Pesos y contrapesos
Dic 18, 2013
Arturo Damm

La reforma más importante ¿Por qué? (I)

¿Qué supone que el gobierno planee, conduzca, coordine y oriente la actividad nacional?

En el último Pesos y Contrapesos escribí, 1) que en materia de las reformas el gobierno de Peña Nieto ha dado resultados mixtos, tomando en cuenta, no las reformas propuestas, sino el contenido de las reformas aprobadas, que en algunos casos –energética, por ejemplo– apuntan en la dirección correcta, y que en otros –fiscal, el caso paradigmático– apuntan en la dirección equivocada, y 2) que sigue pendiente la más importante de la reformas, la de los párrafos primero y segundo del artículo 25 de la Constitución, en los cuales se afirma, uno, que “corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional” y, dos, que “el Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional”, afirmación ante la cual algunos lectores me han hecho algunas preguntas, sin faltar una que otra crítica, que considero prudente responder.

Un lector me hace estas preguntas: 1) ¿Por qué es importante la reforma de la que hablo y para quién es importante? 2) ¿Acaso no es la tarea del Ejecutivo conducir al Estado a través del instrumento de planeación como lo es el Programa Nacional de Desarrollo? 3) ¿Hay otra alternativa de conducción?

Para empezar no hay que confundir al Estado, que para todo efecto práctico es el gobierno en turno, con la actividad económica nacional, de la que se habla en el artículo 25 constitucional. Es obvio que el Poder Ejecutivo debe tener un plan de acción que es, precisamente, el mal llamado Plan Nacional de Desarrollo, y digo mal llamado porque, ¡afortunadamente!, no es un plan nacional de desarrollo, al cual, precisamente por ser nacional, todo mundo tendría que someterse, sino el programa de trabajo del gobierno en turno, algo muy distinto. (Dicho sea de paso: no necesitamos un proyecto de nación, sino una nación en la cual cada quien, respetando los derechos de los demás, y sin recibir ningún privilegio del gobierno, pueda sacar adelante sus propios proyectos, tal y como corresponde a una sociedad en la cual se respetan la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal).

Una cosa es que el gobierno (el Estado) planee sus tareas, y otra que el Estado (el gobierno) pretenda planear, conducir, coordinar y orientar la actividad económica nacional, lo cual solamente es posible planeando, conduciendo, coordinando y orientando las actividades económicas de los particulares: trabajar, emprender, invertir, producir, intercambiar, consumir, ahorrar, etc. Si así fuera, ¡afortunadamente no lo es!, ¿dónde quedaría el ejercicio de la libertad individual y el uso de la propiedad privada y, por lo tanto, la asunción de la responsabilidad personal?

¿Qué supone que el gobierno planee, conduzca, coordine y oriente la actividad nacional? Que el gobierno planee, conduzca, coordine y oriente las actividades económicas de los particulares, lo cual violaría la libertad individual y la propiedad privada. Para entenderlo hay que tener en cuenta que la actividad económica nacional es una abstracción y que lo que existe son las actividades económicas de los particulares, de tal manera que la única forma de planear aquella es planeando estas.

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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