VIERNES, 26 DE FEBRERO DE 2016
¿Vuelta en U en Chile?

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“A quienes empujan el regreso al pasado y a las políticas repetidamente fracasadas en el mundo entero, no les interesa en lo más mínimo eliminar la pobreza, su fin esencial es restaurar un Estado interventor y asistencialista que redistribuya la riqueza.”


En la reunión anual que organiza la Alianza de Álamos en ese pueblo mágico del estado de Sonora, se trataron temas muy interesantes, como todos los años, que ya habrá ocasión de tratar en detalle en entregas futuras, pero dos presentaciones sobre la situación económica y política en Chile me llamaron poderosamente la atención.

Vittorio Corbo, exgobernador del Banco de Chile, narró en su cátedra magistral lo que ha mejorado la situación de su país en todos los ámbitos, poniéndolo en el umbral del mundo desarrollado: hoy, el ingreso promedio de cada chileno se acerca al 50% del ingreso por habitante en EU cuando hace 40 años era de poco más del 20% mientras que, en el mismo lapso, la pobreza pasó del 56% al 7% de la población.

Sólo estos números –y Corbo mostró muchos más en su lúcida exposición– debieran ser razón suficiente para que Chile preserve las políticas económicas adoptadas hace cuatro décadas por Augusto Pinochet, y que en lo esencial fueron ratificadas por todos los gobiernos democráticos posteriores, incluyendo cuatro de centro-izquierda.

Sin embargo, en su excelente y apasionada presentación, el joven ideólogo liberal Axel Kaiser relató los cada vez más frecuentes y briosos ataques de los enemigos de la racionalidad económica para destrozar lo que ellos llaman el “modelo neoliberal chileno” y que hoy tienen el apoyo irrestricto de la Presidente Michelle Bachelet.

Estos ataques tienen su antecedente en las manifestaciones masivas que ocurrieron en 2011 durante la gestión de Sebastián Piñera, único Presidente de centro-derecha desde la restauración de la democracia, rechazando el sistema educativo vigente que es, sin la menor duda, el mejor de Latinoamérica, por promover la “desigualdad.”

Los estudiantes en protesta exigen una “educación pública y gratuita de calidad,” lo que es un oxímoron, y fueron apoyados por los sindicatos que desean restaurar sus privilegios y de paso darle una caladita al “reaccionario de Piñera,” uno de los más ricos empresarios de Chile, odiado a muerte por socialistas y populistas.

Esta revuelta dio lugar a una crítica radical de lo que ocurría por parte de un grupo variopinto de “intelectuales” de izquierda que publicó un texto con la aspiración de empujar al segundo gobierno de Bachelet a un drástico regreso a las políticas económicas colectivistas que sumieron a Chile en el desastre por muchas décadas.   

En su reciente libro “La tiranía de la igualdad” Kaiser hace un análisis detallado del texto citado, “El otro modelo,” exhibiendo su esencia populista y autoritaria y su frontal ataque al libre albedrío que en aras de la igualdad, propone un proyecto redistributivo en el que el Estado retoma las riendas del poder sin contrapeso alguno.

A quienes empujan el regreso al pasado y a las políticas repetidamente fracasadas en Chile y en el mundo entero, no les interesa en lo más mínimo eliminar la pobreza o alentar la diversificación y el más rápido crecimiento de la economía, su fin esencial es restaurar un Estado interventor y asistencialista que redistribuya la riqueza.

Para lograrlo, los socialistas aliados con la Presidente Bachelet, planean remplazar la Constitución de 1980 que dificulta trocar el modelo actual al exigir supermayorías legislativas, con un sistema electoral que dificulta alcanzarlas y un Tribunal autónomo encargado de preservar la integridad del mandato constitucional original.

Obviamente, el nuevo modelo económico y político que se pretende adoptar antepone la “rectoría del Estado” sobre los derechos de propiedad individuales y la defensa que el actual mandato constitucional hace de ellos, al subvertirlo y abrir la puerta para que el Estado determine quién puede hacer qué y confiscar propiedades a su antojo.

El éxito del modelo chileno radica en sus buenos resultados y en que su legitimidad fue avalada por todos los gobiernos democráticos, hasta hoy. ¿Qué pasó?

• Populismo • Socialismo • Pobreza y desigualdad • Intervencionismo • América Latina • Redistribución

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