MIÉRCOLES, 30 DE OCTUBRE DE 2013
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“Al apagar la luz pensaba: Subdesarrollo es un estado mental… y tal vez permanente.”


Hace unas semanas recibí una invitación de parte de Canacintra en Los Mochis, Sinaloa, para llevar a cabo un par de conferencias en esa ciudad aprovechando una convocatoria titulada; “Agroindustria Sustentable”. El tema sería: “Potencial para Desarrollo Económico del Noroeste”.

Mi primera reacción fue de preocupación recordando un viaje a esa ciudad 15 años atrás. En aquella ocasión mi traslado de Tucson a Los Mochis se habían convertido en una odisea de terror que me inspirara publicar una artículo titulado; “Mis Vacaciones de terror”. Expirando rabia, el escrito narraba mis encuentros con 5 burocracias diferentes esperando me bendijeran para obtener autorización y penetrar mi país. Describía luego como tuve que enfrentar la rabiosa institución que conformaban 8 aduanas y sus hambrientos agentes en su caza de turistas, tan bien descritos en una genial caricatura de Pepe Calderón. Retenes del ejército, de la policía federal, feroces agentes de policías municipales, atracos de la multitud de casetas cobrando el uso de una carretera en completo desuso, asaltos etc.

En fin, una verdadera odisea.

Sin embargo, después de hacer algunos mapas mentales de lo supuestamente sucedido en México durante los últimos 15 años, me invadió la calma puesto que mis imágenes dibujaban un México que había sufrido grandes transformaciones y en esta ocasión, mi viaje debería ser realmente placentero.

Se inicia mi aventura al llegar a la aduana de Nogales para obtener el permiso de importación de mi auto. A manera de saludo, el primer burócrata me informa que debería dejar un depósito de $400 dólares y el permiso del auto me costaría $50. Le entrego mi tarjeta de crédito y de inmediato me revira, esas tarjetas no eran aceptadas por el glorioso Banco del Ejército, y me sugiere pagar en efectivo. Paso entonces a lidiar con cajeros automáticos en esas instalaciones, para recibir el mensaje electrónico que no disponían de efectivo. Volteo a ver a mis compañeros de viaje, y me impresiona la fila interminable de americanos con el dolor en sus caras tratando de recibir la bendición para penetrar el país.

Decido entonces continuar el camino pensando obtener el permiso a las afueras de Guaymas, donde termina la “zona libre” del norte de Sonora. Prosigo mi jornada apuntando el auto hacia el sur, para continuar lo que sería otra sangrienta odisea tal vez peor que la vivida hace 15 años. Transitando por una carretera destrozada empiezo ahora a enfrentar aduanas móviles, no menos de 5 retenes de la policía federal, otros tantos del glorioso ejército nacional, los de un nuevo departamento estatal que pomposamente han bautizado como Comercio Exterior, con sus garras cuidadosamente afiladas.

Arribaba a Magdalena, la cuna de Luis Donaldo Colosio, y después de intentar extraer efectivo en por lo menos 5 cajeros automáticos enfrentando el mismo problema, no hay porque ayer fue domingo, finalmente encontrábamos una premiada y obtenemos esa sangre que alimenta la burocracia…efectivo.

Proseguimos nuestro camino hasta llegar a los confines de un pueblo llamado, Benjamín Hill y, sorpresa, se dibuja el TLC en toda a su magnitud cuando aparece frente a nosotros, del lado contrario de la averiada carretera, un monstruoso retén del ejercito revisando a quienes transitaban hacia el norte. Pero lo más dramático, una línea de camiones comerciales de carga que se alargaba por lo menos 10Km, esperando ansiosamente proseguir hacia la frontera llevando nuestras exportaciones que, a veces esperan días para continuar.

Sin más novedosos contratiempos, arribábamos a Guaymas para dejar en manos de la burocracia los $450 dólares y poder continuar nuestro nuevo vía crucis. Despegábamos hacia Obregón respirando más tranquilos, ya con la bendición burocrática para transitar la cada vez más averiada carretera. Pero, sorpresa, al invadir el territorio Yaqui, nos enfrentamos ahora a un bloqueo ejecutado por la tribu en la guerra que mantienen con el gobierno estatal por el control del agua del Novillo. La espera de un par de horas, rodeados por los feroces yaquis en plan de guerra, no fue tan dolorosa al observar otra línea de camiones comerciales de carga dibujando otros 10Km detenidos sabiendo los yaquis que, para su lucha, es más efectivo entrampar las mercancías que los viajeros.

Luego de dos horas de espera, recibíamos la bendición de los descendientes de Cajeme y nos preparamos para arribar a los confines de Ciudad Obregón, cuando uno de mis compañero sugiera tomar un atajo que, según él, nos ahorraría media hora y, sobre todo, evitar el siguiente atraco de una más de las casetas de cobro por el uso de una carretera que se asemeja a las de Alemania en 1945, después de que hubiera recibido millones de toneladas de las destructoras bombas aliadas.

Aprobamos la moción abandonando la carretera federal para tomar un bello atajo. No habíamos avanzado un par de Km, cuando agresivamente nos aborda una patrulla municipal del pueblo yaqui que atravesábamos. Luego de pedir toda la documentación burocrática que amparaba nuestro viaje (algo que las policías municipales no tienen facultad) al no encontrar falta alguna simplemente cambia el canal y nos acusa de exceso de velocidad, por lo que deberíamos acompañarlos frente a un juez que dictaría la sentencia, trámite que, según ellos, tardaría varias horas y costaría una fortuna.

Yo ya bastante molesto ante lo que, sin lugar a dudas, era un vil asalto, se lo digo a los agentes tal cual, para luego preguntar ¿Cuánto? puesto que ya era bastante tarde y empezábamos a desesperarnos. Nos muestra dos dedos de su mano izquierda cuando le entregamos $200 pesos. Hirviendo de rabia continuábamos

Habíamos partido de Tucson a las 7 AM, al marcar el reloj las 10PM avistábamos las luces de Los Mochis. Después de permanecer 15 horas bajo la metralla, haber sido extorsionados con $450 dólares para poder penetrar a mi país, el asalto de parte de la policía municipal, haber sido acosados por multitud de aduanas, los retenes de la policía federal, del ejército, los novedosos departamentos de Comercio Exterior de Sonora y Sinaloa, por los feroces yaquis, el haber gastado una fortuna pagando casetas carreteras, llegábamos a nuestro destino urgidos de nuevas llantas para el carro, un ajuste de la carrocería y un buen Valium revuelto con un tequila, para mitigar los sustos.

Al registrarme en el hotel pensaba. Después de esta ingrata odisea ¿Cómo puedo  recuperar el entusiasmo por el futuro de México para aterrizar ese mensaje de esperanza ante el auditorio que me esperaba los siguientes dos días? ¿Cómo predicar la liberación de nuestra economía, si no nos hemos sido capaces de liberarnos nosotros mismos? Revisaba que no se me hubiera caído la mollera con los botes carreteros y me dirijo a mi cuarto. Al apagar la luz pensaba: Subdesarrollo es un estado mental… y tal vez permanente.

• Corrupción

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