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Oct 7, 2005
Gabriel Boragina

Reflexiones izquierdistas

La equidad, la justicia social y otros valores sí tienen un significado preciso en un sistema y filosofía capitalistas, pero pierden cualquier significado en un sistema anti capitalista

Fueron muchas las veces que intenté, con muy buena voluntad,
acercarme a la izquierda y entablar un diálogo constructivo. Y
recurrentemente fracasé, no porque luego del intercambio de
argumentos una parte no lograra convencer a la otra, sino porque

-sencillamente- ningún izquierdista está abierto a intercambio de
argumento alguno. A fin de evitar los consabidos juegos
terminológicos que tanto gustan a los colectivistas, creo que es más
adecuado hablar de anti capitalistas o anti liberales, ya que cada
vez que menciono el término "izquierda" empiezan -además- las
discusiones agotadoras e interminables de quienes se encuentran
dentro o fuera de tal etiqueta (lo que en el fondo no es mas que otra
estrategia de estas personas para eludir los temas centrales sobre
los que no tienen respuesta válida alguna). Pero si me refiero a los
anti-capitalistas, el juego terminológico izquierdista termina (o al
menos, se acota), porque dentro de esta expresión entra la inmensa
mayoría del mundo de nuestros días. Por cierto, resulta curioso que
en un mundo plagado de anti capitalistas, éstos afirmen vivir en un
mundo "capitalista". Pero no se extrañe el lector por esto cuando lo
note. No espere ni le pida coherencia a un anti capitalista.

Los anti capitalistas tienen muchísimos rasgos en común. Son seres
manejados por prejuicios y no por razones o argumentos. Se mueven y
se relacionan con los demás sobre la base de prejuicios y emociones.
Son generalmente violentos, envidiosos, combativos, petulantes,
engreídos, pedantes, soberbios y arrogantes. Estas características
pueden estar, ya sea latentes o bien manifiestas. Bajo una máscara de
aparente docilidad y pacifismo, llegan a la violencia con excesiva
rapidez y facilidad. No se puede intercambiar más de dos o tres
palabras con ellos que ya te adjudican una etiqueta y te
descalifican. Nunca reconocen ningún tipo de error en ellos mismos.
No escuchan, no leen, excepto a sí mismos y sus otras lecturas no van
más allá de autores de izquierda. Vale decir, es el prototipo de
individuo de mentalidad cerrada, que se escucha a sí mismo y solo
dialoga consigo mismo sobre la base de prejuicios y emociones. Cuando
se relaciona con otros, solo es para adoctrinarlos, y para ninguna
otra causa. Si no consigue el objetivo (adoctrinamiento) su reacción
es el insulto al indoctrinado rebelde, o bien la agresión, ya sea
verbal o física (para la mayoría de los anti capitalistas es
indiferente responder de una manera o de la otra).

No es de extrañar que con personas de estas características todo
intento de diálogo sea inútil, como de hecho lo es. Manejan un
vocabulario propio, un léxico también propio y "definiciones"
arbitrarias de todas las cosas en materia social. No hacen el más
mínimo intento de llegar o esforzarse en llegar a definiciones
comunes que permitan algún tipo de acercamiento o puntos mínimos de
entendimiento. Son reactivos al acuerdo (aun del 1 por ciento),
porque ven la vida en términos de lucha de clases, antagonismo y se
te etiquetaron como de una clase diferente a la de ellos, ya no hay
más lugar para el diálogo. A partir de allí, el lector capitalista o
pro capitalista deberá prepararse para escuchar una gran gama de
etiquetas combinadas con agresiones verbales, insultos (todos los
conocidos y por conocerse) y finalmente si se les da el tiempo
suficiente, llegarán a la agresión física. Necesitan poco para
violentarse porque llevan en sí el germen de la violencia.
Lo sepan o no, se llamen así o no, son marxistas, ya que estas eran
las características personales de Marx y fueron las personalidades
que el mismo Marx recomendó tener a sus discípulos para llevar a cabo
sus planes revolucionarios.

Cabe preguntarse, como me he preguntado y me sigo preguntando ¿qué
clase de mundo puede esperarse de individuos de estas peculiaridades
en caso de llegar a los gobiernos? Bien, en realidad la respuesta no
es en modo alguno complicada. La historia ya nos ha dado ejemplos
sobrados. Los más notorios fueron la URSS y sus países satélites,
incluyendo Alemania Oriental, la China comunista (hoy abandonando a
la fuerza y a regañadientes el comunismo marxista-maoísta y aceptado
pequeñas dosis de capitalismo para no desaparecer como sus pares
soviéticos antaño), Cuba y en menor grado y más recientemente la
Venezuela
de Chávez. Todos los casos mencionados desembocaron en

despiadadas tiranías, millones de muertes, hambre, miseria y pobreza.
Recurrentemente, todos los ensayos anti capitalistas terminaron en
resultados idénticos a estas fatídicas experiencias. Y todos estos
desastres, en el sagrado nombre de la equidad, la justicia social y
otros valores que sí tienen un significado preciso en un sistema y
filosofía capitalistas, pero que pierden cualquier significado en un
sistema anti capitalista.

Tras muchos intentos de acercarme a los anti capitalistas, no para
convencerlos de nada (atención amigo lector/a), sino a la inversa,
para que ellos me convenzan a mí de la verdad de su anti capitalismo,
solo obtuve como respuesta etiquetas, insultos y gritos ¿la razón?
Preguntarles el por qué de sus doctrinas de sus postulados, de sus
teorías, de este punto o de aquel otro. Nunca conseguí que ningún
anti capitalista me explicara serenamente nada. Y eso solo
limitándome a preguntarle. Pruebe el lector a contradecirles en algún
punto y prepararse para ir derecho al hospital.

No es de extrañar que con este material humano que compone el anti
capitalismo hayamos tenido campos de concentración y de exterminio
masivo, trabajos forzados y torturas en Siberia, China, Camboya,
Cuba, y pronto los habrá en Venezuela y en todos aquellos lugares
donde personas de estas características lleguen al poder.

Con los más tranquilos (mejor dicho, con los menos exaltados, que no
es lo mismo) el lector no llegará a ser agredido físicamente (en el
mejor de los casos), pero tampoco será posible diálogo alguno. En
general, son personas amables y de buenos modales, pero en lo
ideológico son absolutamente cerrados, poco permeables a ningún tipo
de apertura mental. Se mostrarán dispuestos al "intercambio" –según
sus propias palabras- pero en realidad, ellos desean ser sola y
exclusivamente oídos en sus largas letanías anti capitalistas en las
que el capitalismo "siempre" es el culpable de todos los males,
pestes, mal tiempo, etc (si se los deja hablar lo suficiente, pronto
los escucharemos culpar al capitalismo de las manchas solares y la
lluvia de meteoritos). ¿Ridículo? No lo creas amigo lector. En pleno
siglo XXI escucho y leo a gente que responsabiliza seriamente al
capitalismo de tifones, ciclones, tormentas y maremotos!! Y no es
chiste lo que digo. Y como si fuera poco, acusan al capitalismo de
cualquier fenómeno natural y lo hacen seriamente (o al menos con
gesto serio).


Volviendo pues a los anti capitalistas "moderados" -por llamarlos de
alguna manera-, no desean en el fondo –decíamos- intercambio de
ningún tipo. Es notorio que no escuchan y si se les indican lecturas
contrarias a sus prejuicios ideológicos, tampoco las leen. Así que,
amigo lector, visto desde donde se le mire, ya sea con los anti
capitalistas violentos o los anti capitalistas "pacíficos" (menos
violentos en rigor) es imposible tratar de intercambiar ninguna idea
y mucho menos posible lograr ningún tipo de acuerdo, ni siquiera de
uno o dos por ciento.


Se puede concluir fácilmente que lo dicho es la descripción más
exacta de lo que se conoce como dogmatismo, defectillo del que
curiosamente, los anti capitalistas acusan a todos los demás menos a
ellos (de paso, señalemos esta otra características del anti
capitalismo: Culpar a todo el mundo de sus propios defectos y caer en
forma recurrente en lo que se critica).



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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