VIERNES, 4 DE ABRIL DE 2014
Los derechos sociales, ¿derechos?

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
Enrique Ghersi


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“Los “derechos” sociales son el pretexto para que el gobierno redistribuya, para que obligue a unos a beneficiar a otros, lo cual, bien visto, y mejor entendido, es la definición de esclavitud.”


A nuestros legisladores.
Para que vayan entendiendo.

Los “derechos” sociales (a la alimentación, a la salud, al saber, etc.) tienen como contrapartida la obligación positiva del gobierno de proveer los satisfactores necesarios para la satisfacción de tales necesidades (alimentos, atención médica, educación, etc.), lo cual el gobierno consigue por medio de la redistribución, es decir, quitándole a A, lo que SÍ es de A, para darle a B, lo que NO es de B, momento de recordar lo dicho por Ayn Rand: “Lo que alguien no debe hacerle, directamente, a alguien más, tampoco debe hacérselo, indirectamente, por mediación de un tercero”, de tal manera que lo importante es lo que se hace, no cómo se hace, ni quién lo hace.

¿A debe, directamente, obligar a que B comparta con él sus alimentos? No, claro que no, ya que eso sería un robo. A no debe, de manera directa, obligar a B a que le entregue parte de sus alimentos. Entonces, ¿se justifica que A lo haga por mediación de un tercero, digamos C, a quien convence de que obligue a B a entregarle parte de sus alimentos? No, porque lo que importa, ¡y en esto hay que insistir porque no se entiende!, es lo que se hace, no cómo se hace, tampoco quién lo hace, y lo que A hace de manera directa, o indirectamente por mediación de C, es robarle a B.

En el ejemplo anterior, ¿quién es C? El gobierno, quien indirectamente hace por A lo que A no hace directamente: obligar a B a compartir parte del producto de su trabajo con A, con lo cual el gobierno cumple con la obligación positiva que le imponen los “derechos” sociales, cuya garantía exige del Estado Benefactor, que no es más que gobierno redistribuidor, redistribución por la cual el gobierno obliga a B a compartir, de manera indirecta, sus alimentos con A. De manera indirecta porque el gobierno no obliga a B a entregarle directamente alimentos a A, sino a entregarle dinero al recaudador para poder comprar alimentos para A, lo cual me lleva de nuevo a la pregunta: ¿A debe, directamente, obligar a B a compartir con él sus alimentos? No. Entonces, ¿se justifica que A lo haga por mediación de un tercero, aunque ese tercer lo haga, no obligado por A, sino voluntariamente, tal y como lo hacen los gobiernos hoy en día? No, e insisto en el punto: lo que importa es lo que se hace (obligar a B a beneficiar a A), no cómo se hace (indirectamente, por medio del cobro de impuestos), ni quién lo hace (el gobierno avalado por leyes).

Los “derechos” sociales son el pretexto para que el gobierno redistribuya, para que obligue a unos a beneficiar a otros, lo cual, bien visto, y mejor entendido, es la definición de esclavitud, lo cual me lleva nuevamente a Rand: “Nadie tiene el derecho de imponer a otro una obligación no escogida, un deber no recompensado, o un servicio involuntario”. Nuestros legisladores, ¿lo entienden? Por lo visto, no, ¡claro que no!

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