MIÉRCOLES, 26 DE FEBRERO DE 2014
Cuando mueren los buenos

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“Si Kennedy viviera, les gritaría ahora a los americanos y tal vez a los mexicanos: “Pídele a tu gobierno que se haga a un lado, pues lo único que logra es taparte el sol.””


Era el 22 de Noviembre de 1963. Uno de mis compañeros de clase en el Tec de Monterrey, entra a la cafetería y con el rostro desencajado nos dice: “Acaban de matar a Kennedy.”

Hace tres meses arribamos al aniversario de este triste evento que, aun después de 50 años, causa todavía una serie de sentimientos confusos y en conflicto. El día 22 del pasado mes de noviembre, los diarios, estaciones de televisión, de radio, y sitios en el Internet, dedicaron prácticamente el 100% de su tiempo y espacio, a recordar la tragedia que produjo una herida en la sociedad americana que, a pesar del lento paso del tiempo, no ha cicatrizado.

Aun cuando su imagen se ha visto manoseada por ese fenómeno de la muerte prematura que, a ídolos como Rodolfo Valentino o Elvis Presley de ser simples seres humanos los convirtió en leyendas, Jack Kennedy fue un hombre de grandes misterios y contrastes, pero de trascendencia histórica para el mundo entero. En éstos 40 años se han utilizado toneladas de tinta y de papel por ejércitos de analistas, para tratar de darnos una fotografía de un hombre que viviera una época en la cual, lo que se ha pretendido descubrir era material inaccesible.

A todos los hombres de poder, siempre se les identifica con algo que los liga eternamente con la historia. En el caso de Kennedy, puedo afirmar que en la mente de la mayor parte de los ciudadanos del mundo, lo que más conecta los recuerdos a su memoria, es la famosa frase de su discurso en la toma de posesión de Enero de 1961: “No preguntes que es lo que tu país puede hacer por ti, pregunta que es lo que tú puedes hacer por tu país.” El día del aniversario las estaciones de TV transmitían sin descanso la impactante toma, acompañada de las guturales palabras del joven Presidente.

Es tal la fuerza de la frase que, su prosa casi poética produce un impulso para arroparnos con su bandera y salir a encontrar al enemigo, aun en los que no somos americanos. Tanto que se ha convertido en un himno que portan infinidad de demagogos que, jamás se han dado al análisis de lo que realmente significa. Si lo hiciéramos, encontraríamos un interesante mensaje subliminal el cual, en mucho describe la historia del siglo que acabamos de despedir. Un mensaje que borra abruptamente toda esa gran filosofía con la que sus fundadores le dieron vida a ese país.

Cuando Kennedy con el puño cerrado grita; “no preguntes que es lo que tu país puede hacer por ti,” lo acompaña toda la razón puesto que el hacerlo, establece una relación de amo y esclavo en la cual, el amo sería el gobierno de quien el esclavo, en este caso el ciudadano, espera ese manto compasivo de protección con el que siempre lo han aprisionado. Ese pesado manto que al tejerlo, queriendo hacer del estado un cielo en la tierra, lo hemos convertido en un infierno de esclavitud.

Pero cuando arrecia; “pregunta que es lo que tú puedes hacer por tu país,” propone establecer una relación de patrón sirviente en la cual, el patrón sería el gobierno al que, el sirviente, de nuevo el ciudadano, debe hacer eso, servir dócilmente. Pero los padres de la patria jamás tuvieron eso en mente. En la sabia visión descrita por Jefferson, el sirviente debía ser el gobierno responsable de proteger la libertad de los ciudadanos, vigilado y muy delgado, para que no adquiriera proporciones hercúleas y llegar a ser lo contrario; destructor de ella.

Sin embargo, el sacrificado presidente no seguiría su receta. En sus escasos 1000 días en la Casa Blanca, haría algo sin precedentes en los anales del Keynesianismo en boga. No volvería a sugerir al ciudadano el sometimiento al patrón, para luego regresarle algo de la pérdida libertad en un histórico recorte de impuestos, definiéndose claramente como Supply--Sider. En seguida mostraba algo para algunos peligroso—un nuevo rostro cuando se convertía en apóstol de uno de los más dramáticos postulados de la Declaración de Independencia: “Dios creó a todos los hombres iguales.”

Sus palabras en 1960: “Creo en la dignidad como fuente de orgullo nacional, en la libertad como la fuente de la acción, en el corazón como la fuente de compasión, en la mente como la fuente de las ideas. Creo en la habilidad del “individuo” para, usando su juicio y la razón, lograr la justicia y libertad de todos los seres humanos.”

No conocimos la verdadera dimensión de Kennedy a quien su Secretario de la Defensa republicano, etiquetara de libertario. Pero con su muerte se iniciaba un periodo de graves agresiones a la libertad. Johnson con su Great Society, accionaba un plan invadiendo terrenos sagrados y vedados por la Constitución. LBJ parecía gritar; “pídele lo que se te ocurra a tu gobierno,” luego usando sus poderes y sin esperar la oferta, obligar a los ciudadanos a servir exprimiéndolos con abusivos impuestos, seguramente pensando, “ahora sí hacen algo por su gobierno. Y mejor lo puedes servir, acudiendo a mi guerra en Viet Nam.”

Pero si en el país más poderoso del mundo se daba ese episodio, en el nuestro mucho antes con el Pacto de Calles y, sin mensajes subliminales, se invitaba a los mexicanos no a pedir, a exigir todo de su gobierno. Luego ese gobierno de la justicia revolucionaria, arrancaba a los pocos mexicanos productivos el fruto de su trabajo, para así cumplir las demandas de los que sí piensan, el gobierno debe hacer algo por ellos. EU con la muerte de Kennedy perdía gran parte de su libertad y su identidad. En México el asesinato de Obregón y el Pacto de Calles, evitaban el alcanzarla.

Los EU navegaría aguas muy turbulentas durante los siguientes 20 años. La insaciable voracidad del estado continuaría consumiendo las entrañas de la sociedad. Los excesos de Johnson son inclusive identificados como una de las causas del abandono de los acuerdos de Bretton Woods, despreciando el patrón oro y echando las monedas a flotar, para darle la bienvenida a la Estanflación. Sin embargo, la imagen de Kennedy en el masivo mitin en el centro de Berlín cuando gritaba: “Si alguien quiere ver opresión y miseria, díganles que vengan a Berlín,” permanecería en la mente de los americanos para siempre.

A cinco décadas de distancia el mundo luce diferente. Los EU edificaría una burocracia para llegar a controlar más del 50% del ingreso nacional. Pero a pesar de sus excesos, su economía ha llegado ya a la impresionante cifra de casi 17 trillones de dólares.

A cincuenta años de distancia México luce confuso, perdido, entumido y dependiente. Cuando los ciudadanos libres del mundo ya no preguntan, qué es lo que el gobierno puede hacer por ellos, o ellos por su gobierno, México navega como manada desbocada y sin caponera—Estoy seguro que si Kennedy viviera, les gritaría ahora a los americanos y tal vez a los mexicanos: “Pídele a tu gobierno que se haga a un lado, pues lo único que logra es taparte el sol.”

• Liberalismo • Intervencionismo • Crisis / Economía internacional • Estados Unidos

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