MIÉRCOLES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 2014
Ser formal, ¿conviene?

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“¿A cambio de qué pretende el gobierno la formalización de los informales?”


En un esfuerzo por combatir la informalidad Peña Nieto anunció la puesta en marcha del programa “Crezcamos Juntos. ¡Ser Formal Conviene!”, el cual plantea la siguiente pregunta: si ser formal conviene, ¿por qué hay tantos informales? Según datos del INEGI, al segundo trimestre del año, la tasa de informalidad laboral (la suma de los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, con aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo) fue del 57.8 por ciento de la población ocupada, y la tasa de ocupación en el sector informal (personas que trabajan para una unidad económica que opera a partir de los recursos del hogar, pero sin constituirse como empresa, de modo que la actividad no tiene una situación identificable e independiente de ese hogar) fue del 27.3 por ciento de la población ocupada. Tal es el tamaño de la informalidad en México. Uno de cada cuatro.

Según los datos del INEGI la población ocupada informal, a lo largo del segundo trimestre del año, sumó 28 millones 620 mil 518 personas, precisamente las que, con el mentado programa, se pretende, de entrada, incorporar al padrón de contribuyentes de la Secretaria de Hacienda o, para decirlo de otra manera, dar de alta ante el Servicio de Administración Tributaria, momento de preguntar ¿por qué habrían de hacerlo? ¿Alguien, voluntariamente, se convierte en contribuyente cautivo, sujeto a la expoliación legal que supone el cobro de impuestos, sobre todo con fines redistributivos (quitarle a A lo que es de A para darle a B lo que no es de B), tal y como es el caso en México?

¿A cambio de qué, porque a cambio de nada dudo que algún informal se formalice, pretende el gobierno la formalización de los informales? A cambio, primero, de la exención del pago de impuestos (IVA y IEPS) hasta por diez años (¡contradicción!); segundo, a cambio de estar sujetos, cuando empiecen a pagar impuestos, a un régimen tributario más sencillo y, tercero, a cambio de un conjunto de beneficios sociales, que van desde servicios médicos en el IMSS, con descuentos en sus cuotas, hasta el acceso a la pensión para el retiro. La pregunta, obviamente, es si esas ventajas compensarán las desventajas de caer en la redes del recaudador.

Al margen de la respuesta a tan obvia pregunta yo, como contribuyente cautivo desde hace décadas, al que el gobierno ha obligado a entregarle una buena parte del producto de su trabajo, misma que no siempre se ha gastado con honestidad y eficacia, me pregunto con qué derecho el gobierno ofrece perdonar el pago de impuestos, ¡hasta por diez años!, al informal que se formalice.

• Economía informal

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