Pesos y contrapesos
Jul 17, 2015
Arturo Damm

Drogas, gobierno y economía (IV)

Allí donde el consumidor está dispuesto a pagar el precio al cual el oferente está dispuesto a proveerlo, precio que será el que lo compense por todos los riesgos asumidos, habrá provisión.

La producción, distribución, oferta, demanda y consumo de drogas son actividades moralmente cuestionables, pero no son, desde el momento en el que los involucrados participan voluntariamente, actividades delictivas por su propia naturaleza: hacen daño, crean vicio, pero no violan derechos. Esta, el respeto a la libertad individual, aun en los casos en los que se use para dañarse uno mismo, es la primera razón por la cual el gobierno no debe prohibirlas. Pero hay otra, la que tiene que ver con las consecuencias económicas de la prohibición.

1.- El gobierno prohíbe desde la producción hasta el consumo de drogas. 2.- La producción, distribución y oferta se vuelve una actividad ilegal y, por ello, más arriesgada de lo normal. 3.- La manera de compensar ese mayor riesgo es aumentando el precio. 4.- Dado que se trata de sustancias que generan adicción, a las cuales el consumidor no renuncia, el aumento en el precio no reduce la cantidad demandada, lo cual actúa a favor del oferente, permitiéndole aumentar sus ingresos. 5.- Si los costos de producción, distribución y oferta aumentan menos que el precio, algo muy probable, el resultado es una ganancia extraordinaria. 6.- Esta ganancia extraordinaria atrae a nuevos productores, distribuidores y oferentes, necesitados de nuevos consumidores, lo cual los lleva a “atraparlos”. ¿Qué tenemos? Todos los incentivos para que esto continúe. ¿Cómo eliminarlos? Eliminando la ganancia extraordinaria, para lo cual hay que legalizar y reglamentar desde la producción hasta el consumo de drogas.

Hay que tener en cuenta que allí donde el consumidor está dispuesto a pagar el precio al cual el oferente está dispuesto a proveerlo, precio que será el que lo compense por todos los riesgos asumidos, habrá provisión, ¡de lo que sea!, no importando lo que el gobierno haga para impedirlo. Lo estamos viendo.

Hay que buscar el mal menor, que se logra legalizando y reglamentando, no prohibiendo ni combatiendo, legalización y reglamentación a la que se oponen, ¡obviamente!, los narcotraficantes. Se les acabaría el negociazo. ¡De eso se trata!



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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