LUNES, 25 DE AGOSTO DE 2014
Salario mínimo, ¿mínimo? (I)

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“Increíbles las sandeces que se han dicho en torno al salario mínimo y, ¡todavía más increíbles!, las propuestas que, a favor de su aumento, han hecho, con claros fines electoreros, algunos políticos.”


Increíbles las sandeces que se han dicho en torno al salario mínimo y, ¡todavía más increíbles!, las propuestas que, a favor de su aumento, han hecho, con claros fines electoreros, algunos políticos, propuestas de entre las que destaca la de Miguel Ángel Mancera, consistente en aumentar el salario mínimo, en la Ciudad de México, de 67.29 a 80.00 pesos diarios. Y todo ello es una sandez increíble porque, de tener éxito su propuesta, los mentados 80.00 pesos no serían, ¡ni remotamente!, un salario mínimo. Es más: en México, estrictamente hablando, no existe el salario mínimo.

Para entender mi afirmación debemos recurrir a la definición correcta de salario mínimo, que es uno de los posibles casos de precio mínimo, desde cuya teoría debe analizarse el caso particular del salario mínimo. Un precio mínimo es aquel que el gobierno impone por arriba del precio de mercado, que es el que acordaron y aceptaron el comprador y el vendedor, de tal manera que si el precio de mercado es 10.00 pesos el precio mínimo será cualquiera por arriba de los 10.00 pesos, digamos 12.00. ¿Qué fin se busca con la imposición del precio mínimo? Beneficiar al vendedor, quien gracias al mismo ahora recibirá, a cambio de lo que vende, un pago mayor, lo cual supone, ¡ojo!, que el comprador está dispuesto a pagar ese mayor precio, lo cual puede ser el caso, pero también puede no serlo. De no serlo, el precio mínimo, en vez de beneficiar al vendedor, lo perjudica: ofrece a un precio mayor, pero a ese mayor precio no hay quien le compre.

Sustituyamos precio por salario, comprador por patrón, y vendedor por trabajador, y esto es lo que tenemos. Un salario mínimo es aquel que el gobierno impone por arriba del salario de mercado, el acordado y aceptado por el patrón y el trabajador, de tal manera que si el salario de mercado es 10.00 pesos el salario mínimo podría ser de 12.00 pesos. ¿Qué objetivo se persigue con la imposición del salario mínimo? Beneficiar al trabajador, quien gracias al mismo ahora recibirá, a cambio de su trabajo, una remuneración mayor, lo cual supone, ¡ojo!, que el patrón está dispuesto a pagar ese mayor salario, lo cual puede ser, pero también no ser. De no serlo, el salario mínimo, en vez de beneficiar al trabajador, lo perjudica: ofrece trabajo a un salario mayor, pero a ese mayor salario no hay patrón que lo contrate.

Llegados a este punto preguntémonos: ¿cuál es el beneficio concreto que, para el vendedor, se busca con el precio mínimo? Que cubra totalmente su costo de producción. ¿Y para el trabajador con el salario mínimo? Que satisfagan correctamente, él y sus familiares, sus necesidades básicas.

Continuará.

• Salario mínimo

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