MIÉRCOLES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2014
Impuestos, el talón de Aquiles

¿La cancelación de la construcción de la planta de Constellation Brands en Mexicali representa un punto de quiebre entre el gobierno y los empresarios?
No, habrá más proyectos
Definitivamente



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“El engendro tributario es un lastre y obstáculo que debe eliminarse para crecer más. ¿Por qué no se ha eliminado? ¿Por qué tanta imprudencia en materia de impuestos?”


El crecimiento de la economía, medido por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, depende de las inversiones directas, que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, que a su vez dependen de la competitividad del país, es decir, de qué tan atractiva (segura y confiable) es una nación para los capitalistas que buscan oportunidades para invertir en las mejores condiciones posibles.

La competitividad de los países depende de muchas variables (el Indice de Competitividad Global, del Foro Económico Mundial, se calcula a partir de 111 variables distintas), entre las cuales destacan los impuestos, existiendo, entre estos y aquella, esta relación: a más, y más elevados, impuestos, menor competitividad, y por lo tanto menos inversiones directas, y por ello menor crecimiento de la economía, precisamente lo que está pasando en México.

El Banco Mundial, junto con la firma PwC, publica el estudio Paying taxes, en el que se comparan, en materia de impuestos, 189 países, estudio en el cual encontramos, entre otros muchos, el siguiente dato para México: una empresa típica que opere en el país paga una tasa total de impuestos del 51.7 por ciento. ¿Mucho o poco? Comparemos: la tasa promedio mundial es del 40.9 por ciento, la que se cobra en México resulta 26.4 por ciento mayor, lo cual, de entrada, le resta competitividad a la economía mexicana, con los efectos negativos que ello tiene sobre las inversiones directas y sobre el crecimiento de la economía, una muestra más del engendro tributario que padecemos, ¡sin tener que padecerlo!, y a la prueba me remito.

Si el año pasado, a nivel federal, se hubiera cobrado un solo impuesto (ojo: uno solo y ni uno más), a la compra de bienes y servicios para consumo final (ojo: para consumo final), se hubiera recaudado 50 por ciento más (ojo: 50 por ciento más) de lo que se recaudó con el engendro tributario, todo ello sin cobrarle impuestos a las empresas (ojo: sin cobrarle impuestos a las empresas), ya que se trata de un impuesto a la compra de bienes y servicios para consumo final, que no se aplicaría, ni a las inversiones de las empresas (compra de factores de la producción para la producción de bienes y servicios), ni a los ingresos ni ganancias de las empresas, lo cual se traduciría (¿exagero?) en una explosión de competitividad, precisamente lo que nos urge para superar el por demás mediocre crecimiento promedio anual de la economía mexicana en los últimos treinta años (ojo: tres décadas): 2.3 por ciento.

El engendro tributario es un lastre y obstáculo que debe eliminarse para crecer más. ¿Por qué no se ha eliminado? ¿Por qué tanta imprudencia en materia de impuestos?

• Problemas económicos de México • Impuestos

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