VIERNES, 10 DE JULIO DE 2015
El suicidio griego

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La mayor parte de los europeos ya están hartos de lidiar con estos griegos populistas neófitos e ignorantes, que nunca se molestan en ponderar las circunstancias políticas y sociales de los demás.”


Armado con la legitimidad que, según él, le confirió el voto de sus conciudadanos en contra de la austeridad y del arreglo negociado con el resto de la Unión Europea, se presentó en Bruselas un sonriente Primer Ministro Alexis Tsipras para una reunión en la cumbre con sus contrapartes, listos a escuchar sus propuestas para superar la crisis de Grecia y del euro.

Los inveterados optimistas que no entienden que el muérgano político extremista Syriza, movimiento populista hoy en el poder en Grecia, no quiere una solución racional a su situación sino pretende que el resto de Europa los siga subsidiando, vieron con entusiasmo el acceso al ministerio de Hacienda de Euclides Tsakalotos en lugar de Yanis Varufakis.

El nuevo ministro tiene mejores maneras que su antecesor y habla inglés con engañosa corrección y acento británico por haber estudiado en Oxford, donde se volvió marxista, pero en habiendo leído su último libro El crisol de la resistencia: Grecia, la zona del euro y la crisis económica mundial puedo afirmar que ese país se irá al barranco.

La tesis de don Euclides se resume en que la crisis griega no tiene nada que ver con que ese país viviera una gran francachela desde que se unió al euro, con crédito barato del resto de Europa, sino que se trata de la manifestación más reciente de la “crisis terminal del régimen político capitalista neoliberal que se ha enseñoreado en la economía global.”

Su planteamiento central denuncia a las políticas de austeridad para confrontar la crisis financiera iniciada en 2008, que “apuntan a un endurecimiento del orden económico y social del neoliberalismo... y que los espacios para responder a las demandas y aspiraciones de los de abajo (sic) se han estrechado dramáticamente.”

Es obvio que el resto de los jefes de Estado europeos y sus ministros de hacienda, que se reunieron el martes pasado en Bruselas para escuchar las propuestas de los griegos, no se molestaron en leer los dislates que escribe el flamante secretario de Hacienda, pues de haberlo hecho no habrían convocado a tal reunión.

Tsipras y Tsakalotos  llegaron a la cita completamente impreparados y sin propuesta alguna, lo que no es de sorprender viniendo de alguien que denuncia las ideas de Friedrich Hayek como obsoletas, aunque “quizá fueron útiles para las elites en los obscuros tiempos del consenso social democrático (sic) pero que hoy no ofrecen una salida a la actual crisis.”

El texto de don Euclides señala que los excesos de gasto público que caracterizan a la crisis en Grecia no ocurrieron en España e Irlanda, que en esencia tenían finanzas públicas equilibradas. Su argumento ignora que el gatillo que disparó la crisis en todos estos países fueron niveles de deuda pública o privada enormes e insostenibles.

La narrativa de Tsakalotos niega la “leyenda neoliberal” que Grecia falló lamentablemente en aplicar las recetas que hubieran llevado a elevar su competitividad: desmontar un aparato gubernamental gigantesco, inepto y corrupto, y flexibilizar un sistema laboral insostenible y obsoleto. Su tesis es que en 2008 Grecia iba en el camino de adoptar esa agenda reformista.

A partir de premisas ilusorias no se puede esperar que los griegos hagan planteamientos aceptables para el resto de sus socios europeos, la mayor parte de los cuales ya están hartos de lidiar con estos populistas neófitos e ignorantes, que nunca se molestan en ponderar las circunstancias políticas y sociales de los demás.

España, Irlanda y las naciones bálticas que han hecho enormes sacrificios para ajustar su situación financiera ante la crisis y ya han regresado a la senda del crecimiento, no pueden aceptar que a Grecia se le otorguen inmerecidas y generosas concesiones que ellos no recibieron, pues tal cosa abriría la puerta a sus propios movimientos populistas.

Es tiempo de reconocer que Grecia no tiene lugar en la unión monetaria europea y que el mal menor es su salida de un club en el que ellos violaron todas las reglas.

• Crisis / Economía internacional

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