VIERNES, 16 DE AGOSTO DE 2013
El Fed nace de una crisis

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Continúo con mi narración de las últimas semanas sobre las aventuras de la banca central en los Estados Unidos.”


Continúo con mi narración de las últimas semanas sobre las aventuras de la banca central en los Estados Unidos. El relato se interrumpió al provocarse una profunda crisis económica por las políticas seguidas por el Presidente Andrew Jackson que llevaron, primero, a enorme especulación en bienes raíces al desaparecer el Segundo Banco de EU y, al reventar la burbuja, a la terrible dupla de recesión y deflación.

Entre 1837 y 1861, EU vive un período de gran inestabilidad financiera pues los cientos de bancos estatales virtualmente no estaban sujetos a supervisión alguna, imprimen billetes a su antojo y se suceden fases de grave deflación (-35% entre 1837 y 1843) con otras de acelerada inflación (+32% entre 1849 y 1854)

Sufragar la invasión de México fue relativamente fácil pues el Tesoro emitió deuda pública que se amortizó con facilidad pues los territorios conquistados pasaron a ser propiedad del gobierno de EU. La venta y renta de terrenos, y los impuestos cobrados a nuevas actividades como la minería en California, le generaron enormes ingresos.

En 1863 y con el financiamiento de la Guerra Civil en mente, el gobierno de Abraham Lincoln expide una nueva legislación bancaria que permitía la creación de bancos nacionales que usaban como reserva bonos de la deuda pública, y que ahora serían supervisados por una nueva Contraloría Monetaria que tenía la facultad de imprimir los billetes de los nuevos bancos para elevar su calidad e dificultar su falsificación.

En paralelo siguieron operando los bancos estatales pero para desalentar su existencia el gobierno gravó sus billetes con un impuesto del 10% con objeto de inducirlos a convertirse en bancos nacionales, pero ello más bien condujo a la invención de las cuentas corrientes pues los cheques no pagaban ese impuesto.

En este largo período sin banco central, persistió el problema de que no hubiera un prestamista de última instancia, lo que llevó a que problemas pasajeros de falta de liquidez, con frecuencia asociados a los ciclos agrícolas, se convertían en crisis de solvencia al no tener a quien recurrir para conseguir recursos líquidos.

Tales episodios llevaban siempre a la quiebra de los bancos y a numerosas corridas bancarias con los consecuentes pánicos, lo que en 1873 se vio agravado por la decisión del Congreso de eliminar la plata, en lo que había sido hasta entonces un sistema monetario bimetálico, y preparar el camino para la adopción del patrón oro.

Una vez más EU entra en una fase de iliquidez extrema, las tasas de interés se van al cielo y la economía sufre una nueva y profunda recesión que habría de durar casi una década de elevado desempleo, quiebras de bancos que se extendieron al sector industrial y de servicios: nueve de las diez empresas ferrocarrileras quebraron.

La restauración del patrón oro condujo a una profunda polarización política que alentó a los “populistas de la pradera,” como William Jennings Bryan, que apoyaban la adopción de un patrón plata, metal mucho más abundante en EU que el oro, y que permitiría mantener una inflación elevada en favor de los deudores, muchos de ellos agricultores crónicamente endeudaos, y letal para los acreedores.

Las crisis recurrentes siguieron su incesante arribo: en 1893 de nuevo con la quiebra de ferrocarriles, y en 1907 con un pánico iniciado por con el fracaso de una empresa minera con cercanos vínculos a un banco de Nueva York que lo lleva a la bancarrota, extendiéndose el pánico a toda la comunidad vinculada a la banca neoyorkina.

Quien salva la situación en éste último caso fue el legendario banquero J.P. Morgan que convoca a los principales financieros neoyorkinos a su magnífica biblioteca de la calle 36 en Manhattan, y crea una consorcio que se convierte en el prestamista de última instancia para detener el pánico y apoyar a los bancos con problemas.

Los populistas como el Presidente Theodore Roosevelt (1901-1909), en la mejor tradición de Jefferson y Jackson, que siempre se opusieron a que existiera un banco central, al fin cayeron en cuenta de que estaban en manos de su principal enemigo para salvar a su sistema financiero y superar crisis: los líderes de la banca privada.

En ese momento dejan su oposición y aceptan la idea de crear, en 1913, un banco central con cierto grado de autonomía pero propiedad el gobierno, el Sistema de la Reserva Federal, ya sin fecha de caducidad, y que según varios expertos ha ayudado a abatir la volatilidad económica de EU, aunque persiste un gran debate al respecto.

• Estados Unidos

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