Ideas al vuelo
Abr 11, 2006
Ricardo Medina

Apuesta por el futuro mejor

Ponga en un platillo de la balanza todos los factores que se le ocurran que puedan propiciar una tremenda escasez de petróleo en los próximos cuatro años y ahora ponga en el otro platillo un solo factor: la inteligencia del hombre, libre y determinada a encontrar soluciones para abaratar los costos de la energía. ¿A quién le apuesta?

Un interesante artículo del Asia Times Online recordaba el martes 4 de abril a ese gran destructor de mitos apocalípticos que fue el economista Julian Simon (1932-1998) y específicamente la apuesta que hizo, al inicio de la década de los 80 del siglo pasado, con el entomólogo y ecologista Paul Ehlrich. Apuesta que en toda la línea ganó Simon.

 

El motivo de este recuerdo es que en agosto pasado el columnista de The New York Times John Tierney hizo una apuesta de $5,000 dólares con el pronosticador de los mercados de energía Matthew Simmons acerca del futuro de los precios del petróleo. Tierney apuesta a que Simmons está equivocado cuando pronostica que la escasez de petróleo será tal en los próximos años que los precios de ese energético superarán los $200 dólares (en dólares de 2005) el barril, tan pronto como en 2010. Hasta ahora, señala el documentado artículo de Aruni Mukherjee de la universidad de Warwick en Inglaterra, el columnista Tierney va ganando la apuesta. Medidos en dólares corrientes los precios del petróleo de agosto de 2005 a la fecha han disminuido algo así como 3.5 por ciento.

 

Volvamos a la apuesta original de Julian Simon contra Ehrlich. Molesto por las predicciones apocalípticas del entomólogo –que difundía por doquier, incluso en programas de televisión muy populares-, Simon le propuso a Ehrlich que eligiera cinco commodities cuyos precios, debido a la escasez generalizada anunciada por Ehrlich, tendrían que subir en dólares constantes en la siguiente década –es decir de 1980 a 1990- y Simon le pagaría al entomólogo la variación al alza de cada uno de esos precios respecto de una base de $200 dólares por cada uno (la apuesta total implicaba, por tanto, comprar en el papel $1,000 dólares por los cinco productos) o, en caso contrario, el entomólogo pagaría la diferencia a la baja. Ehrlich eligió los siguientes: cromo, niquel, cobre, estaño y tungsteno, ¡y perdió en los cinco casos! Para 1990 los precios de esos cinco metales eran menores que los de 1980, incluso en precios corrientes.

 

Ehrlich, quien también falló miserablemente en todos sus augurios catastróficos sobre el agotamiento de los recursos debido al crecimiento de la población y a la avaricia del ser humano, pagó la apuesta (más de $500 dólares) pero insistió en sus tesis apocalípticas. La necedad de Ehrlich contrasta con la humildad característica de los grandes científicos: Se cuenta que Keynes, ante el reproche de que había modificado algunas de sus observaciones a lo largo del tiempo, le dijo a su interlolocutor: “Cuando los hechos van en contra de mi hipótesis, yo cambio mi hipótesis, ¿usted qué hace?”.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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