VIERNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2014
Petróleo y la tormenta perfecta

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Reflexiones sobre las complicaciones adicionales que le impone al gobierno de Peña Nieto la caída en los precios del petróleo.”


Los precios del petróleo han venido cayendo como plomada y hoy se encuentran a la mitad del nivel pico que alcanzaron hace solo unos meses. Ello implica graves problemas para los países productores, y México enfrenta este desplome en momentos políticos y económicos sumamente delicados.

¿Qué pasó para que ocurriera esto? Como siempre sucede con los fenómenos económicos, la oferta creció por encima de lo esperado debido a las nuevas tecnologías para extraer petróleo no-tradicional, que han puesto a Canadá y Estados Unidos de nuevo en el mapa como productores y exportadores importantes.

Conforme había subido el precio del crudo, aumentó su oferta, mientras que la demanda no creció al ritmo proyectado por el desaceleramiento de la economía mundial: China crece por debajo de sus niveles acostumbrados, Europa está estancada, Japón ha caído en recesión y América Latina se encuentra pasmada.

La Organización de Países Productores de Petróleo, la famosa OPEP que en 1973 envió los precios hasta el techo con el embargo que operó, en esta ocasión decidió, con el principal productor del cártel, Arabia Saudita a la cabeza, no reducir el monto de su producción para procurar que quiebren los productores de alto costo.

El costo por barril de petróleo obtenido por fracturación hidráulica (fracking en inglés) empezó en alrededor de 75 dólares pero ha venido cayendo con el paso del tiempo, como suele ocurrir con toda nueva tecnología, pero por lo pronto habrá numerosas quiebras entre las empresas explotando petróleo de esquisto.

Ello se debe a que están altamente endeudadas y los precios de sus acciones se han desplomado al ritmo de los del petróleo, lo que va a opacar su atractivo para los inversionistas que tienen más dinero que oportunidades de inversión, pero que perderán ahora hasta la camisa lo que hará que esta fuente de oferta decline.

Esa es la apuesta de los sauditas, pero en el camino perjudican gravemente a otros países productores que se han venido gastando con singular alegría sus ingresos petroleros, ya sea en aventuras militares como Rusia, o regalándolos para consolidar un eje político neo-socialista, como la Alianza Bolivariana de Venezuela.

En México, parece que nunca aprendemos a no confiar en que el petróleo nos sacará adelante. Los genios económicos alrededor de José López Portillo proyectaban que el precio del petróleo seguiría subiendo siempre, y cuando dejó de hacerlo en 1981, sobrevino la suspensión de pagos en la deuda externa y la debacle económica.

En 1985 una nueva y pronunciada caída en los precios, puso al país de rodillas de nuevo, resultando en una acelerada devaluación del peso, que a su vez llevó a la inflación a niveles record de 160% no vistos desde la Revolución, hizo inviable la segunda renegociación de la deuda y causó un profunda recesión.

Ahora enfrentamos este fenómeno con un gobierno frágil en lo político y vulnerable en lo económico pues la contra-reforma fiscal del año pasado dejó a la economía en estado catatónico, y con el ostensible fin de estimularla el gobierno incurrió en un déficit fiscal, que yo estimo entre 5% y 6% del PIB, el mayor en un cuarto de siglo.

El Banco de México ha tratado también de alentar un mayor crecimiento económico con una política monetaria laxa, que tendrá que repensar ante un peso que se ha depreciado 10% en los últimos tres meses, que hasta ahora no se ha reflejado en presiones inflacionarias mayores, pero ello puede cambiar en cualquier momento.

Peor aún, los planes de abrir la industria petrolera a la inversión extranjera se ven afectados negativamente por los bajos precios pues se trata de proyectos de elevado costo, ya sea porque implican perforar pozos profundos en el Golfo de México o por tratarse de petróleo de esquisto que requiere de la fracturación hidráulica.

Si a esto se le suma la violencia generalizada en amplias zonas del país que de por sí impone costos económicos elevados, el desprestigio del gobierno, los designios golpistas de segmentos anti-sistémicos radicales y el aparente pasmo de la autoridad en todos sus niveles, tenemos dadas las condiciones para una tormenta perfecta.

Es prioritario que el Presidente Peña Nieto y su gobierno se “pongan las pilas,” como reza el dicho popular, dejen de andar de cumbre en cumbre –en un mes China y el G-20 en Australia, la Cumbre Iberoamericana en Veracruz, y la conferencia de la ONU sobre cambio climático en Perú-, y empiecen a desactivar bombas.

• Petróleo

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