VIERNES, 11 DE DICIEMBRE DE 2015
Latinoamérica, 2016

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“La situación en los demás países de Iberoamérica es mucho peor de la correspondiente a México, a pesar de las ruidosas quejas de un segmento menor de nuestra sociedad.”


Asistí anteayer a una conferencia organizada por el Center for Hemispheric Policy de la Universidad de Miami para discutir las perspectivas en 2016 de ese barrio extraño que llamamos, erróneamente, Latinoamérica, nombre inventado por Napoleón III para que la América no anglosajona incluyera a Francia.

Me llamó la atención lo que mis colegas ponentes dijeron de nuestra Iberoamérica, su denominación correcta, y cómo la situación en los demás países es mucho peor de la correspondiente a México, a pesar de las ruidosas quejas de un segmento menor de nuestra sociedad.

Argentina, que ayer cruzó un Rubicón impensable con la asunción presidencial de Mauricio Macri, cuyo libro de cabecera es The Fountenhead, el manifiesto libertario de Ayn Rand, promete un cambio radical de las políticas gobernícolas de la familia Kirchner –el hijo de la pareja peronista fue elegido diputado-, pero con problemas graves en la transición a una economía de mercado.  

Colombia, uno de los países con mejor desempeño y gobierno en los últimos lustros al no haber caído en la tentación populista, enfrenta apuros financieros, por la caída en los precios del petróleo, y políticos, a partir de la inminente firma de paz con la guerrilla que demandará pingües recursos para atender las zonas conflictivas.

Perú, con un desempeño espectacular hasta hace dos años, hoy padece de magro crecimiento, presiones inflacionarias y de balanza de pagos, y un grave deterioro en la confianza de los inversionistas y en la imagen del gobierno, que no ha podido empujar reformas estructurales que consoliden su futuro.

El caso de Chile es paradigmático, con Michelle Bachelet en su segunda ocasión al mando, pero ahora lista a dinamitar las políticas económicas formuladas hace cuatro décadas que hicieron de Chile un país casi desarrollado y concitaron el respaldo de todos los gobiernos democráticos en ese lapso, incluido el primero de ella. Por fortuna, su intentona perdió aire por el escándalo aflige a su gobierno.

En Centroamérica y el Caribe hay casos de éxito económico, a pesar de los conflictos y violencia que enfrenta la zona por las organizaciones criminales que han echado raíces allí, en la medida que su avieso negocio se ha encarecido en México.

El caso que más me sorprendió fue el de Brasil: colapso económico, inflación y tasas de interés elevadísimas; desequilibrio fiscal del 10% del PIB; descenso de la deuda brasileña a niveles de “bonos chatarra”; juicio político a la Presidente Dilma Roussef y posibilidad arriba del 50% de su remoción; y negativas expectativas para el futuro.

Por contra, el resultado de la elección parlamentaria en Venezuela no me sorprendió, aunque al igual que a la ponente, me llamó la atención que el “gobierno” de Maduro acatara los resultados. Me temo, sin embargo, que en los días próximos habrá presiones crecientes del chavismo duro y de los patrones cubanos de Maduro para endurecer su posición frente a la oposición.

Los regímenes autoritarios en Bolivia y Ecuador están en aprietos ante el colapso del precio de sus exportaciones y la insolvencia de Venezuela, que pone fin a las transferencias a los países de esa entelequia delirante que creó Hugo Chávez, la Alianza Bolivariana de Naciones “Socialistas” de América (ALBA).

Ante este escenario de horror, la situación de México que yo presenté, es alentadora. Si bien el crecimiento es lento, en parte por el escaso dinamismo de nuestro principal socio comercial, dista de mucho de ser el colapso de otros. Hay una estabilidad de precios que no habíamos tenido en medio siglo, a pesar de la apreciación del dólar. Y nuestras reformas estructurales ofrecen un futuro promisorio.

La pésima noticia es que este fue el último evento de tan respetado think-tank, dirigido con gran talento desde hace una década por Susan Kaufman-Purcell y Susan Davis, veteranas del Council of the Americas de Nueva York, donde las conocí hace 25 años.

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