una vez que se han pagado los impuestos: menos gasto corriente igual a menos gasto total, menos gasto total igual a menos impuestos, menos impuestos igual a mayor ingreso disponible.

En el primer caso, pese al menor gasto corriente, el gobierno sigue cobrando los mismos impuestos, y ello es lo que hace posible el mayor gasto en inversión. Al final de cuentas el adelgazamiento no se traduce en un menor gasto del gobierno, sino solamente en una reasignación del mismo. En el segundo caso, gracias al menor gasto corriente, se hace posible el cobro de menos impuestos y, por ello, el aumento en el ingreso disponible de los contribuyentes, mayor ingreso disponible que podrán destinar, o a un mayor consumo (bueno), o a un mayor ahorro (mejor). En este caso, al final de cuentas, el adelgazamiento sí se traduce en un menor gasto del gobierno y en un mayor ingreso disponible de los contribuyentes.

De las dos opciones, ¿cuál es la que conviene? La respuesta depende de qué gasto, el gasto en inversión del gobierno, o el gasto, cualquiera que este sea, de los ciudadanos, es mejor. Supongamos que el gasto en inversión del gobierno sí da como resultado inversiones productivas y, sin suponer, tengamos en cuenta que el mayor ingreso disponible de los ciudadanos sí da como resultado un mayor nivel de bienestar para ellos. ¿Qué es mejor? Lo segundo. ¿Será? No.



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