JUEVES, 7 DE ABRIL DE 2016
Cambios institucionales

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“Entre mayor sea el grado de competencia, menor es la incidencia de pobreza y mayor la equidad en la distribución del ingreso.”


Grandes fortunas privadas se han acumulado al amparo del poder político bajo diferentes modalidades: concesiones monopólicas de explotación, subsidios a la acumulación de capital, contratos de obras públicas y de proveeduría amañadas, con actos de corrupción y con conflicto de intereses, etcétera. México se ha caracterizado a lo largo de su historia por lo que podríamos denominar capitalismo de compadrazgo (o su equivalente en inglés "crony capitalism"). El costo ha sido sin lugar a dudas enorme, tanto en cuanto a crecimiento económico como en cuanto a pobreza y distribución de la riqueza y del ingreso. Haberse desarrollado bajo un sistema de privilegios obtenidos al amparo del poder, un arreglo institucional diseñado para la búsqueda y apropiación de rentas, ha derivado en un menor nivel de bienestar para la población en su conjunto. Es esto lo que explica, en gran medida, porqué México es un país con bajos niveles de desarrollo, con casi la mitad de la población viviendo en condiciones de pobreza y con una de las distribuciones de la riqueza y del ingreso más inequitativas del mundo.

Para lograr mayores tasas de crecimiento, abatir significativamente la pobreza y hacer más equitativa la distribución de la riqueza y del ingreso es indispensable moverse hacia un arreglo institucional más eficiente y vencer las resistencias que existen. Por cuestiones de espacio, me concentro en tres.

Primero, es indispensable aprobar un paquete legislativo integral y coherente del Sistema Nacional Anticorrupción. Grandes fortunas, tanto de servidores públicos como de empresarios privados se han acumulado por no haber tenido un esquema transparente de contratos públicos. Es necesario tener un arreglo institucional en el cual exista absoluta transparencia y rendición de cuentas, uno en donde los sujetos obligados sean tanto los funcionarios públicos como los agentes económicos privados.

Segundo, una profunda desregulación de los mercados. En la actualidad existen enormes barreras regulatorias de entrada y salida de los mercados, tanto de bienes y servicios como de los factores de la producción. La existencia de una regulación excesiva e ineficiente tiene muchos efectos negativos entre los que destacan la alta tasa de informalidad con los consecuentes bajos niveles de productividad y de salarios (un lastre para el crecimiento económico), una pérdida de ingresos tributarios y de contribuciones al sistema de seguridad social y la extorsión que pueden ejercer los funcionarios públicos sobre las empresas privadas, actos de corrupción que tienen que ser perseguidos bajo el paraguas del SNA.

Tercero, ligado con lo anterior, es indispensable transitar hacia mercados en los que impere una mayor competencia. Concesiones monopólicas de explotación, prácticas monopólicas absolutas o relativas, así como altas barreras regulatorias de entrada a los mercados derivan en un menor nivel de bienestar de los consumidores al enfrentar mayores precios y una menor calidad de los bienes y servicios. La evidencia internacional al respecto es clara: entre mayor sea el grado de competencia en los mercados, mayor es el bienestar de los consumidores y mayor tenderá a ser el crecimiento económico. Más aún, entre mayor sea el grado de competencia, menor es la incidencia de pobreza y mayor la equidad en la distribución del ingreso.

México, su población, no puede darse el lujo de mantener un arreglo institucional caracterizado por la corrupción, la apropiación de rentas y altos costos de transacción. La ventana de oportunidad demográfica está por terminar y si no empezamos a crecer a tasas altas y sostenidas, habremos fracasado como nación para dotar a sus habitantes de elevados niveles de bienestar.

• Reformas estructurales • Regulación • Corrupción

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