VIERNES, 7 DE OCTUBRE DE 2005
Los límites del neopopulismo

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“Con o sin populismo, con o sin cualquier otro “ismo” que esté de moda, la próxima generación de la clase política seguirá enfrentado los retos de la segunda ola de reformas”


Las causas populistas parecerían florecer en contextos de desesperación social, de angustia sobre la impotencia de la autoridad vigente ante problemas de desempleo, crimen y corrupción, de estancamiento generalizado. Un país sin promesa, sin futuro, sin una luz al final del túnel, es caldo de cultivo para la confrontación, la falta de acuerdos básicos—y protagonistas que impulsan una agenda equivalente al populismo tradicional.

 

Empero, a pesar de los dichos de la sabiduría convencional, ¿qué tan cierto es este análisis? Un interesante artículo sobre el tema en la revista Latin Finance nos hace ver que los debates tradicionales sobre el populismo, así como los nuevos retos que enfrentan los líderes políticos latinoamericanos, adquieren una dimensión muy diferente a, digamos, los riesgos que vivimos en el pasado.

 

Un aspecto potencialmente importante del neo-populismo, si es que hay algo que así se podría llamar, es que la ejecución de un nuevo programa económico se encontraría limitado por pesos y contra-pesos ya existentes, que limitarían el campo de acción. El caso favorito de esta corriente de pensamiento es el mandatario brasileño Lula, quién ha sabido combinar una agenda de “cambio social” con políticas económicas “responsables.” Así es, por lo menos, como se entiende este fenómeno, en la opinión de Mohamed El-Erian, jefe del equipo de inversión en mercados emergentes de Pimco, uno de los fondos de inversión de mayor éxito en el mundo.

 

El-Erian sostiene que el proceso de transformación en la región latinoamericana es de largo-plazo, y que ello implica mucho menor tolerancia para la realización de nuevos, y variados, “experimentos económicos.” Ello, en el caso mexicano, obedece a las camisas de fuerza representadas por, digamos, la autonomía del banco central, la cuenta de capital abierta, la apertura al comercio exterior, y otros factores. Ello, según este optimismo, hace menos viable la oportunidad grandiosa de re-iniciar desde cero, de voltear todo y volver al pasado.

 

¿Será? Es una apuesta llena de riesgos, y por ello, cuando resulta exitosa, llena de retornos sumamente atractivos. El mismo El-Erian caracteriza la estrategia fiscal de Lula como “populismo financieramente responsable.” En el pasado, los caudillos podían hacer sus promesas e implementar una agenda disponible de un amplio menú de alternativas. En la actualidad, una estrategia que ponga en entredicho la estabilidad financiera rinde pocos, y muy penosos, dividendos.

 

El hecho es que, con o sin populismo, con o sin cualquier otro “ismo” que esté de moda, la próxima generación de la clase política seguirá enfrentado los retos de la segunda ola de reformas—aquellos cambios en el sistema judicial, en el entorno jurídico, en la ley laboral, en los mercados de capital, que permitan crear los incentivos para crecer, o por lo menos, salir del brutal estancamiento que hemos sufrido a lo largo del último cuarto de siglo. La lógica del crecimiento trasciende las etiquetas políticas.

 

Preguntamos, nuevamente: ¿será?


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