Pesos y contrapesos
Oct 8, 2014
Arturo Damm

El gobierno y la competitividad (II)

¿Cuánto debe invertirse en el país? ¿Cómo tiene que invertirse en el país?

De la competitividad del país depende cuánto se invierte en el país, y de la competitividad de las empresas depende cómo se invierte en el país. ¿Cuánto debe invertirse en el país? Lo más posible. ¿Cómo tiene que invertirse en el país? De tal manera que los bienes y servicios, productos de esas inversiones, se ofrezcan al consumidor con la trilogía de la competitividad: a menores precios, con mayor calidad y con mejor servicio. Dos caras de la misma moneda: la competitividad del país y la competitividad de las empresas que operan en el país. Doble reto en la materia: que en México se invierta más (lo cual depende de la competitividad del país) y que en México se invierta mejor (lo cual depende de la competitividad de las empresas). Centro la atención en lo primero: la competitividad del país.

El objetivo general de las reformas estructurales es elevar la competitividad de la economía mexicana, para hacerla más segura y más confiable para las inversiones directas, y cinco de las seis reformas (laboral, financiera, de telecomunicaciones, de competencia y energética) apuntan (más o menos) en esa dirección, y una de la seis (la fiscal, que debería haber sido, inclusive por arriba de la energética, la reforma de las reformas) apunta en la dirección contraria, razón por la cual, en ese frente, hay mucho que hacer, comenzando por la parte de los impuestos.

Para darnos una idea de lo que, en materia de competitividad del país, puede hacerse desde el frente tributario, tengamos en cuenta lo siguiente. 1) En 2013 el Gobierno Federal cobró, según datos de la SHCP, 15 impuestos distintos y recaudó 1.6 millones de millones de pesos. 2) En 2013 las compras de bienes y servicios para consumo final (consumo privado) sumaron, según los datos del INEGI, 11.1 millones de millones de pesos. 3) Si en 2013, en vez de los quince impuestos distintos que se cobraron, se hubiera cobrado un solo impuesto del 15 por ciento a las compras de bienes y servicios para consumo final, a todo y a todos, se hubieran recaudado 1.7 millones de millones de pesos, 6.3 por ciento más de lo que se recaudó. 4) El Impuesto Único al Consumo Final supone NO cobrarle impuestos a las inversiones de las empresas, inversiones que suponen la compra de factores de la producción para producir riqueza (los bienes y servicios con los que satisfacemos nuestras necesidades), no para consumirla.

Si al gobierno le preocupa perder recaudación con una reforma tributaria que detone la competitividad del país (un impuesto único), los números expuestos a favor del Impuesto Único al Consumo Final, que detonaría la competitividad: ¡las inversiones productoras de riqueza no pagarían impuestos!, deberían tranquilizarlo.

Continuará.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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