LUNES, 21 DE MARZO DE 2016
Contaminación e impuestos correctivos (I)

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en ésta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“La contaminación es un buen ejemplo de externalidad negativa, definida como la consecuencia negativa, no intencional, de la conducta humana, por la cual quien perjudica no asume el costo.”


La contaminación es un buen ejemplo de externalidad negativa, definida como la consecuencia negativa, no intencional, de la conducta humana, por la cual quien perjudica no asume el costo.

Cuando nos subimos al coche y transitamos por la ciudad no tenemos la intención de contaminar sino de llegar a algún sitio. Pero la consecuencia de esa conducta es, entre otras (pienso por ejemplo en el tráfico), la contaminación, que perjudica a todos (nosotros incluidos), y por la cual no asumimos el costo: perjudicamos sin enfrentar la responsabilidad por el daño causado. Se trata de una externalidad negativa, que no es ni delito (la intención no es dañar a alguien en su vida, libertad o propiedades), ni accidente (no se trata de un evento fortuito cuyas consecuencias no conocemos sino de una conducta regular de cuyos efectos sí tenemos noticia).

Con relación a las externalidades negativas existen tres posibilidades: eliminarlas, reducirlas o hacer que quien perjudique pague. En el caso de la contaminación, ¿qué supondría cada una de estas posibilidades? Eliminarla supondría, o prohibir el uso de vehículos con motores de combustión interna, o sustituirlos por vehículos cuyos motores funcionen con otro tipo de energía, distinta de la proveniente del petróleo. Reducirla supondría, por ejemplo, prohibir, algunos días de la semana, la circulación de un determinado porcentaje del parque vehicular. Hacer que quien la genera asuma el costo supondría (esta es la propuesta más socorrida) cobrar un impuesto especial (impuesto verde le llaman algunos) a la compra de gasolinas, impuesto que, al aumentar el precio del combustible, y dada la ley de la demanda (ceteris paribus, a mayor precio menor cantidad demandada), generaría una menor compra de gasolina, lo cual ocasionaría un menor uso del automóvil, lo cual reduciría la contaminación. Con este impuesto, ¡si realmente tiene los efectos esperados!, se logra un doble objetivo. Primero: quien contamina paga. Segundo: se reduce el uso del automóvil y, ceteris paribus, la contaminación.

Así las cosas, ante las contingencias ambientales, ¿que se cobre el impuesto verde?

Continuará.

• Externalidades / bienes públicos

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