MIÉRCOLES, 4 DE JUNIO DE 2014
Pronósticos cambiantes, ¿sirven de algo?

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
Félix de Jesús


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Arturo Damm







“Si yo, como economista, fuera capaz de predecir (y con ello quiero decir predecir correctamente, con exactitud, puntualmente) el futuro, ya sería una persona muy rica.”


Si yo, como economista, fuera capaz de predecir (y con ello quiero decir predecir correctamente, con exactitud, puntualmente) el futuro, ya sería una persona muy rica.

Si yo, como economista, fuera capaz de predecir el futuro, sería todo un éxito, por ejemplo, en materia de inversiones especulativas, que son las que se realizan cuando se compra alguna mercancía a un determinado precio con el objetivo de venderla a un precio mayor, inversiones especulativas que son, al final de cuentas, o por principio de ellas, las que realiza todo comerciante: la diferencia entre el precio al que compró y el precio al que venderá será su ganancia (si la diferencia es positiva) o su pérdida (si la diferencia es negativa).

Si yo, como economista, fuera capaz de predecir el futuro, lo único que obtendría de mis inversiones especulativas serían ganancias, ya que, si fuera capaz de predecir el futuro, y por lo tanto de saber cuáles serán los precios de todas y cada una de las mercancías que se intercambiarán en los mercados, sabría con exactitud en qué momento comprar, al menor precio posible, y en qué momento vender, al mayor precio posible, con lo cual no sólo obtendría ganancias siempre, sino que siempre maximizaría mis utilidades. Todo ello, insisto, siempre y cuando yo fuera capaz de predecir puntualmente, con exactitud, correctamente, el futuro, algo que está más allá del poder de cualquier ser humano, ¡economistas incluidos!, y a las pruebas me remito.

Mes tras mes el Banco de México levanta y publica la Encuesta Sobre las Expectativas en Economía de los Especialistas del Sector Privado, y recientemente publicó la correspondiente a mayo, de tal manera que ya tenemos, en lo que va del 2014, cinco encuestas. Cuál ha sido, de enero a mayo, el pronóstico de crecimiento del PIB para el 2014. Enero, 3.40 por ciento; febrero, 3.23; marzo, 3.09; abril, 3.01; mayo, 2.77 puntos porcentuales. ¿Qué tanta utilidad tiene un pronóstico tan cambiante? ¿Cuántos agentes económicos (por ejemplo, empresarios), toman decisiones a partir de estos pronósticos?

Al margen de las respuestas a estas preguntas, hay que considerar que el pronóstico de crecimiento del 2.77 por ciento es el promedio de los pronósticos de los 39 grupos de análisis y consultoría económica encuestados por el Banco de México. El pronóstico más optimista ubica el crecimiento del PIB en 3.5 por ciento y el más pesimista en 2.2 puntos porcentuales. Con tal variación, ¿sirven realmente los pronósticos? E insisto en la pregunta: ¿cuántos agentes económicos deciden en función de dichos pronósticos?

A partir de los datos analizados (la naturaleza cambiante de los pronósticos y la considerable diferencia entre unos y otros), ¿qué decir de la capacidad de predicción de los economistas?

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