VIERNES, 17 DE OCTUBRE DE 2014
Libertad económica e impuestos

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“La reforma fiscal, la correcta, la más importante de todas las reformas estructurales, sobre todo en la parte tributaria, sigue pendiente.”


Libertad individual y propiedad privada son dos caras de la misma moneda: la propiedad privada es la posibilidad del ejercicio de la libertad individual, y en la misma medida en la que se limita la primera se limita la segunda. Pongo un ejemplo.

Supongamos un país en el cual al ciudadano no se le prohíbe consumir lo que le dé la gana, con una condición: que al hacerlo no viole derechos de terceros (y no veo cómo el consumo de alguien podría violar el derecho de otro). En ese país el derecho a la libertad individual para consumir está plenamente reconocido, puntualmente definido y jurídicamente garantizado.

Supongamos, además, que en ese mismo país el gobierno le cobra a los ciudadanos un impuesto sobre el ingreso del 95 por ciento. Independientemente de cuánto ingreso genere la gente, y de cómo y para qué gaste el gobierno ese dinero, creo que todos estaremos de acuerdo que se trata de un robo con todas las de la ley, por lo que, en ese país, el derecho de propiedad privada sobre el ingreso no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado. Nada justifica que el recaudador obligue a ningún contribuyente a entregarle el 95 por ciento del producto de su trabajo.

El problema es que, al quitarle a los agentes económicos el 95 de sus ingresos, el gobierno no sólo viola su propiedad sobre sus ingresos, violando también su libertad para consumir, y ello por una razón muy sencilla. En una economía basada en la división del trabajo, por la cual todos producimos satisfactores para los demás, la manera que tenemos de acceder a los mismos, con el fin de consumirlos, es comprándolos, para lo cual debemos poder disponer de nuestro ingreso, poder que disminuye conforme aumentan los impuestos a pagar: a más impuestos menos poder de compra y, por ello, menos libertad para consumir. Lo dicho: la propiedad privada es la posibilidad del ejercicio de la libertad individual, y en la misma medida en la que se limita la primera se limita la segunda.

Según el índice de Libertad Económica 2014, de la Fundación Heritage, México ocupa el lugar 55 entre 184 naciones (en 2013 ocupó el 50). Parte del retroceso lo explican los impuestos, que son tomados en cuenta para medir el grado de libertad económica, en función de lo siguiente: tasa máxima del impuesto a las personas morales; tasa máxima del impuesto a las persona físicas; recaudación como porcentaje del PIB. En 2013 México ocupó, en materia de libertad fiscal, el lugar 68. ¿En 2014? El 74. La reforma fiscal, la correcta, la más importante de todas las reformas estructurales, sobre todo en la parte tributaria, sigue pendiente.

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