Pesos y contrapesos
Nov 4, 2015
Arturo Damm

Análisis económico del derecho: Narcotráfico (III)

Entre competir vía precio, calidad y servicio y combatir por medio de secuestros, torturas, asesinatos, hay una diferencia esencial: la que existe entre ganarle al competidor y exterminar al enemigo.

Entre prohibir la producción, distribución, oferta, demanda y consumo de drogas, y terminar con todo ello, se interpone la libertad de la persona, desde el productor de drogas hasta su consumidor, productores y consumidores que bien pueden, como de hecho sucede, decidir no respetar esas leyes que, por más buenas que sean las intenciones del legislador, resultan injustas e ineficaces.

Injustas porque violan la libertad de la persona para decidir si consume o no drogas, es decir, si se hace o no daño a sí misma, decisión que debe depender solamente de ella, quien debe hacer suyas las dos erres inseparables de la libertad: la del riesgo (de decidir mal) y la responsabilidad (enfrentar las consecuencias).

Ineficaces porque no solo no logran el fin buscado, terminar con la drogadicción, sino que, en primer lugar, inducen un aumento en la demanda y consumo de drogas y, en segundo término, ocasionan los delitos propios del narcotráfico: secuestros, torturas, asesinatos, etc., todo lo cual es consecuencia de que, por obra y gracia de la prohibición, los productores y oferentes de drogas no pueden competir en mercados legales, sino combatir al margen de los mismos. Y entre competir vía precio, calidad y servicio (como sucede con el alcohol y el tabaco), y combatir por medio de secuestros, torturas, asesinatos (como sucede con cualquier droga prohibida), hay una diferencia esencial: la que existe entre ganarle al competidor y exterminar al enemigo.

La prohibición resulta injusta e ineficaz, razones suficientes para ponerle fin, algo que muchos se rehúsan a aceptar por creer que una de las tareas del gobierno es ser ángel de la guarda, y como tal preservarnos de todos los males, comenzando por aquellos que podamos hacernos a nosotros mismos, siendo que la tarea esencial del gobierno es prohibir que violemos los derechos de los demás (que no es lo mismo que prohibir que le hagamos daño a los demás; la diferencia la explicaré en la última entrega de esta serie) y castigar a quien los viole.

Continuará.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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