Pesos y contrapesos
Ene 17, 2014
Arturo Damm

Reformas y expectativas de crecimiento (I)

¿Podemos esperar que con las reformas, si no de manera inmediata, sí de forma mediata, la economía mexicana crezca más de lo que ha crecido en los últimos años?

Problema: en las últimas tres décadas (1983 – 2012) el crecimiento de la economía mexicana, medido por el crecimiento en la producción de bienes y servicios, ha sido por demás mediocre, 2.3 por ciento en promedio anual, prácticamente una tercera parte del que se registró en las tres décadas anteriores (1953 – 1982), y que fue del 6.5 por ciento. Solución al problema: hacer a la economía mexicana más segura y confiable para los capitalistas interesados en invertir directamente en ella, inversiones directas que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, y, por ello, son la causa eficiente del crecimiento económico. Pregunta: ¿cómo hacer de la mexicana una economía más segura y más confiable o, dicho en otros términos, más competitiva, más capaz de atraer (que los capitalistas decidan invertir en México), retener (que los capitales ya invertidos en México se queden invertidos en México) y multiplicar (que las ganancias producidas por los capitales invertidos en México de reinviertan en México) inversiones directas? Repuesta: llevando a cabo las reformas estructurales necesarias para lograr ese objetivo, hacer de la mexicana una economía mucho más atractiva para los capitalistas y, por ello mismo, para las inversiones directas.

Desde la perspectiva de la lógica expuesta en el párrafo anterior el 2013 fue, al menos en el papel, un buen año, porque después de dos décadas de hablar de la necesidad de las reformas estructurales, desde la energética hasta la de telecomunicaciones, años a lo largo de los cuales mucho se habló del tema pero poco se hizo al respecto, por fin se logró aprobarlas, siendo que la mayoría de ellas (la excepción es la fiscal) apuntan en la dirección correcta, por lo que, al menos de bote pronto, podemos esperar que, si no de manera inmediata, sí de forma mediata, la economía mexicana crezca más de lo que ha crecido en los últimos años, medido ese crecimiento por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, el Producto Interno Bruto, el PIB, tal y como no se cansa de señalar la propaganda oficial, que bien se ha cuidado de no señalar alguna meta en la materia, pero esperándose mejores resultados que los obtenidos hasta hoy. ¿Se lograrán?

Parte de la respuesta a la pregunta la podemos buscar en la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, que mes tras mes levanta y publica el Banco de México, y en la cual encontramos, entre otras muchas cosas, la expectativa del crecimiento promedio anual del PIB para los próximos diez años, siendo que, según los datos de la encuesta del pasado mes de diciembre, el crecimiento promedio anual del PIB en los próximos diez años será del 4.0 por ciento, lo cual quiere decir que los economistas encuestados no esperan un impacto espectacular de las reformas estructurales sobre el crecimiento de la economía mexicana, medido éste por el crecimiento de la producción de bienes y servicios. ¿Por qué? La respuesta en la próxima entrega.

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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