LUNES, 17 DE AGOSTO DE 2015
La reforma energética, una reforma tardía

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“Ideologías hay varias, ciencia económica solo una, cuyas leyes, como la de gravedad, funcionan en todo el mundo, no seguirlas genera miseria y escasez.”
Luis Pazos

Godofredo Rivera







“Si el gobierno mexicano liquida Pemex y CFE, reduce los gastos de su obesa burocracia y realiza una verdadera y seria reforma fiscal, tendría un respiro financiero profundo que nos beneficiaría a todos los mexicanos.”


Definitivo, lo temía, y ya debo reconocerlo. La reforma energética del gobierno mexicano es una reforma tardía. Dicha reforma debió llevarse a cabo hace más de una década. Habría sido muy rentable por los precios del petróleo históricamente altos. Hace ya varios años que en este espacio señalamos las necesidades de abrir el mercado petrolero al sector privado.

Ante la subida de las tasas de interés en EU, la devaluación de la moneda china y la caída en el precio y la producción petrolera, el gobierno mexicano debe corregir excesos.

De entrada, dada la reforma energética tardía, el gobierno mexicano debe tomar los pasos necesarios para liquidar a sus elefantes blancos como son las paraestatales Pemex y CFE. Contrario a la opinión pública y publicada, dichas empresas no son para nada un “activo” del gobierno. Han sido sólo fuentes de financiamiento de corto plazo (sobre todo por Pemex) al gasto gubernamental. En el fondo esto se ha traducido en mayor e irresponsable endeudamiento de los estados, así como de la mismísima federación.

Pemex y CFE son empresas técnicamente quebradas. En buena medida su aún funcionamiento depende de los impuestos más altos que hoy pagamos los mexicanos. Para la economía en su conjunto, el mantener vivas a estas paraestatales quebradas y con exceso de personal, es simplemente veneno puro. Buena parte del crecimiento económico se debe a las inversiones nuevas. Si el gobierno mexicano desea atraer nuevas inversiones para México, debe liquidar cuanto antes a estas paraestatales quebradas.

Llegamos tarde a la reforma energética, y los pasivos de Pemex y CFE son insostenibles, y más temprano que tarde, los mexicanos pagaremos un alto precio por mantener a estos onerosos elefantes blancos.

Es de vital importancia que los mexicanos estemos conscientes que esto no implica “regalar” el petróleo como la izquierda ignorante pregona. Simplemente significa sacar de la administración de los recursos energéticos al gobierno, cuyos funcionarios en plena corrupción con contratistas privados han terminado por quebrar a las paraestatales. El gobierno mexicano -ahí está la historia- es el peor administrador de negocios que deberían estar en manos del sector privado.

El gobierno mexicano puede por ley preservar una buena parte de las utilidades que las empresas privadas petroleras generen. Además del impuesto sobre la renta, el gobierno mexicano puede cobrar un gravamen extra a las empresas petroleras para que se reparta entre los mexicanos (no ente los gobiernos estatales como hoy se hace, y que sólo conlleva a gastar mal y a endeudarse irresponsablemente) vía por ejemplo las afores, tal como se hace en países como Canadá.

El gobierno mexicano realizó una reforma tardía en materia energética que sólo protege a los monopolios como Pemex y CFE. La apertura a la participación del sector privado es un buen paso, pero no se consolidará si no se liquidan a las onerosas paraestatales.

Si el gobierno mexicano quiere salir de problemas financieros, debe reducir a su enorme aparato burocrático, debe liquidar a las paraestatales como Pemex y CFE, y empezar a reducir su enorme deuda pública tanto en pesos como en dólares. Sólo medidas drásticas como esta detendrían la caída del peso mexicano.

Asimismo, en materia fiscal el gobierno mexicano debe, junto con el poder legislativo, echar marcha atrás a la nefasta “reforma” fiscal aprobada hace ya más de dos años.

El gobierno mexicano debe permitir la depreciación acelerada para los activos fijos de las empresas, regresar la deducibilidad de las prestaciones sociales, incrementar la deducibilidad de las personas físicas para que aumente la cultura fiscal lo que implica que las mismas exijan facturas de sus gastos, y finalmente bajar el ISR que sólo nos ha vuelto menos competitivos ante otros países emergentes (es fundamental ignorar las recomendaciones de la OCDE en materia fiscal que sólo imploran por aumentar los impuestos al estilo de países desarrollados de zonas como Escandinavia).

Si el gobierno mexicano liquida Pemex y CFE, reduce los gastos de su obesa burocracia (vía reducción del tamaño del gobierno en sus tres niveles, federal, estatal y municipal) y realiza una verdadera y seria reforma fiscal, tendría un respiro financiero profundo que nos beneficiaría a todos los mexicanos.

• Problemas económicos de México • Reforma energética

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