Pesos y contrapesos
Nov 13, 2013
Arturo Damm

El engendro presupuestario (I)

Actualmente se está llevando a cabo la discusión de a quién se le va a quitar cuánto, para darle cuánto a quién, con el gobierno de intermediario.

Se está llevando a cabo la discusión en torno al Prepuesto de Egresos de la Federación, es decir, la discusión en torno al en qué, cuánto y cómo gastará el gobierno el año entrante, discusión que es la otra cara de la moneda de la que fue la discusión en torno al asunto tributario: qué impuestos, a qué tasa, y a quién se le cobrarán, dos caras de unas misma moneda que, de una u otra manera, y al final de cuentas, tiene que ver con estos dos asuntos: a quién se le va a quitar cuánto (la parte tributaria de lo fiscal), para darle cuánto a quién (la parte presupuestaria de lo fiscal), con el gobierno de intermediario (con su mano mala, la que quita, y con su mano buena, la que da).

La discusión en torno al presupuesto (cuánto le tocará a cada quien), sobre todo en la parte que si es posible reasignar con relación a lo propuesto por el Ejecutivo Federal, muestra que la clásica definición del Estado, que en el siglo XIX dio Bastiat, es hoy más cierta que nunca. Bastiat definió al Estado (que para todo efecto práctico es el gobierno), como la gran ilusión por medio de la cual todo el mundo pretende vivir a expensas de todo el mundo, lo cual resulta imposible, por lo que lo que se logra es que una parte del mundo viva a expensas de la otra, todo ello posible gracias a los afanes redistributivos del gobierno, mismos que han llegado al grado de que hoy gobernar es sinónimo de redistribuir (y basta con revisar los presupuestos de egresos de los gobiernos para comprobarlo).

La primera parte de ese mundo está compuesta por las clientelas presupuestarias, todos los grupos de interés, desde pobres hasta empresarios, que reciben recursos del gobierno, ya sea en efectivo, ya en especie, grupos de interés integrados por presupuestívoros (devoradores de presupuesto), que consideran a su tajada de presupuesto como un derecho en contra del cual nadie debe atentar, lo cual explica la enorme dificultad para revisar, con la intención de corregir excesos y defectos, en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, siendo que las respuestas generales a tales preguntas son: 1) en cosas que no debe; 2) razón por la cual gasta de más; 3) sin olvidar que en muchos casos gasta de mala manera, todo lo cual explica la trampa en la que estamos atrapados (¿irremediablemente?) los contribuyente, de cuyos bolsillos se extraen los recursos para tales despropósitos presupuestarios. No sólo no se propone eliminar partidas de gasto gubernamental, sino que se proponen nuevas, desde seguros de desempleo hasta pensiones universales, producto de las ocurrencias de gasto del gobernante en turno, como si de un mayor gasto del gobierno, y por lo tanto de un menor gasto de los particulares, dependiera un mayor progreso económico y un mayor bienestar social, siendo que ello depende, no de la redistribución gubernamental de la riqueza, sino de la creación privada de la misma.

Continuará.



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