LUNES, 11 DE ABRIL DE 2016
El peligroso desconocimiento de la ley de la oferta y la demanda

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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“Si alguien piensa que Uber se excedió, que sea el mercado el que castigue a la empresa con una menor demanda por sus servicios, y no vía la arbitraria y demagógica intervención gubernamental.”


El sistema de precios en la economía juega un papel crucial en la asignación eficiente de recursos. Si un bien es escaso, o muchas personas lo demandan, la señal correcta es que suban los precios. Si algo es rentable, es el mismísimo mercado, mediante el sistema precios, el que señaliza si es correcto producir más de dicho bien. Si no es rentable, los precios se desploman y la decisión correcta es producir menos.

El alza o baja de precios dicta la conducta de millones de consumidores y productores. Si algo es escaso y caro, la señal que se me está dando, a través de los precios, es de racionalizar mi consumo, de cuidar más el uso de dicho bien, de buscar sustitutos o de plano de dejar de comprar dicha mercancía. Esta actuación de libertad es la mejor estrategia para que el precio alto se desplome. ¿Por qué recordamos esta lección básica de economía? Porque la semana pasada tanto en las redes sociales como en el Gobierno del Distrito Federal (GDF) salieron numerosos orates en materia económica.

Ante la terquedad -ingenuidad- de las autoridades de creer que basta con que no circulen un buen porcentaje de automóviles (alrededor del 40% del parque vehicular dejó de circular con la locura de la fase I de la contingencia ambiental) para que la contaminación disminuya, al gobierno se le olvidó un pequeño detalle; el hecho de que se obligue a una buena parte de los particulares a no circular en coche, no quiere decir que éstos se quedarán en casa a descansar, tienen que ir a sus centros de trabajo o de estudio. Y claro, se colapsó el trasporte público (metro, metrobús y autobuses de pasajeros) y servicios como Uber tuvieron que incrementar sus precios, incluso esto lo hicieron algunos taxistas controlados por el gobierno. 

La razón es sencilla y es lo que la gente con frecuencia olvida. El aumento en la demanda de cualquier bien provoca que el oferente tenga que dedicar más horas a producir dicho bien y para ello necesita de más insumos, más trabajadores, más tiempo de funcionamiento de la planta y/o fábrica y de más unidades disponibles y escasas (el caso de Uber, que al ser autos particulares también les pega el Hoy no circula y por tanto deben ingeniárselas para tratar de cubrir la demanda con menos autos disponibles y mayor uso de gasolina), lo que obliga a los productores, oferentes o vendedores a tener que incrementar el precio. Asimismo, dada la emergencia, hay personas dispuestas a pagar más con tal de conseguir el bien o servicio escaso. Así de sencillo. Y esto desafortunadamente no lo entiende –o de plano ignora- mucha gente, a tal grado que en las redes sociales muchos usuarios querían “linchar” a Uber, y claro, el gobierno de Mancera no podía quedarse quietecito y sin hacer sandeces económicas (a las que ya estamos acostumbrados los capitalinos, dada la tremenda ignorancia económica de Mancera y sus asesores), por lo que se unió a la presión para exigir, amenazar y forzar a Uber a que bajara sus tarifas e incluso se le obligó a devolver parte de las tarifas cobradas a usuarios, so pena de someterla a las onerosas regulaciones de precios del gobierno. Vaya chantaje moral e ilegal.

Uber no obliga ni le cobra por sorpresa a nadie, simplemente es el mercado, la oferta y la demanda las que interactúan (por cierto lo hace a través de un logaritmo que localiza la escasez relativa del servicio, el lector debería leer a Carlos Mota en su muy buen artículo Aplausos a Uber por lección de capitalismo) y por tanto no es un asunto de capricho, como muchos ignorantes creen. Si alguien piensa que Uber se excedió, que sea el mercado el que castigue a la empresa con una menor demanda por sus servicios, y no vía la arbitraria y demagógica intervención gubernamental de “controlar” y/o “regular” los precios. Es más, si el gobierno quisiera “defender” a los gobernados, lo que sí debería hacer es presionar por que entren más empresas tipo Uber al mercado para que ante cualquier emergencia o contingencia la escasez de trasporte sea menor y los precios no suban de manera abrupta. 

Lo malo es que el mismo gobierno no quiere más autos circulando y sigue con las sandeces del Hoy no circula, así las cosas, los capitalinos estamos fritos. 

Y de risa, no circulan más coches, y la contaminación no cede. Por eso señalamos en un artículo anterior que hay momentos en que es mejor no hacer nada en materia de políticas públicas, pues la intervención gubernamental sólo empeora los problemas de la ciudad, en especial en esta época de calor en que las acciones del gobierno nada pueden hacer con la acumulación de ozono. El gobierno sólo debe limitarse a advertirle a las personas sobre los riesgos de realizar actividades físicas y no seguir con sus planes estúpidos de contingencia que no sólo no aminoran los contaminantes, sino que por el contrario, sólo generan costos enormes para los particulares, colapsan el transporte público (irónico, esto contribuye con más contaminación al ambiente), y podrían provocar desabasto de alimentos si arbitrariamente y de sorpresa se les impide la entrada a la Ciudad de México a los transportistas con placas federales.

En un futuro cercano, ciertamente todo transportista con placa federal o local deberá sujetarse a las normas de verificación vehicular de los demás coches particulares, pero esto se debe hacer diseñando un calendario ordenado para que los responsables de estas unidades tengan el tiempo suficiente para hacer los cambios y/o ajustes en sus motores, no de la manera intempestiva como lo hizo el gobierno torpe la semana pasada.

Y ojo con querer jugar con los precios, ahí está el irresponsable gobierno de Mancera queriendo controlar los servicios de empresas como Uber. Si prosigue con el abuso sólo provocará que no crezca el servicio, o peor aún, que la empresa salga del mercado (para beneplácito de los taxis convencionales, ¿no será esto un pretexto para proteger a los taxistas por parte del gobierno?).

Le recuerdo esto al licenciado Mancera:

Politizar los precios significa enviar señales erróneas a los consumidores, señales erróneas a los productores, significa nuevas e ineficientes asignaciones de recursos, significa una vil mentira de que el gobierno desde un escritorio sabe cuál es el precio “justo”, el precio “exacto”. Los precios los formamos millones de consumidores y oferentes vía el intercambio libre y voluntario, no un burócrata desde un escritorio (y ojo, esto también aplica a la oferta y demanda de trabajo, aunque algunos marxistas se nieguen a ver esta cruda realidad).

Politizar, manipular precios es propio de las dictaduras socialistas, esas de planificación central que férreamente controlan los precios, deciden quién consume y quién no, quién produce y quién no. Impedir que el sistema de precios funcione trae como consecuencias escasez, y a veces hasta espantosas hambrunas. Pregúntenle a los chinos gobernados por Mao, a los rusos gobernados por Stalin, y actualmente a los cubanos gobernados por la gerontocracia de los hermanos Castro o a los venezolanos gobernados por Maduro.

Controlar precios es pura demagogia por parte de los gobernantes.

• Cultura económica • Control de precios • Demagogia

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