VIERNES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2015
Peligra la unidad europea

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“El gran experimento europeo, que ha traído paz y prosperidad a un continente que parecía incapaz de vivir en armonía, se encuentra en peligro mortal y sin liderazgos macizos que defiendan su integridad y su futuro.”


El gran proyecto económico y político que representa la Unión Europea (UE) se halla en peligro no solo de detener su camino hacia una unión más perfecta sino de sufrir un fatal proceso de implosión que restaure fronteras nacionales inexpugnables y diluya el denso enjambre de instituciones supranacionales que hoy tiene.

La reciente crisis de refugiados escapando guerras civiles y pobreza, ahora sobre todo desde Siria, empezó a acelerarse en el verano y puso de manifiesto tensiones en los países de paso hacia Europa septentrional, sobre todo Alemania, en especial a partir del anuncio de su canciller Ángela Merkel que serían bienvenidos en su país.

Muy pronto Merkel tuvo que dar marcha atrás a esa invitación en blanco ante la creciente oposición de su propio partido de centro-derecha, con lo que se empieza a generar un creciente consenso contra los inmigrantes, lo que sólo se habrá de exacerbar a resultas de los ataques terroristas contra población indefensa en Paris.

La reacción del Presidente de Francia François Hollande fue la de ordenar el cierre de las fronteras de su país, lo que no pasa de ser un gesto retórico pues hace décadas que los controles migratorios fronterizos fueron desmantelados, mucho antes que se firmara la Convención de Schengen en 1990 formalizando el libre movimiento de personas en los territorios de las naciones firmantes.

Recuerdo que en el lejano verano de 1972 un grupo de amigos rentamos un coche en Paris para ir, primero, a Suiza y después a Italia, y cómo en cada caseta de control migratorio nos bajábamos a suplicarle a los somnolientos y sorprendidos agentes que sellaran nuestros pasaportes para acreditar que habíamos estado en sus países.

Como parte del cierre de fronteras anunciado por Hollande, se suspendieron las visas Schengen que los 26 países miembros de esa Convención expiden a ciudadanos de una larga lista de naciones, pero una vez que ingresaron a cualquiera de ellos de hecho tienen la misma libertad de tránsito de la que gozan sus ciudadanos.

Con los ríos de refugiados sirios, en las naciones Schengen en ruta hacia el norte se inició la erección de barreras para impedir su paso, primero, con alambre de púas, que ya se empiezan a convertir en murallas, por lo pronto en Hungría con un gobierno nacionalista de extrema derecha, pero también en Austria y Holanda.

Pero las barreras al movimiento de personas invariablemente inciden en la libertad de comercio, al imponerle costos al cruce fronterizo que antes no existían, lo que ocurre justo cuando el crecimiento en los flujos comerciales a nivel global, pero también entre países de la UE, se encuentra estancado desde 2008.

No es ocioso enfatizar que la principal fuente de crecimiento económico desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha sido el increíble aumento en los flujos comerciales, primero entre países como los de la UE que inician su integración, y eventualmente con naciones que finalmente renunciaron a su modelo proteccionista de crecimiento.

Si a los crecientes obstáculos al movimiento de personas y comercio se suma la crisis financiera que ha tensado la integración monetaria que creó el euro, que no se ha superado en forma definitiva, y la amenaza que algunos países miembros de la UE se vean forzados a abandonar esa alianza, como Grecia por razones económicas y el Reino Unidos por razones políticas, nos encontramos ante un escenario desolador.

En este contexto, se afirma la popularidad de líderes nacionalistas, aislacionistas y xenófobos, como Marie Le Pen en Francia o Jeremy Corbyn en el Reino Unido, populistas de signo ideológico opuesto pero feroces enemigos de la integración.

El gran experimento europeo, que ha traído paz y prosperidad sin precedente por más de medio siglo a un continente que parecía incapaz de vivir en armonía, se encuentra en peligro mortal y sin liderazgos macizos que defiendan su integridad y su futuro.

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