VIERNES, 2 DE OCTUBRE DE 2015
Peña Nieto y el populismo

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“Hace bien Peña Nieto en enderezar su lanza contra el dragón del devastador populismo que campea hoy por el mundo entero, incluido México.”


Para un segmento de la comentocracia nada que diga o haga el Presidente de México es apropiado o correcto. Los críticos le han tundido de nuevo por su presunta fijación con el populismo al que volvió a aludir críticamente en su discurso ante la Asamblea General de la ONU hace unos días en Nueva York.

Le achacan haber iniciado una cruzada personal contra el demagogo tabasqueño, que no ha interrumpido su campaña presidencial desde que llegó a la jefatura de gobierno del DF hace quince años, y que está cometiendo el mismo error que Vicente Fox con el desafuero de López Obrador.

Lo mismo que me pareció de una torpeza monumental la persecución de AMLO por la vía judicial en el 2005, me parece apropiado y oportuno que Peña Nieto advierta hoy de los peligros que plantean “los nuevos populismos de izquierda y de derecha…” que han venido surgiendo en el mundo.

Hay que subrayar que el Presidente no ha hecho alusión alguna al demagogo, aunque el impresentable Martí Batres, gerente del partidito político que se inventó el tabasqueño, ni tardo ni perezoso, se puso el saco de la alusión presidencial sobre el populismo para decir que en Los Pinos le tenían pavor a su patrón.

Creo que el Presidente inició un buen debate público sobre populismos, que debe nutrirse del análisis detallado de las políticas que tales posiciones ofrecen y las fatales secuelas que conllevan para el bienestar de los ciudadanos que habrán de sufrirlas, así como los problemas que se derivan del “capitalismo de compadrazgo.”

Examinar la reforma tributaria que reveló hace unos días Donald Trump es un buen ejemplo. Él, que había propuesto elevar impuestos como nadie, se desdijo y hoy ofrece reducir las tasas impositivas que favorecen enormemente a los ricos y que dejan a los pobres y a las clases medias con rebajas modestas.

Su plan propone bajar la tasa máxima del impuesto sobre la renta en 37%, eliminar el impuesto sobre herencias de más de 5.4 millones de dólares y cancelar hoyos y deducibilidades del actual código, aunque no define cuáles. Este bodrio impositivo regresivo abatiría la recaudación en 1.2 billones de dólares anuales (trillion en EU), lo que tendría que compensarse con reducciones draconianas al gasto o más deuda.

¿Cómo va Trump a lograr el equilibrio ingreso/gasto con su plan? Aquí se inserta el pensamiento mágico populista y la engañifa trumpiana: eliminando desperdicio y corrupción (¿AMLO?), y conduciendo el sistema fiscal como él maneja sus empresas, ¡cuando ha recurrido a la quiebra cuatro veces para evitar pagar sus deudas!

Otras propuestas populistas fallidas vienen del nuevo líder del partido laborista británico Jeremy Corbyn, bajo la premisa errada que el sistema de libre mercado de su país ha fallado, cuando los problemas que persisten se deben a insuficiente competencia, a excesiva intromisión gubernamental o al capitalismo de compadrazgo.

Los planes de Corbyn, cuyas posibilidades de acceder al poder son por fortuna remotas, incluyen nacionalizar los ferrocarriles, la energía, la banca y el agua, sectores en los que se dan situaciones monopólicas u oligopólicas por una regulación fallida del gobierno, lo que eleva el precio de sus bienes y servicios.

A diferencia del nuevo Trump que ahora ofrece bajar impuestos, Corbyn plantea subirlos de manera colosal –asesorado por Thomas Piketty-, como si fuera sólo un juego redistributivo de suma cero, sin entender los potentes incentivos negativos que implica tal propuesta para la inversión y el crecimiento económico.

Promete también eliminar la autonomía del Banco de Inglaterra y recurrir a lo que él llama “expansión cuantitativa popular” para construir infraestructura.

Lo malo de estas pésimas ideas es que crean efectos demostración que inspiran a otros populistas a copiarlas. Hace bien Peña Nieto en enderezar su lanza contra el dragón del devastador populismo que campea hoy por el mundo entero, incluido México.

• Populismo

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