JUEVES, 3 DE OCTUBRE DE 2013
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“Éste es el momento en que nuestros políticos deben dejar de hacer caravana con sombrero ajeno. Se requiere de un verdadero esfuerzo solidario con la población. Pero para eso, en lugar de cobrar más impuestos a los mexicanos, o incurrir en un mayor déficit de gasto, lo que hay que hacer es recortar el dispendio gubernamental y utilizar los ahorros para ayudar a quienes lo han perdido todo. ”


El presidente Enrique Peña Nieto afirma que hay que ser solidarios con las víctimas de las inundaciones. Y tiene razón. El problema es que, como tantos otros políticos, particularmente gobernadores y presidentes municipales, también parece estar utilizando la gran tragedia de las lluvias para buscar un nuevo incremento en el gasto público.

La población mexicana, siempre tan generosa, siempre tan dispuesta a apoyar a quienes sufren, entiende que después de la tragedia tiene que haber un enorme esfuerzo de reconstrucción. Se da cuenta de que éste tiene que costar mucho dinero. Solamente la reparación de la Autopista del Sol puede representar una erogación de unos dos mil millones de pesos. Pero además hay muchos otros caminos y puentes que reconstruir… y muchas casas que, pese a ser humildes, deben ser edificadas nuevamente para garantizar cuando menos un techo a sus habitantes.

Un esfuerzo de reconstrucción como éste puede ayudar a impulsar la economía de un país que, como el nuestro, se ha estancado en lo económico en los últimos meses. Pero es importante también que no permitamos que se use la tragedia como excusa simplemente para quitar más dinero a los ciudadanos o para aumentar la deuda pública y repartir recursos a manos llenas entre gobiernos, contratistas y funcionarios.

El gasto del gobierno mexicano ha venido registrando récords constantes en los últimos años. Para el 2014, gracias a un aumento de 239,700 millones de pesos en impuestos y a un incremento muy importante también en el déficit de presupuesto, se espera lograr un nuevo récord de gasto de 4.5 billones de pesos. Esto representa 39 mil pesos por cada uno de los 112 millones de residentes en el país.

En ese mundo de gasto hay una enorme cantidad de desperdicio. Los recursos públicos han servido para generar verdaderos ejércitos de burócratas y funcionarios públicos que ganan más que los mexicanos comunes y corrientes; que trabajan menos, ya que la mayoría concluye su jornada a las tres de la tarde; que se jubilan mucho más jóvenes, y con pensiones más generosas, y que son menos productivos que la población en general.

El gobierno mexicano está buscando aumentar los impuestos. Esto lo hemos visto desde la miscelánea fiscal que se presentó al Congreso el 8 el septiembre junto con el paquete de presupuesto para el 2014. Pero ahora las inundaciones y los derrumbes provocados por las tormentas Íngrid y Manuel se han convertido en un pretexto más en el constante intento de los políticos por despojar a los mexicanos de los ingresos legítimos de su trabajo.

Éste es el momento en que nuestros políticos deben dejar de hacer caravana con sombrero ajeno. Se requiere de un verdadero esfuerzo solidario con la población. Pero para eso, en lugar de cobrar más impuestos a los mexicanos, o incurrir en un mayor déficit de gasto, lo que hay que hacer es recortar el dispendio gubernamental y utilizar los ahorros para ayudar a quienes lo han perdido todo.

• Reforma fiscal • Problemas económicos de México • Desastres naturales

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