LUNES, 14 DE DICIEMBRE DE 2015
La CONASAMI y el GDF

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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“Los salarios mínimos como todo control de precios sólo provocan distorsión en la asignación de los recursos y eso atenta contra el crecimiento económico (que es lo que realmente detona el alza salarial).”


Politizar los precios significa enviar señales erróneas a los consumidores, señales erróneas a los productores, significa nuevas e ineficientes asignaciones de recursos, significa una vil mentira de que el gobierno desde un escritorio sabe cuál es el “precio justo”, el precio “exacto”. Los precios los formamos millones de consumidores y oferentes vía el intercambio libre y voluntario, no un burócrata desde un escritorio.

Tal es el caso del llamado salario mínimo, que finalmente es un precio (el precio de la mano de obra). En los últimos años, como la mayoría de las personas que forman parte de la Población Económicamente Activa ganan más que el salario mínimo, a los gobiernos de entidades como el Distrito Federal les ha dado por quererse colgar políticamente de dicho parámetro (el salario mínimo).

El salario mínimo en México hoy es un precio máximo (por abajo del precio de mercado) y quieren volverlo un precio mínimo (por encima del precio de mercado). Y para ello el gobierno de la capital pretende convencer a la Comisión Nacional de Salarios mínimos (CONASAMI) para que homologue las alzas salariales irresponsables que pretende imponer el GDF.

Y por supuesto, más de un analista se ha tragado el cuento sobre las “bondades” de esta medida.

En primer lugar, lo que el GDF pretende hacer es oportunismo político. ¿Quién en su sano juicio se opondría a que un trabajador gane más? Como siempre, no importa cómo, el punto principal es tomarle el pelo a los electores para que éstos crean que el gobierno puede por decreto aumentar los salarios, en especial el mínimo.

Ningún gobierno en el mundo ha podido aumentar los salarios reales por decreto. Lo único que han podido hacer es aumentar los salarios nominales. No olvidar que el salario real es el parámetro importante, jamás el salario nominal. Yo como gobierno puedo ordenar que los salarios suban de golpe un 30%, como en su momento lo hicieron los regímenes populistas de Echeverría y Portillo o como en su momento lo había venido realizando el desastroso y decadente régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Y luego, ¿qué sucede?

Resulta que la inflación supera el 50 y 60%, por lo que el salario real (el nominal descontando la inflación) en realidad tuvo una caída real de entre 20 y 30% (al 30% de aumento hay que restarle la inflación de 50 o 60%). Lo único que nos ofrecieron estos regímenes en materia salarial fue demagogia cuyo costo dejó en la miseria a millones de trabajadores.

Lo que importa es el salario real y cualquier alza debe ser precedida de aumentos importantes en la productividad y para que haya más productividad son fundamentales dos pilares: mayor inversión y calidad del capital humano. En México la escolaridad promedio ronda los ocho años (y eso es cantidad, la calidad ya sabemos que deja mucho que desear), la inversión respecto del PIB no supera el 22% y el gobierno quiere que haya alzas salariales importantes saltándonos (como si se pudiera) estas dos variables clave.

El gobierno, en particular el capitalino, habla de aumentar el salario mínimo hasta en 86 pesos, para de ahí llevarlo a 90, 100 y por qué no a 200 pesos y más. Nos dicen que sería paulatino y no de golpe, para no generar presiones inflacionarias. Algo sé de economía y no me trago esta vil mentirota electorera. Cualquier alza por encima de la productividad laboral sólo provoca inflación. Querer que el salario mínimo esté por encima del salario que paga el mercado (el salario real), es una aberración económica que terminaría causando desempleo entre los que menos ganan, y por supuesto, una mayor presión inflacionaria, aunque lo nieguen los defensores del salario mínimo.

Los países que tienen los salarios más altos no se lo deben a precios mínimos (lo que realmente es el salario mínimo) o a los sindicatos o a alzas salariales arbitrarias y generalizadas decretadas por los gobiernos. Los países que tienen salarios altos se lo deben a la alta productividad proveniente de aumentos significativos en la inversión privada, y por supuesto, a la alta escolaridad y calidad de su capital humano.

Los salarios deben ser resultado de la libre interacción en el mercado laboral de la oferta y la demanda por el factor trabajo; los salarios mínimos como todo control de precios sólo provocan distorsión en la asignación de los recursos y eso atenta contra el crecimiento económico (que es lo que realmente detona el alza salarial).

Por lo pronto, que se dejen de echar rollo en el gobierno de Mancera y que se dejen de grillas con la Conasimi.

• Cultura económica • Salario mínimo

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