VIERNES, 22 DE MAYO DE 2015
Caso Uber: Desregular a los regulados

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“¿Puede un taxista tradicional competir con un taxista uberiano? ”


¿Puede un taxista tradicional competir con un taxista uberiano? La respuesta depende de qué se entienda por “competir”, y en concreto por competir en “el mercado”.

Competir en el mercado supone ser capaz de ofrecer una mercancía a menor precio, mayor calidad y mejor servicio que los otros oferentes, lo cual supone reglas del juego justas (que reconozcan plenamente y garanticen jurídicamente la libertad individual para producir, ofrecer y vender) y parejas (que ese reconocimiento y esa garantía sea para todos los productores, oferentes y vendedores, sin excepción), algo que no sucede en el mercado del trasporte terrestre ofrecido por medio de taxis.

En dicho mercado opera un grupo de oferentes, los taxistas tradicionales, concesionados y regulados por el gobierno, lo cual limita su “capacidad de respuesta” frente a la nueva competencia generada por los taxistas uberianos, no concesionados ni regulados por el gobierno, restándoles a los primeros, ¡de manera artificial, gracias a la intrusión del gobierno con sus concesiones y regulaciones!, competitividad. No, los taxistas tradicionales no pueden, tal y como están las cosas, competir con los taxistas uberianos, quienes les están comiendo el mandado. El piso no está parejo. ¿Qué hacer al repecto?

Dos son las opciones: concesionar y regular el servicio de taxi uberiano, ¡con lo cual dejaría de ser uberiano!, o desconcesionar y desregular el servicio de taxi tradicional, ¡con lo cual tendría la posibilidad de convertirse en uberiano! ¿Cuál es la opción correcta? La que beneficie, con menores precios, mayor calidad y mejor servicio, a los consumidores, siendo esa la segunda, no la primera, y a las pruebas me remito: ¿del lado de quién, el taxi tradicional o el taxi uberiano, está la mejor oferta?

La mayor traba para hacer realidad la opción correcta no es principalmente económica sino política, y tiene que ver con el poder que la concesión y la regulación le concede, a quien la otorga e impone, sobre quienes las reciben y aceptan, poder que es control político a costa de eficacia económica. ¡Mal!

• Competencia • Problemas económicos de México • Intervencionismo

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