LUNES, 24 DE ABRIL DE 2006
Cifras y hechos reales del D.F.

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“Aunque los gobiernos siempre pueden ser “creativos” para dar a conocer las cifras que les convienen, la realidad económica del hombre de la calle nunca la podrán tapar. Ahí está la triste realidad del DF.”


Entre cifras y cifras, el Secretario de Finanzas del Distrito Federal, Arturo Herrera, hace malabares técnicos para justificar a su anterior jefe, López Obrador. Mediante el uso de los llamados deflactores, Herrera argumenta que la deuda del Distrito Federal ha crecido desde el año 2000, en términos reales, un 21%, lo que implica que el endeudamiento de la Ciudad de México es menor a lo afirmado por los críticos de la administración de López. ¿Quiere jugar el Sr. Herrera con cifras nominales y reales? Aquí le van algunas: en diciembre de 1997 (cuando el PRD comienza a gobernar el DF) la deuda pública capitalina ascendía a 11 mil 789 millones de pesos y al cierre fiscal de 2005 está cercana a los 45 mil millones de pesos. Esto significa un incremento nominal de 260%. Podríamos hacer la cuenta en términos reales (descontando la inflación), pero de cualquier modo la cifra es muy alta e injustificable. De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda, la deuda pública de las entidades federativas es de 130 mil 719 millones de pesos, lo que significa que el débito de la capital representa 32.4% del total, casi la tercera parte. O sea, el gobierno defeño con sus populismos es el campeón del endeudamiento.

 

La administración capitalina asegura que la deuda se ha manejado en forma responsable; la cruda realidad es que la Ciudad de México es una entidad cuyos desequilibrios permanentes (sobre todo antes de que saliera López) en sus finanzas le ha llevado a acumular el actual endeudamiento que pesa sobre la ciudad y que la ha llevado a tener el nada envidiable primer lugar, ya que cada ciudadano debe aproximadamente 5 mil pesos (aunque en sus seminarios el gobierno capitalino “cuadra” las cifras para que no sea la primera entidad endeuda sino de las más endeudadas, como si eso fuera un consuelo). La deuda pública (es pública por que no la va a pagar López -o el PRD- sino todos los contribuyentes; siempre es más fácil saludar con sombrero ajeno) no es más que la acumulación de déficit (gastos mayores a los ingresos) que año con año tienen los gobiernos en su presupuesto. ¿Más cifras?

 

En el Distrito Federal, la tasa de desempleo abierto (TDA) desde que López Obrador asumió la jefatura de Gobierno el 5 de diciembre de 2000, ha ido creciendo sin visos de mejora. Al primer año de su gestión, López incrementó el desempleo a 2.9%. En 2002 lo llevó a 3%, en 2003 a 3.8% y al cierre de 2004 se ubicó en 4.8%. En los mismos años, la TDA del país se ha ubicado en 2.2, 2.4, 2.7, 3.3 y 3.8%, respectivamente, según datos del último informe de la jefatura de Gobierno del DF. Esto revela que en los últimos 5 años la brecha entre la TDA nacional y la del DF se comenzó a hacer grande, para ubicarse en el primer trimestre del 2005 en 5.7%, es decir, el desempleo en DF está, dos puntos por encima de la media nacional, de acuerdo con el más reciente informe de labores entregado a la Asamblea Legislativa. Las estadísticas nacionales, del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) completan el cuadro, pues revelan que en la capital habita uno de cada seis desempleados del país. Esta situación ya afecta a por lo menos 224 mil 722 personas, entre los que se encuentran miles de ciudadanos con altos niveles de instrucción. El subsecretario del Trabajo y Previsión Social del DF, Benito Mirón Lince, declaró en días pasados que de todos los desempleados que hay en la capital, más del 50% tienen escolaridad de bachillerato o más. Esto significaría que al menos 112 mil 361 personas capacitadas no encuentran dónde emplearse. Lo peor es que el PRD siempre dice con orgullo que la solución es crear más universidades. Esa solución no significa más que crear más desempleados. Más allá de las cifras (que reiteramos pueden ser usadas a conveniencia), una triste realidad económica como el desempleo no puede taparse maquillando ó arreglando cifras creativamente para justificar mesianismos.

 

Otra afirmación sorprendente de Herrera: los mejores subsidios son los que no son focalizados, pues el hacerlo implica costos altos para el Erario. O sea, si le entendemos al Sr. Herrera, podemos inferir que es más racional, económicamente hablando, el tener subsidios generalizados (aquellos que no van a un público en particular sino a todo tipo de gente, tal como está diseñado el actual subsidio a los viejitos, que es cobrado por ancianos ricos y pobres). No, esto ya quebró a la mayoría de las economías latinoamericanas. Subsidios generalizados implican déficit fiscales crónicos que terminan con crisis de deuda para los países. Al final las secuelas son devaluación e inflación. De entrada el que haya subsidios ya es de suyo polémico. Para una corriente liberal no hay argumentos que justifiquen que haya subsidios (la única forma en que un gobierno puede otorgar subsidios es quitándole a algunos para darle a otros.) Así las cosas hoy, es cierto, focalizar un subsidio tiene costos, pero por eso se insiste en la literatura económica moderna en que sean temporales, nunca, jamás, permanentes y generalizados. Además en todo caso los subsidios deben ser justificados (como por ejemplo que sean dirigidos a personas que no tienen igualdad de oportunidades), monitoreados, y fiscalizados, siempre dejando ver quién se beneficia y a quién se afecta con dichas transferencias. El Sr. Herrera debería actualizar los “papers” de política pública que lee.

 

Por el perfil técnico que posee Herrera, decepciona la manera en que es cómplice de la pandilla que gobierna el DF desde 1997. Actúa como un verdadero lacayo.

 

El problema amigo lector, es que entre cifras reales y nominales, se está pasando por alto lo más importante: que las políticas de gasto del Distrito Federal son desde hace años totalmente irresponsables. Las cifras económicas pueden manipularse en función de los intereses de los gobiernos en turno. La realidad es que el Sr. Herrera olvida que en primer lugar, lo de menos son los montos de deuda por sí mismos. Si comparamos la deuda del DF respecto a sus ingresos (sin olvidar que el DF es la entidad que más participaciones federales recibe) obtenemos un coeficiente que está entre el 50 y 60% de los ingresos (dependiendo que datos estadísticos se usen para definir “ingresos “del DF). Esa cifra para cualquier economía es muy alta. Porcentajes similares obtenemos si comparamos deuda neta con activos propios del DF. Que los colaboradores del Sr. Herrera sean “creativos” usando años base a conveniencia (cuando les conviene usan datos reales y cuando no, datos nominales) es una cosa, pero otra son los argumentos económicos débiles que utiliza el Secretario de Finanzas para justificar los excesos de su ex jefe López. Antes que nada, el Sr. Herrera olvida que en el uso de los recursos públicos un criterio clave a utilizar es el llamado costo de oportunidad (un concepto que los economistas aprenden en el curso de Economía I de licenciatura, y que define aquello a lo que se renuncia -un costo- por escoger una determinada opción económica; o sea amigo lector, si usted es estudiante universitario de tiempo completo, su costo de oportunidad es lo que deja de ganar por no trabajar), y éste es altísimo para cada obra pública emprendida por el gobierno perredista. En éste sentido, la mayor parte de las obras públicas llevadas a cabo por el gobierno perredista no aguantan un análisis costo-beneficio, por tanto, no tiene rentabilidad social.

 

Dice el Sr. Herrera que las pensiones a viejitos, los segundos pisos, el metrobus, etc, no se financiaron con deuda (está prohibido constitucionalmente) sino con ahorros del gobierno capitalino. ¿Le creemos a Arturo Herrera? No, no podemos, pues los políticos que gobiernan al DF siempre se han encargado de ocultar las fuentes de financiamiento de los mesianismos de López. Hay evidencia desde hace tiempo (y eso no lo dice este servidor, sino son señalamientos de otros estados de la república mexicana) que el DF ha utilizado recursos federales destinados a rubros como el educativo para realizar buena parte de las obras públicas. Aquí un costo de oportunidad de haber hecho esto es ver el estado paupérrimo en que se encuentran en el DF la mayoría de las primarias y secundarias públicas. Hay también evidencia de que recursos destinados a renovar y mantener la infraestructura hidráulica han sido desviados a los excesos de López. Costo de oportunidad: Se canceló el acuaférico, hay escasez creciente de agua en las delegaciones -en delegaciones como Iztapalapa desde hace varios años no cuentan con el vital líquido-, y la calidad del agua ha disminuido notablemente. Recursos destinados a la seguridad pública también han sido trastocados. Costo de oportunidad: inseguridad pública prevaleciente, patrullas y policías con equipo que da lástima.

 

El gobierno perredista argumenta también que con los impuestos se están financiando obras de transporte público que le serán útiles a la ciudadanía. Bueno, de entrada eso se está haciendo mal. Muestra de ello es que, de acuerdo a expertos en urbanismo, el metrobus hubiera sido más útil (por la afluencia de la gente al DF) construirlo en el oriente de la ciudad. Claro ahí no luce como en la principal avenida del DF que es Insurgentes. El gobierno perredista insiste también en que una de sus virtudes ha sido mantener subsidiado el transporte público. Costo de oportunidad: un servicio cada vez más pésimo -especialmente el del metro-, pues a mayores subsidios, menores recursos quedan para darle un mantenimiento óptimo a transportes como el metro. De los peseros ni hablemos. Son una mafia y transportan a los pasajeros como si fueran ganado o gallinas. El gobierno perredista pasa por alto que en la mayoría de los países del mundo se está reduciendo los subsidios al transporte público. La razón: el transporte público subsidiado, además de tener costos de oportunidad como los señalados arriba, altera las decisiones de localización de los habitantes. La gente no toma en cuenta a la hora de decidir en dónde habitar, en dónde trabajar ó en dónde estudiarán sus hijos, los verdaderos costos de transportarse. Esto ha hecho que en ciudades tercermundistas (con transporte público supersubsidiado) como el DF ó Sao Paulo, la gente pase mucho tiempo transportándose de un lado a otro, lo que implica horas hombre productivas pérdidas (con los consiguientes costos de oportunidad). Lo ideal es utilizar el sistema de precios para no alterar las decisiones de localización. Al gobierno del DF no le importa estas cuestiones vitales de política pública, sino seguir distorsionando el mecanismo de precios que daría lugar a una mejor asignación y utilización de los recursos. Primero los mesianismos, luego los ciudadanos.

 

La realidad es que los populismos del gobierno perredista en el DF han hecho de esta ciudad uno de los peores lugares de México para hacer negocios y para vivir. Hay toda una mafia a la que hay que pagarle para abrir una empresa, y lo peor, una vez abierta, nada garantiza que no se violen los derechos de propiedad; el resultado de esto es que cada vez más empresas se van de la ciudad y aumenta el cáncer del ambulantaje. La realidad es que los gastos excesivos del gobierno que encabezó López lo llevó (mediante la asesoría de Arturo Herrera) a incrementar arbitrariamente en las delegaciones con poder adquisitivo medio y alto (como Benito Juárez y Coyoacán) el impuesto predial en 100 y 200%, cifras a todas luces inmorales, dado que los salarios de la inmensa mayoría de las personas sólo aumenta acorde a la inflación anual, entre 3 y 4%. Ahí están los amparos y eso no lo dice el Sr. Herrera. No, así no puede ser sustentable ningún desarrollo económico.

 

Por razones de espacio, dejaremos para un próximo artículo más análisis sobre las ineficientes políticas públicas que el gobierno capitalino ha instrumentado, así como demostraremos (con las cifras del propio gobierno defeño) cómo la mayor parte de los ingresos que genera la Ciudad de México van a parar a sueldos y salarios de los burócratas del GDF. Esto incomodará naturalmente a funcionarios como Herrera, que omite hablar de los costos de oportunidad de sus políticas de gasto.

 

Lo importante es entender que aunque los gobiernos siempre pueden ser “creativos” para dar a conocer las cifras que les convienen, la realidad económica del hombre de la calle nunca la podrán tapar. Ahí está la triste realidad del DF. La Ciudad que alberga a las mejores universidades del país (y en teoría a la mejor mano de obra calificada), a las principales instituciones culturales y de investigación, tiene a uno de los peores gobiernos locales. Ahí están los hechos y son irrefutables.


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